Ante el vertiginoso ritmo de la transformación digital, las tecnologías emergentes y las tendencias socioeconómicas que cambian rápidamente, ¿cómo pueden las organizaciones mantenerse al día? Quizá una pregunta mejor sea: ¿qué necesitan para prosperar en el futuro?
Por supuesto, nadie sabe realmente con certeza qué nos depara el futuro. Pero podemos entender qué se necesita para tener éxito mañana gracias a las ideas de los evolucionistas y los futuristas de hoy.
Darwin: «No son las especies más fuertes las que sobreviven, ni las más inteligentes. Sobrevive la que mejor se adapta al cambio».
El futurista Jack Uldrich: «Los nuevos avances tecnológicos dan lugar cada día a descubrimientos apasionantes. Pero, en esta nueva realidad, a menudo se pasa por alto que las organizaciones deben desaprender conocimientos antiguos y obsoletos y formas de hacer negocios anticuadas antes de poder aprovechar las oportunidades del mañana».
El futurista y filósofo Alvin Toffler: «Los analfabetos del siglo XXI no serán quienes no sepan leer y escribir, sino quienes no puedan aprender, desaprender y volver a aprender».
El hilo conductor es el énfasis en desaprender.
Por qué desaprender es clave… y por qué cuesta
Al repasar la historia de la tecnología, cabe señalar que los lenguajes de programación han evolucionado a lo largo de las décadas y que, según el último recuento, se habían creado más de 2.500 desde el FORTRAN de IBM en 1957. Aunque solo hay unos pocos lenguajes principales, los programadores exitosos se mantienen constantemente a la vanguardia desaprendiendo código obsoleto para poder aprender y escribir con las herramientas más novedosas y avanzadas.
Es una analogía adecuada de lo que las empresas deben hacer hoy: no solo mantener sus puertas abiertas en un mundo que cambia rápidamente, sino también ganar terreno frente a la competencia. De hecho, en India, prácticamente todas las empresas tecnológicas dedican muchos recursos y atención a la capacitación y adquisición de nuevas habilidades de su plantilla. Esto responde a un temor regional muy extendido y arraigado: que su empresa quede obsoleta en medio de los rápidos cambios tecnológicos.
Por desgracia, la «adhesión» del conocimiento es un gran obstáculo para desaprender. Pensemos que la mayoría de nosotros, como individuos, abordamos el aprendizaje con energía y pasión (al menos cuando no es algo impuesto y se trata de un tema que realmente queremos aprender). Una vez que hemos aprendido algo bien, tendemos a aferrarnos a ello y a aplicar a diario los hábitos asociados con lo aprendido.
Lo mismo puede decirse de las organizaciones. La dirección ejecutiva lleva el timón basándose en lo aprendido, y la gerencia aprovecha las fortalezas adquiridas, crea procesos en torno a ellas y adopta y conserva tecnologías que le resultan cómodas. Durante un tiempo, mientras lo aprendido por la organización ayude a satisfacer una necesidad y a crear productos y servicios de valor, todo marcha bien.
Pero la vida cambia rápido. Las organizaciones que no se adapten a los rápidos cambios en los ámbitos tecnológico, de consumo, económico y social corren el riesgo de quedarse atrás y fracasar.
La buena noticia es que desaprender no significa necesariamente tirar por la borda todo lo que te ha funcionado en el pasado (aunque puede que sí en algunos ámbitos). Simplemente significa que tu equipo debe estar abierto a distintas formas de hacer las cosas, libre de las ideas antiguas que pueden actuar como un filtro sucio y obstruir el flujo de adaptabilidad de la organización.
No basta con desaprender: hay que hacerlo con agilidad
Por supuesto, todos hemos oído hablar de la ley de Moore, popularizada a mediados de los años setenta, que planteaba que el número de transistores se duplicaría cada dos años; desde entonces, muchos la han aplicado a la tecnología en general. Pero, para encontrar una teoría más precisa y moderna, podemos recurrir a la ley de rendimientos acelerados de Ray Kurzweil. Según su análisis, en los próximos 100 años no viviremos 100 años de progreso: al ritmo actual, ¡viviremos 20.000 años de progreso!
Sea cual sea el análisis que consultemos, el futuro cambiará muy, muy rápido. Para seguir el ritmo hará falta algo más que adaptabilidad: también agilidad.
A menudo oímos aplicar la palabra agilidad a la tecnología. Pero también es un término adecuado para describir exactamente cómo deben desaprender las organizaciones sus antiguas formas de pensar. Cuanto más rápido puedas abandonar los modos de pensamiento obsoletos dentro de una organización y su cultura, más rápido podrá tu empresa adoptar innovaciones futuras de gran impacto.
El desaprendizaje ágil se aplica a muchos ámbitos de una organización: desde las tecnologías y metodologías que utiliza hasta la forma en que se comunica con sus clientes e incluso cómo define a su público objetivo. Tú y tu equipo pueden desaprender habilidades y conocimientos que ya no sirven en el mundo actual, desprenderse de las viejas capas adheridas y abrir camino a aprendizajes nuevos y renovados. Otros ejemplos:
El desaprendizaje ágil puede aplicarse al lugar de trabajo tradicional, al permitir nuevas formas de pensar mediante tecnologías digitales y en la nube que fomentan una mayor colaboración.
Las empresas deben desaprender las formas de vender que ya no funcionan y examinar procesos de venta en torno a tendencias como la venta entre pares y otras que aún están por desarrollarse.
El desaprendizaje ágil puede aplicarse a los canales y abrir la puerta a un modelo omnicanal que responda a las demandas cada vez más personalizadas de los consumidores.
A medida que se intensifica la competencia en los mercados y la economía mundial sigue evolucionando, todas las empresas deben reinventarse continuamente para seguir siendo relevantes hoy. El primer paso es desaprender con agilidad.



