La humildad es la última insignia de virtud para quienes ocupan puestos de influencia. Desde políticos, pasando por directivos, hasta artistas que encabezan las listas de éxitos.
La idea de un humilde CEO supone una ruptura romántica con el héroe empresarial codicioso y egoísta. En cambio, ante la adversidad, los CEO humildes sacrifican sus propios intereses por el bien común.
Los estudios confirman la intuición de que los líderes humildes son más modestos, emocionalmente estables y ávidos de aprender. Como era de esperar, es menos probable que exhiban rasgos de autoengrandecimiento como el narcisismo.
Quizá el hallazgo más revelador sea que las empresas y los equipos dirigidos por personas más humildes obtienen mejores resultados. Pero, aunque la humildad beneficia a las empresas, a los CEO les resulta extremadamente difícil ser genuinamente humildes.
El éxito acaba con la humildad
Una fortaleza distintiva de los líderes humildes es la autoconciencia: confianza en sus capacidades junto con una valoración precisa de sus limitaciones. Sin embargo, las personas suelen sobreestimar sus virtudes y subestimar sus limitaciones.
Por ejemplo, un hallazgo recurrente de las investigaciones es que las personas creen que son mejores que la media. Más inteligentes, más atractivas e incluso mejores conductores. Los CEO no son una excepción, de hecho, quizá corran aún más riesgo de sobreestimar sus fortalezas.
Una razón clave es que los CEO tienen mucha confianza en sí mismos, como consecuencia de su éxito profesional. Tanto si ascienden por la jerarquía corporativa como si un CEO famoso es incorporado de improviso, habrán logrado superar a otras personas seguras de sí mismas y capaces para conseguir el puesto.
La confianza que se adquiere con el éxito profesional es importante para dirigir una organización. Sin embargo, el éxito es un arma de doble filo. La misma sucesión de triunfos profesionales puede llevar a los CEO a sobrevalorar sus fortalezas sin atribuir a otros factores, como la suerte, parte de sus logros.
Ese exceso de confianza puede incluso perjudicar a las organizaciones. Los estudios muestran que los CEO que sobreestiman sus capacidades tienden a pagar de más por adquisiciones, asumir riesgos innecesarios, lanzar más productos nuevos sin éxito y presentar un desempeño empresarial más volátil.
Actuar «como un CEO»
Si ya es raro encontrar candidatos a CEO genuinamente humildes, examinar los perfiles de personalidad de quienes aspiran a serlo complica aún más las cosas.
Las investigaciones muestran que ciertos empleos atraen a personas con personalidades específicas. A su vez, los reclutadores se basan en juicios, a menudo subjetivos, sobre cómo encajará la personalidad de un candidato con el puesto y la organización.
Los CEO suelen obtener puntuaciones más altas que la población general en atributos de personalidad como la orientación al logro, la ambición, la asertividad y la preferencia por el riesgo. Las personas con algunos de estos rasgos, o con una combinación de ellos, pueden ser particularmente hábiles para fingir que cumplen los criterios ideales para un puesto específico.
Por ejemplo, los estudios muestran que las personas narcisistas son especialmente hábiles para parecer carismáticas a primera vista. El carisma, a su vez, se ha considerado durante mucho tiempo una cualidad deseable en los CEO. Por ello, los CEO percibidos como carismáticos reciben salarios más altos.
Así, la humildad genuina podría ser un rasgo de personalidad escaso entre los candidatos a puestos de CEO.
Obstáculos para liderar con humildad
Los CEO humildes hacen hincapié en que el liderazgo es una actividad compartida y buscan activamente consejo de otras personas. Aunque esto puede funcionar en decisiones más meditadas y analíticas, quizá se haga a costa de la rapidez.
Las empresas de alto rendimiento suelen caracterizarse por su capacidad para tomar decisiones rápidamente. De hecho, algunos indicios sugieren que los CEO más narcisistas podrían decidir con mayor rapidez, por ejemplo, sobre la adopción de nuevas tecnologías.
También se espera que los CEO proporcionen previsiones precisas sobre un futuro incierto. Sin embargo, ante la incertidumbre, los directivos suelen adoptar un comportamiento gregario y las empresas a menudo terminan imitándose unas a otras. Gracias a su autoconciencia, cabe esperar que los CEO humildes formulen expectativas más realistas, que quizá se aparten del optimismo excesivo colectivo.
Sin embargo, los analistas suelen valorar más favorablemente las previsiones optimistas. Por tanto, los CEO humildes pueden ser penalizados por comunicar previsiones más conservadoras, aunque sean más realistas.
Algunas investigaciones sugieren que los profesionales destacados podrían adquirir más autoconciencia en las etapas posteriores de su carrera. Si es así, algunos CEO podrían volverse más humildes al acercarse a la jubilación.
Sin embargo, los supuestos beneficios de la edad y la experiencia pueden verse contrarrestados por otras tendencias que surgen en las etapas posteriores de la carrera. Por ejemplo, los CEO cercanos a la jubilación tienden naturalmente a reducir las inversiones en innovación y quienes llevan más tiempo en el cargo tienden a ser excesivamente reacios al cambio.
Dotar a las organizaciones de los atributos de liderazgo adecuados es crucial para el éxito. La humildad es un bien valioso, pero escaso, en la alta dirección.
A los CEO les resulta difícil seguir siendo genuinamente humildes a medida que alcanzan niveles cada vez mayores de éxito. A su vez, quienes son humildes de manera auténtica se enfrentan a desafíos específicos que pueden pesar más que los beneficios de su humildad.
La humildad corre el riesgo de convertirse en la última palabra de moda en liderazgo. Sin embargo, las organizaciones que logren encontrar un CEO auténticamente humilde quizá obtengan una ventaja.


