Alternativa para Alemania (AfD), la formación emergente de derecha en la política alemana, entrará por primera vez en el parlamento nacional tras obtener el 12,6 % de los votos en las elecciones de 2017.
El partido apenas tiene cinco años y era poco más que un recién nacido cuando se celebraron las últimas elecciones (en 2013). Entonces obtuvo el 4,7 % de los votos y se quedó por poco por debajo del 5 % necesario para conseguir representación en el parlamento federal.
En los cuatro años transcurridos desde entonces, la AfD se ha transformado. Antes estaba dirigida principalmente por profesores muy preocupados por el futuro del euro, pero ahora es una amplia coalición de detractores de derecha. De hecho, el nombre del partido procede de la ya célebre observación de Angela Merkel de que no había alternativa a las políticas que su Gobierno puso en marcha para salvar el euro en el punto álgido de la crisis financiera.
La AfD sostenía que sí había alternativas y nació para tratar de mostrar cuáles eran.
La transformación del partido, que se alejó de sus raíces centradas en el euro, ha sido radical. A medida que la crisis del euro perdió relevancia, la popularidad de la AfD cayó y, con toda probabilidad, estaba destinada a caer en la insignificancia. Entonces llegó la afluencia de refugiados de 2015 y 2016. La respuesta del partido a la política de puertas abiertas de Merkel lo ha vuelto casi irreconocible respecto de aquel que Bernd Lucke y sus compañeros euroescépticos fundaron en abril de 2013.
Pescar a la derecha
Por un lado, varios políticos de la AfD emplean una retórica incendiaria como la que la Alemania moderna no había oído antes. Frauke Petry, posiblemente la figura más conocida del partido, afirmó en enero de 2016 que había situaciones en las que los agentes fronterizos alemanes podían legítimamente disparar a los refugiados que intentaran cruzar la frontera.
También hay figuras como Bjoern Hoecke, que buscan relativizar el pasado de Alemania, así como muchas personas firmemente contrarias a los musulmanes. Sin embargo, la oposición a las políticas de Merkel hacia los refugiados sigue siendo la fuerza aglutinadora que mantiene unido al partido. En ese sentido, la AfD recuerda al Frente Nacional de Francia y a otros actores de la derecha radical en Europa.
Sin embargo, la AfD es un fenómeno bastante más complejo. Aunque muchos de los euroescépticos que fundaron el partido se marcharon hace tiempo, su influencia no ha desaparecido por completo. Una de las dos «candidatas principales» de la AfD para las elecciones de 2017, Alice Weidel, por ejemplo, es una lesbiana de 38 años que trabajó para Goldman Sachs. Habla mandarín con fluidez y pasó seis años en China mientras escribía una tesis doctoral sobre el sistema de pensiones chino. Desde luego, no es la líder arquetípica de un partido de extrema derecha.
En la mesa de los grandes
Ahora que tendrá escaños en el parlamento federal, la AfD necesita aprender a afrontar los retos de la vida política real dentro del Bundestag. Tiene muchos afiliados con mucho que decir. No le faltan jefes. Pero en el Bundestag debe encontrar lo que los alemanes llaman «Sachpolitiker»: diputados capaces de dominar expedientes detallados en las comisiones parlamentarias. Tiene que demostrar que sabe hacer política tan bien como hablar de ella. Para un partido parlamentario con muy poca experiencia de las instituciones políticas, eso supondrá un reto.
La gran pregunta para la AfD ahora es cómo le irá en 2021. Los partidos radicales pueden encontrar asfixiante el mundo rutinario de la política parlamentaria. La AfD no tiene ninguna posibilidad de llegar a ejercer el poder: todos los partidos alemanes dijeron hace tiempo que no colaborarían con ella; pero sus políticos tendrán que demostrar que son capaces de acordar una postura común sobre toda una serie de cuestiones políticas que hasta ahora han tenido un papel insignificante en el desarrollo del partido.
El auge de la AfD supone una conmoción para el sistema alemán. A muchos alemanes les inquieta profundamente la idea de que un partido situado a la derecha de la CDU ocupe escaños en el parlamento. Sin embargo, el mayor reto de la AfD aún está por llegar.



