Trabajar hasta morir es un problema tan grave en Japón que tiene nombre propio

A call center personnel presses her hand to her forehead at an online brokerage company in Tokyo October 23, 2008. The Nikkei average fell 5.5 percent on Thursday and hit its lowest point in more than five years, with exporters such as Canon battered by a firmer yen and fears over the health of the global economy. REUTERS/Yuriko Nakao(JAPAN) - GM1E4AN0TZN01
"Karoshi" involves employees committing suicide or suffering from heart failure and stroke because of long work hours.Image: REUTERS/Yuriko Nakao
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La cultura laboral de Japón es tan intensa que en la década de 1970 se inventó una palabra que se traduce como «muerte por exceso de trabajo».

El «karoshi», como se conoce, ocurre cuando los empleados se suicidan o sufren insuficiencia cardíaca y accidentes cerebrovasculares debido a las largas jornadas laborales.

El Gobierno japonés ha tomado medidas para reducir los casos de karoshi, pero los expertos temen que no sean suficientes.

Desde finales de la década de 1970, Japón tiene una palabra para referirse a quienes mueren por pasar demasiado tiempo en la oficina: karoshi. La traducción literal es «muerte por exceso de trabajo».

La muerte más reciente de un empleado que se determinó que fue un caso de karoshi fue la de la periodista Miwa Sado, de 31 años. Según se informó, registró 159 horas extra en un mes en la cadena de noticias NHK, antes de morir de insuficiencia cardíaca en julio de 2013.

Su muerte no fue declarada como un caso de karoshi hasta principios de octubre de 2017.

Antes que ella, Matsuri Takahashi, de 24 años, trabajó 105 horas extra en un mes en la agencia de publicidad japonesa Dentsu. Takahashi se lanzó desde el techo de la empresa en la que trabajaba el día de Navidad de 2015. Tadashi Ishii, presidente y director ejecutivo de Dentsu, renunció un mes después.

Trabajar hasta morir

El concepto japonés de karoshi se remonta a las secuelas de la Segunda Guerra Mundial.

A principios de la década de 1950, el primer ministro Shigeru Yoshida convirtió la reconstrucción de la economía japonesa en su máxima prioridad. Recurrió a grandes empresas para que ofrecieran a sus empleados seguridad laboral de por vida y solo pidió a los trabajadores que les correspondieran con lealtad. El pacto funcionó. La economía de Japón es ahora la tercera más grande del mundo, en gran medida gracias a los esfuerzos de Yoshida hace 65 años.

Pero, menos de una década después del llamamiento inicial de Yoshida, los trabajadores japoneses empezaron a suicidarse y a sufrir accidentes cerebrovasculares o insuficiencia cardíaca por las enormes cargas de estrés y falta de sueño.

Al principio, la dolencia se conocía como «muerte súbita ocupacional», ya que las muertes estaban relacionadas principalmente con el trabajo, según investigadores que estudian la historia del karoshi. En su empeño por causar una buena impresión a sus jefes, los trabajadores empezaron a llevar su lealtad inquebrantable hasta el límite.

Si avanzamos hasta hoy, la situación de la conciliación de la vida laboral y personal en Japón apenas ha mejorado.

Un informe de 2016 que examinó casos de karoshi y sus causas de muerte determinó que más del 20% de las personas encuestadas entre 10.000 trabajadores japoneses afirmaron trabajar al menos 80 horas extra al mes.

En Estados Unidos, el 16,4% de las personas trabaja un promedio de 49 horas o más a la semana. En Japón, más del 20%, según el informe. La mitad de las personas encuestadas dijo que no se toma vacaciones pagadas.

Antes, los casos de karoshi afectaban a una fuerza laboral compuesta mayoritariamente por hombres; ahora, mujeres como Takahashi y Sado también sufren las consecuencias de mantenerse comprometidas con su trabajo. «Son las 4 de la mañana. Me tiembla el cuerpo», según contó Takahashi en una publicación de Twitter. «Voy a morir. Estoy muy cansada».

No es raro que los empleados jóvenes en Japón trabajen muchas horas. Los jefes esperan que quienes aún ascienden en la jerarquía empresarial lleguen temprano y se vayan tarde, a menudo bien entrada la noche. Takehiro Onuki, un vendedor de 31 años, suele llegar a las 8 de la mañana y se va a medianoche. Solo ve a su esposa los fines de semana.

Lo mismo les ocurre a innumerables empleados japoneses, muchos de los cuales tienen empleos administrativos con jerarquías rígidas. Para ascender hay que esforzarse hasta el agotamiento. Además, la gente rara vez deja su trabajo, porque encontrar otro significa empezar de cero, no desde el puesto que acaba de dejar.

El resultado es toda una generación de trabajadores desesperados por parecer entregados a su trabajo.

Cómo acabar de una vez por todas con el karoshi

Japón intenta frenar los casos de karoshi con políticas que conceden a las personas más tiempo libre en el trabajo. Poco después del suicidio de Takahashi en diciembre de 2016, el Gobierno anunció su plan «Premium Friday». De aplicación inmediata, permitiría a los trabajadores salir a las 3 p. m. el último viernes de cada mes.

Ahora, ocho meses después del inicio del programa, el Gobierno no ha tenido mucho éxito. Muchas empresas japonesas organizan sus finanzas mensuales y buscan alcanzar sus objetivos de ventas a fin de mes; una jornada más corta solo ha hecho que la gente esté más ocupada.

«Escucharemos diversas opiniones tanto desde el punto de vista de impulsar el gasto de los consumidores como desde el de promover la reforma del estilo de trabajo, y revisaremos la campaña si es necesario», declaró recientemente Hiroshige Seko, el político japonés que dirige el programa, al Japan Times.

Otras empresas han intentado reducir los casos de karoshi ofreciendo el desayuno a quienes llegan temprano, para disuadirlos de quedarse hasta demasiado tarde. Otras han permitido que los trabajadores se tomen más tiempo libre cuando lo necesiten.

Sin embargo, los expertos en cultura japonesa dudan de que estas medidas tengan un impacto a largo plazo. Creen que el verdadero problema de Japón radica en su concepción de los roles de género.

Frances Rosenbluth, politóloga de la Universidad de Yale, ha afirmado que la mejor estrategia para reducir las horas de trabajo es conceder desgravaciones fiscales a las empresas que contraten a más mujeres, ampliando así la fuerza laboral. Pero reconoció que no será fácil.

«¿Qué se puede hacer ante el hecho de que los incentivos de las empresas no coinciden con el interés social de cambiar este problema?», declaró Rosenbluth a Business Insider. «Es una pregunta difícil».

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