3 pasos para alcanzar la felicidad, según un monje budista

French Buddhist monk Matthieu Ricard attends the French employers' body MEDEF union summer forum on the campus of the HEC School of Management in Jouy-en-Josas, near Paris, September 2, 2011. REUTERS/Charles Platiau (FRANCE - Tags: BUSINESS HEADSHOT RELIGION)
Matthieu Ricard explains how he feels about fame and what he has learned from being in the spotlight.Image: REUTERS/Charles Platiau
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Matthieu Ricard no es alguien que utilice la espiritualidad para hacerse famoso; de hecho, aprender a aceptar la fama que le ha llegado y usarla como una oportunidad para hacer el bien fue un punto de inflexión.

Ricard, de 71 años, es un monje budista tibetano que se trasladó desde Francia al Himalaya cuando tenía veintitantos años y se hizo monje a los 30. Captó por primera vez la atención de los medios en 1997, cuando escribió un libro en coautoría con su padre, Jean-François, un filósofo de renombre. Desde entonces, ha dado dos charlas TED que se hicieron virales en internet y ha escrito varios libros superventas. Dona a su organización benéfica la parte que le corresponde de los ingresos de cualquiera de sus proyectos, Karuna-Shechen, que ofrece atención sanitaria y servicios educativos a comunidades desatendidas de India, Nepal y el Tíbet.

A los medios les ha gustado llamar a Ricard «el hombre más feliz del mundo», un título que él intenta desmentir, desde que en un estudio de 2000 de la Universidad de Wisconsin se midió que sus ondas gamma cerebrales eran las más intensas.

También es confidente del dalái lama y ejerce como su traductor al francés.

Hace poco tuve la oportunidad de hablar con Ricard para el pódcast de Business Insider «¡Éxito! Cómo lo hice», con motivo del lanzamiento de su último libro, «Más allá del yo».

Aunque hablamos del recorrido de su vida, también compartió lecciones que me llegaron especialmente.

Hay dos tipos de éxito

Aunque ahora Ricard pasa la mayor parte del tiempo en aislamiento, nació en una familia de figuras destacadas de la alta sociedad: su padre era escritor y su madre, pintora. Organizaban fiestas a las que asistían personalidades como el compositor Igor Stravinsky y el fotógrafo Henri Cartier-Bresson.

Desde muy joven se dio cuenta de que los indicadores del éxito externo —influencia, respeto, riqueza— no siempre iban acompañados de felicidad. Cuando de joven consagró su vida al budismo, comprendió que la felicidad es una habilidad, una manera de ver el mundo que se cultiva y que no viene automáticamente con los atributos de ese éxito externo.

Ricard dijo que, en cambio, prefiere el tipo de éxito que llama «florecimiento personal», que consiste en «cumplir mi aspiración más profunda».

Y con «aspiración más profunda» se refiere a algo mucho más existencial que aspirar a un gran sueldo o una casa lujosa. Habla de un éxito definido por la realización personal con el fin de influir positivamente en los demás. «Transformarte para servir a los demás», dijo.

A veces, confiar en la intuición es la decisión más racional

«Déjate guiar por tu instinto» suena a un consejo temerario y disparatado. Pero una de las historias de Ricard me hizo comprender que hay momentos en que conviene confiar en la intuición.

De joven, Ricard estudió genética molecular con un premio Nobel en el prestigioso Instituto Pasteur. Hacía pausas en sus estudios para dedicarse a su creciente interés por el budismo y viajó a Darjeeling para aprender de maestros espirituales. Finalmente, Ricard obtuvo su doctorado, pero cuando llegó el momento de decidir qué hacer con su vida, la decisión fue fácil.

«No fue en absoluto una decisión difícil», dijo Ricard sobre su elección de emprender el camino hacia la vida monástica. «Nunca sentí agitación». Lo comparó con una fruta que ha madurado en un árbol: «Llega un momento en que no tienes que tirar de la rama y romperla para obtener la fruta. Basta con tocarla y cae en tus manos».

Durante sus viajes de ida y vuelta entre India y Francia, se había dado mucho tiempo para decidir qué le parecía correcto. Y cuando llegó el momento, no hizo una lista de ventajas y desventajas de cada opción: siguió lo que le dictaba el corazón y actuó sin vacilar. Ricard dijo que, desde entonces, ha tomado de la misma manera todas las decisiones importantes de su vida.

Es necesario aceptar lo que no puedes cambiar

Ricard escribió el libro «El monje y el filósofo» principalmente como una experiencia para estrechar la relación con su padre, ya anciano. Pero cuando llegó la atención mediática, decidió seguir el ejemplo del dalái lama y usar su celebridad para difundir enseñanzas sobre la felicidad y la plenitud.

Después, en 2007, tras la publicación en The Independent de los resultados del estudio sobre meditación en el que participó Ricard, el periódico lo llamó «el hombre más feliz del mundo». Por muchas veces que Ricard protestara, la expresión seguía apareciendo en medios de todo el mundo.

El título salió a relucir cuando Ricard estaba con uno de sus maestros, y contó que este le dijo: «Déjalo estar. Aprovéchalo para un buen propósito, para el proyecto humano». Es decir, si la gente insiste en llamarlo «el hombre más feliz del mundo», que aproveche esa oportunidad para enseñarles a ser más felices.

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