A menudo subestimamos la magnitud y la velocidad de los cambios que se produjeron en el siglo XX. Oleada tras oleada de descubrimientos científicos y avances tecnológicos ha transformado muchos aspectos de nuestra vida cotidiana y laboral. Al adentrarnos en la era digital, es nuestra responsabilidad como líderes empresariales navegar estos cambios con integridad y ofrecer un liderazgo positivo y eficaz mientras el panorama empresarial adquiere una nueva forma.
Actualmente, muchos empleos implican largos desplazamientos, trabajo físico pesado o salarios bajos, y ofrecen pocas oportunidades de desarrollo profesional o realización personal. Pero ¿y si todo eso pudiera cambiar? La era digital creará la oportunidad de reinventar el trabajo y el lugar de trabajo.
La conectividad es un subproducto de la tecnología. Da lugar a un espacio de trabajo más inclusivo y brinda a los compañeros la oportunidad de colaborar pese a las distancias y los océanos que los separan. La era digital nos permite trabajar desde cualquier lugar y en cualquier momento, y desempeña un papel fundamental en el equilibrio entre el trabajo y la vida familiar. Ahora es perfectamente posible cambiar los largos desplazamientos a la oficina por esos momentos valiosos en los que podemos llevar a nuestros hijos a la escuela y seguir conectados durante una jornada laboral completa.
Aunque estamos mejorando nuestros estilos de vida en algunos aspectos, muchos nos sentimos inquietos ante cambios tan trascendentales y rápidos. Hemos visto en las noticias ejemplos de empresas que han automatizado tareas intensivas en mano de obra y, como resultado, han reducido su plantilla. Es natural preguntarse si nuestros empleos están en riesgo.
Es imposible predecir el futuro, pero podemos mirar al pasado en busca de similitudes que quizá indiquen hacia dónde nos dirigimos. La Revolución Industrial de la década de 1900 trajo nuevas tecnologías y distintas formas de trabajar. Muchos trabajadores cualificados se encontraron reemplazados por máquinas.
Aunque durante esta transición hubo desplazamientos laborales, la situación creó una oportunidad de acceder a una educación que antes no estaba al alcance de los trabajadores agrícolas de las zonas rurales, e impulsó la adquisición de un conjunto completamente nuevo de habilidades necesarias para manejar la maquinaria moderna de entonces.
Sin duda, afrontaremos nuestras propias consecuencias para la fuerza laboral a medida que avance esta Revolución Digital. Pero, si la historia nos sirve de guía, los líderes empresariales deben considerar qué conjuntos de habilidades serán más ventajosos y ayudar después a sus empleados a desarrollarlas.
Personas potenciadas y un liderazgo más humano
La tecnología democratiza las capacidades humanas, tanto físicas como intelectuales. Quizá podamos delegar en máquinas y robots las tareas intensivas en mano de obra o muy analíticas. Es probable que usemos tecnologías digitales como la inteligencia artificial y el aprendizaje automático para potenciar las habilidades, el talento y el rendimiento de nuestro personal.
En algunos sectores y mercados, la falta de competencias informáticas ya está frenando la transformación digital. Muchos gobiernos y empleadores, entre ellos BT, animan activamente a los jóvenes a estudiar ciencias, matemáticas e ingeniería para ampliar el grupo de futuros candidatos.
También podemos ampliar la cantera de talento atrayendo a más mujeres al sector tecnológico. Actualmente, las mujeres están muy infrarrepresentadas en el ámbito tecnológico mundial: apenas el 24 % de la fuerza laboral de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) es femenina, según el informe del Foro Económico Mundial, La brecha de género en la industria.
Los puestos siempre deben asignarse a la persona mejor cualificada, pero es importante no pasar por alto las valiosas diferencias entre hombres y mujeres, así como el espacio en el que la diversidad de pensamiento y de enfoques fomenta la creatividad y la innovación. Aunque no necesitamos que todo el mundo sea ingeniero de software, sí necesitamos empleados capaces de aprender, compartir, conectar ideas y entablar buenas relaciones con colegas dentro y fuera de la organización. Igual de importante es contar con empleados que comprendan cómo interactúan la tecnología y la sociedad para impulsar el progreso de todas las partes interesadas.
Si necesitamos empleados capaces de hacer todo eso, también necesitamos líderes a la altura. Tendremos que aprender nuevas formas de liderar: cómo gestionar con éxito a personas que no están sentadas en la oficina a la vista; cómo medir y recompensar el desempeño en un lugar de trabajo virtual, y cómo conectar virtualmente conjuntos diversos de habilidades que permitan obtener resultados óptimos.
Como señala el profesor Klaus Schwab: «Necesitamos líderes con inteligencia emocional, capaces de dar ejemplo y promover el trabajo colaborativo. Guiarán y formarán, en lugar de dar órdenes; actuarán movidos por la empatía, no por el ego. La revolución digital necesita un tipo de liderazgo diferente y más humano».



