Es hora de hablar del sesgo por estatus social en las entrevistas de trabajo

Office workers rush across a city street during peak hour in central Sydney May 20, 2008. Australia's central bank actively considered raising interest rates earlier this month as inflation was uncomfortably high, minutes of its May policy meeting showed on Tuesday, sending the Australian dollar to 24-year highs. REUTERS/Tim Wimborne (AUSTRALIA) - GM1E45K0XNX01
You're judged just seconds after you start speaking.Image: REUTERS/Tim Wimborne
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En las entrevistas de trabajo, los candidatos esperan que se les evalúe por su experiencia, conducta e ideas, pero un nuevo estudio de investigadores de Yale aporta pruebas de que se juzga a las personas entrevistadas por su estatus social apenas unos segundos después de que empiezan a hablar.

El estudio, que se publicará en Proceedings of the National Academy of Sciences, demuestra que las personas pueden evaluar con precisión la posición socioeconómica de alguien desconocido —definida por sus ingresos, educación y situación ocupacional— a partir de breves patrones del habla, y muestra que estas percepciones inmediatas influyen en los responsables de contratación de formas que favorecen a los candidatos de clases sociales más altas.

«Nuestro estudio muestra que incluso durante las interacciones más breves, los patrones del habla de una persona moldean la forma en que los demás la perciben, incluso al evaluar su competencia y aptitud para un puesto», afirmó Michael Kraus, profesor adjunto de comportamiento organizacional en la Escuela de Administración de Yale. «Aunque la mayoría de los responsables de contratación negaría que la clase social de un candidato importe, en realidad, la posición socioeconómica del candidato o de sus padres se evalúa durante los primeros segundos en que habla; esta circunstancia limita la movilidad económica y perpetúa la desigualdad».

«Si queremos avanzar hacia una sociedad más equitativa, debemos hacer frente a estos procesos psicológicos profundamente arraigados».

Michael Kraus

Los investigadores basaron sus conclusiones en cinco estudios independientes. Los primeros cuatro analizaron hasta qué punto las personas perciben con precisión la clase social a partir de unos pocos segundos de habla. Descubrieron que recitar siete palabras aleatorias basta para que las personas distingan la clase social de quien habla con una precisión superior a la que cabría esperar por azar. También observaron que el habla que se ajusta a las normas subjetivas del inglés, así como a los estándares digitales —es decir, las voces utilizadas en productos tecnológicos como Amazon Alexa o Google Assistant—, se asocia tanto con una clase social real como percibida más alta. Los investigadores también demostraron que las señales de pronunciación en el habla de una persona comunican su estatus social con más precisión que el contenido de lo que dice.

El quinto estudio examinó cómo influyen estas señales del habla en la contratación. Se reclutó en la comunidad de New Haven a veinte posibles candidatos con diversos antecedentes socioeconómicos actuales y de infancia para entrevistarlos para un puesto de gerente de laboratorio de nivel inicial en Yale. Antes de participar en una entrevista de trabajo formal, cada candidato grabó una conversación en la que se le pidió que se describiera brevemente. Una muestra de 274 personas con experiencia en contratación escuchó el audio o leyó las transcripciones de las grabaciones. Se pidió a los responsables de contratación que evaluaran las cualidades profesionales, el salario inicial, la bonificación por firma y la clase social percibida de los candidatos, basándose únicamente en la breve conversación previa a la entrevista y sin revisar las respuestas de los candidatos durante la entrevista ni sus currículos.

Según el estudio, los responsables de contratación que escucharon las grabaciones de audio tenían más probabilidades de evaluar con precisión el estatus socioeconómico que quienes leyeron las transcripciones. Sin ninguna información sobre las cualificaciones reales de los candidatos, juzgaron que los candidatos de clases sociales más altas probablemente serían más competentes para el puesto y encajarían mejor que los candidatos de clases sociales más bajas. Además, asignaron salarios y bonificaciones por firma más lucrativos a los candidatos de clases sociales más altas que a los de estatus social más bajo.

«Rara vez hablamos explícitamente de clase social y, sin embargo, las personas con experiencia en contratación infieren la competencia y la aptitud a partir de la posición socioeconómica que estiman por unos pocos segundos del habla de un candidato», afirmó Kraus. «Si queremos avanzar hacia una sociedad más equitativa, debemos hacer frente a estos procesos psicológicos arraigados que determinan nuestras primeras impresiones de los demás. Aunque estas tendencias de contratación puedan sugerirlo, el talento no se encuentra únicamente entre quienes nacen en familias ricas o con un alto nivel educativo. Las políticas que reclutan activamente a candidatos de todos los niveles de estatus de la sociedad están en mejores condiciones de asignar oportunidades a quienes son más adecuados para aprovecharlas».

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