Cómo construir un futuro inclusivo en la era de la IA

New recruit "Pepper" the robot, a humanoid robot designed to welcome and take care of visitors and patients, holds the hand of a new born baby at AZ Damiaan hospital in Ostend, Belgium June 16, 2016. REUTERS/Francois Lenoir TPX IMAGES OF THE DAY - RTX2GKG4
'We must achieve a kind of symbiosis between minds and machines'Image: REUTERS/Francois Lenoir
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En 1996, cuando era estudiante de posgrado en el Logic Group de Stanford, escribí mi tesis doctoral sobre inteligencia artificial (IA), titulada Integración de procedimientos especializados en sistemas de demostración. He seguido estudiando la IA durante la mayor parte de mi vida adulta, profundamente influido por grandes pensadores de todos los tiempos: McCarthy, Minsky, Kay, Sutherland, y muchos más. Para quienes llevamos muchos años estudiando este tema en profundidad, las aplicaciones de la IA que vemos hoy apenas empiezan a rozar todo lo que es posible. Aunque las aplicaciones son cada vez más sofisticadas —desde la detección del fraude hasta los vehículos autónomos, y desde la gestión del conocimiento hasta el procesamiento del lenguaje natural—, aún estamos muy lejos de la «sociedad de la mente» de Marvin Minsky.

Infosys revela en su investigación más reciente que la mayoría de las grandes empresas ya están desplegando tecnologías de IA o tienen previsto hacerlo. Las empresas esperan que estas tecnologías provoquen disrupciones y, con ellas, crecimiento y oportunidades para ellas mismas, sus empleados, sus clientes y otras partes interesadas. Sin embargo, para muchas, la posibilidad de un cambio disruptivo también genera miedo e incertidumbre. A esto se suma la incertidumbre provocada por acontecimientos geopolíticos turbulentos: el Brexit, las elecciones presidenciales de Estados Unidos, la desmonetización en India, la ciberseguridad, la crisis de los refugiados, el terrorismo global y otros más.

En este entorno incierto, no sorprende que los empleados se preocupen por el futuro de sus puestos de trabajo y por su privacidad. Estas inquietudes persisten pese a los intentos de los empleadores por abordarlas (el 80 % de las empresas que encuestamos prevé recapacitar y reasignar a los empleados afectados, y muchas afirman que consideran cuidadosamente la ética y la privacidad y protección de datos como parte de sus iniciativas de IA).

Como cada disrupción tecnológica anterior, la provocada por la IA también avanzará a una velocidad y tendrá un alcance hasta ahora desconocidos en la historia de la humanidad. Y, como hemos hecho muchas veces antes, los seres humanos también debemos desarrollar nuestras capacidades y herramientas y avanzar junto con ella. Debemos lograr una especie de simbiosis entre las mentes y las máquinas, en la que estas amplifiquen y hagan realidad los pensamientos y las ideas del cerebro humano, y lo liberen de tareas cognitivas rutinarias y repetitivas. Así liberado, el cerebro podrá hacer cosas que ninguna IA hará jamás: por ejemplo, ver lo que no está ahí e imaginar lo que podría llegar a ser.

Las personas tienen derecho a preocuparse por el uso irresponsable de la tecnología, y los líderes tienen la oportunidad —y, de hecho, el deber— de aliviar esos temores mediante la empatía, la acción, la educación y la comunicación. Durante la reciente reunión del Consejo del Futuro Global sobre IA y Robótica del Foro Económico Mundial, celebrada en los Emiratos Árabes Unidos, mis colegas de la comunidad de IA y yo identificamos cuatro ámbitos fundamentales en los que los líderes deben actuar ahora para dar forma a un futuro inclusivo y seguro:

  • Educación: Debemos reorientar nuestro sistema educativo hacia programas escalables de aprendizaje personalizado. Todas las personas deberían tener conocimientos digitales básicos para disipar el temor a tecnologías como la IA y permitir que cualquiera pueda crear y utilizar estos sistemas. Este aprendizaje debe continuar a lo largo de toda la vida, mucho más allá de las aulas tradicionales, con el apoyo de los lugares de trabajo y las instituciones.

  • Empleo: La educación permitirá contar con una fuerza laboral más adaptable y perfeccionar las competencias necesarias para las profesiones del futuro, que exigirán creatividad, flexibilidad, agilidad, espíritu emprendedor y más. Debemos adoptar una perspectiva integral y centrarnos en crear estos nuevos empleos, así como en democratizar las competencias necesarias para desempeñarlos, como parte de cada proyecto de IA.

  • Atención sanitaria: La IA permitirá una transformación profunda de la atención sanitaria al ampliar las capacidades tanto de la mente como del cuerpo. También nos permitirá abordar problemas a escala mundial y nos dará herramientas para avanzar en algunos de los retos más complejos de la salud y el bienestar.

  • Ética: A menudo, la ética y los valores quedan relegados en la prisa por aprovechar las nuevas capacidades. Debemos prestar atención a cómo los cambios disruptivos afectarán gravemente a vidas y personas reales, y trabajar para preservar la dignidad y la integridad humanas durante todo el proceso. Parte de esto surgirá de forma natural, pero otros aspectos —como un código moral para los ingenieros que crearán los sistemas de IA del futuro— deben plantearse y formularse deliberadamente.

El camino hacia 2020 será importante no solo por el desarrollo de tecnologías relacionadas con la IA, sino también por las estrategias que regirán nuestra interacción con ella durante los años venideros. Como líderes, tenemos la responsabilidad de replantear la educación, el empleo y los marcos sociales, y de trabajar con empeño para que todos nos acompañen en esta nueva realidad. La oportunidad de trascender los límites de nuestra imaginación con tecnologías como la IA es casi ilimitada, y es natural sentir temor ante ello. Pero sería una gran tragedia permitir que el miedo y la negatividad eclipsen el enorme potencial que tenemos ante nosotros para impulsar, con propósito y humanidad, el progreso de la especie humana.

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