Te han mentido, y a mí también. Echemos la culpa a nuestros padres, profesores y a los gurús empresariales de los últimos 20 años por su engaño. Nos hemos esforzado muchísimo por alcanzar el éxito, bajo el pretexto del «equilibrio entre el trabajo y la vida personal». Hay un solo problema: hemos estado intentando conseguir el trofeo equivocado.
Permíteme compartir un pequeño secreto: no existe el «equilibrio entre el trabajo y la vida personal».
He intentado guardar silencio sobre este tema durante algún tiempo, pero ya no puedo hacerlo. Por lo que parece ser la vez número 98 desde que cofundé Aha! (que es un software para hojas de ruta de productos), hoy alguien me preguntó: «¿Cómo consigues equilibrar el trabajo y la vida personal?». Es una forma más elegante de preguntar: «¿Trabajas realmente mucho?»
Por supuesto que sí. Y disfruto cada minuto.
Si crees lo que lees, el nirvana consistiría en alcanzar una armonía perfecta en nuestras vidas entre la versión de nosotros mismos que trabaja arduamente y las otras partes que no lo hacen. Pero ¿y si la verdadera armonía consiste en ser felices en todos los ámbitos de la vida?
Mi querida amiga Emily Hall es la CEO de la firma de consultoría estratégica Olive Grove. Hace poco señaló que el problema fundamental de las conversaciones sobre el «equilibrio entre el trabajo y la vida personal» es que presuponen que estas dos cosas se oponen. El argumento de partida es que el trabajo y la vida están en conflicto entre sí.
Esto es incorrecto: el trabajo es vida, y la vida se define por nuestros esfuerzos. Este argumento presupone que el trabajo nos hace fundamentalmente infelices y que solo la «vida» puede compensar esa desdicha. No tiene por qué ser así.
Para encontrar alegría en todos los aspectos de la vida, debemos empezar a hablar de un nuevo concepto. Me juzgo por mi capacidad para alcanzar una felicidad sostenible, no por el «equilibrio entre el trabajo y la vida personal».
Si aún no te convence que debamos cambiar la conversación, considera lo siguiente:
Tienes una sola vida
Tenemos una sola vida y deberíamos llenarla con lo que más nos importa. Nos dicen que nos centremos en lograr un «equilibrio positivo entre el trabajo y la vida personal», pero rara vez nos detenemos a preguntarnos si eso es lo que realmente importa. Deberíamos hacer una pausa para reflexionar, aunque fuera una vez por semana, y hacer un seguimiento de lo que hacemos y de cuánto nos hace felices. Si lo hiciéramos, quizá nos daríamos cuenta de que, aunque parecemos tener éxito, en realidad no hacemos mucho de lo que nos hace felices. El «equilibrio entre el trabajo y la vida personal» no resuelve este problema; optimizar para alcanzar una felicidad sostenible sí.
El equilibrio no tiene valor
El «equilibrio entre el trabajo y la vida personal» es un objetivo vacío. Es un estado de equilibrio, pero nada más. Nuestro objetivo no debería ser equilibrar el trabajo con nuestra vida, sino diseñar nuestras vidas para hacer deliberadamente más de lo que nos hace felices. Cuando nos dedicamos con regularidad a lo que nos hace felices, esa sensación se traslada a todo lo que hacemos. Esto nos convierte en personas más productivas: mejores parejas, madres y padres, y profesionales.
Si te encanta, haz más de eso
Llena tu vida de lo que amas. Llénala de tus pasiones, de la familia que te importa y de experiencias positivas. A veces, esto implica pequeños cambios (como salir a caminar a mediodía). Otras veces, hay que hacer cambios más grandes (como dejar un mal trabajo o una relación insatisfactoria que no se puede reparar). Haz aportaciones todos los días y descarta lo que te desanima siempre que puedas.
Nuestro objetivo último debería ser la felicidad sostenible. Por sostenible quiero decir que debes poder seguir disfrutando de lo que haces durante largos períodos de tiempo, y que esto no debe afectar la capacidad de otras personas para encontrar su propia alegría. Esto excluye, por definición, los subidones pasajeros y las conductas destructivas.
Entiendo que la felicidad sostenible no siempre es posible. Algunas personas luchan contra la pobreza y otras están enfermas. Muchas ni siquiera tienen la libertad fundamental para perseguir su propio propósito superior o deben servir primero a los demás. Pero para quienes son libres y pueden tomar decisiones deliberadas para ser felices de manera sostenible, las recompensas son alentadoras y duraderas.
La felicidad sostenible es un viaje, porque todos tenemos momentos bajos. Y la vida es imprevisible e incluso cruel a veces. Alcanzar y mantener este nivel de satisfacción personal no es fácil, pero debería ser nuestra aspiración última.
¿Estás de acuerdo en que ha llegado el momento de dejar atrás el «equilibrio entre el trabajo y la vida personal»?
Este artículo se publica en colaboración con LinkedIn. Su publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde las opiniones expresadas.
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Autor: Brian de Haaff es el CEO de Aha! – el software de hojas de ruta de productos número 1.
Imagen: Un operador bursátil reacciona mientras consulta las cotizaciones frente al panel del índice bursátil alemán DAX en la bolsa alemana de Fráncfort, el 20 de noviembre de 2008. REUTERS.
