Cada vez más trabajadores de oficina pueden trabajar desde cualquier lugar al menos durante parte de su semana laboral. Según la Work Foundation, en 2016, el 30 % de los trabajadores de oficina podía trabajar desde cualquier lugar al menos durante parte de su semana laboral. Se espera que esta cifra aumente al 70 % en los próximos años.
Se trata de trabajadores móviles. Desempeñan sus funciones laborales tanto si están en casa, en una oficina corporativa o de un cliente, como en espacios públicos. Siempre que tengan su ordenador portátil o tableta, un smartphone y, a ser posible, una conexión a internet fiable, pueden hacer su trabajo. En palabras de una persona a la que entrevistamos en nuestra investigación: mi ordenador es mi oficina.
El trabajo móvil —con la flexibilidad de trabajar donde y cuando convenga— ofrece ventajas bien conocidas. Permite a las personas (en particular, a las mujeres) compaginar las responsabilidades de cuidado con el trabajo remunerado, mantener el contacto con un lugar de trabajo, estar al día de las novedades de su profesión y cotizar a una pensión.
El trabajo móvil permite trabajar desde casa o desde una oficina cercana, lo que reduce el tiempo de desplazamiento a lo largo de la semana laboral y mejora el bienestar y beneficia al medio ambiente. También permite a las organizaciones reducir los costes inmobiliarios al ofrecer menos escritorios y espacios de almacenamiento, e incluso cerrar oficinas enteras. Es una propuesta tentadora en tiempos de austeridad.
Pero el trabajo móvil también conlleva riesgos importantes para las personas y las organizaciones. Las investigaciones muestran que estar constantemente conectado a través del smartphone difumina los límites entre el trabajo y la vida personal. Además, los trabajadores móviles se enfrentan a una presión externa cada vez mayor para trabajar con más eficacia y eficiencia durante la jornada o la semana laboral. Por ejemplo, es posible que solo se les exija entregar un informe al final del día cuando trabajan a distancia, e incluso que la oficina les llame para comprobar si de verdad están trabajando.

Bajo presión
Nuestra investigación, realizada en organizaciones del sector público y privado, así como entre emprendedores individuales, también revela las presiones internas que suelen sentir los trabajadores móviles. Se sienten obligados a trabajar más horas y hasta más tarde, y tienden a estar constantemente disponibles a través de su tableta o smartphone. A menudo no se toman suficientes descansos y, en algunos casos, prescinden de ellos por completo. Como resultado, muchos están rodeados constantemente de trabajo en todas sus formas y tamaños.
Algunas de las personas entrevistadas describieron diversos comportamientos que podrían perjudicar su salud y bienestar. Por ejemplo, reducen sus descansos durante el día a periodos extremadamente breves —a veces, pausas para ir al baño de apenas diez minutos— porque están muy pendientes del sonido de los correos electrónicos entrantes y sienten la obligación de responder de inmediato.
Otras personas consultan habitualmente el correo electrónico del trabajo, no solo durante el día, sino también como lo último que hacen por la noche y lo primero por la mañana. En palabras de una persona participante, se están convirtiendo en esclavas del correo electrónico. Algunas ni siquiera consideran que consultar y responder a los correos relacionados con el trabajo forme parte del ámbito laboral; para ellas es normal hacerlo por la noche y los fines de semana.
De hecho, hemos hablado con personas que suelen entrelazar el ocio y el trabajo al mantenerse disponibles y responder a las exigencias laborales durante sus momentos de descanso, por ejemplo, mientras ven un programa por la noche en la televisión. Otras dicen que no les importa conectarse a los servidores de acceso remoto en plena noche (hablamos de las 3 de la madrugada), los fines de semana o durante las vacaciones, porque se sienten presionadas a estar constantemente trabajando, aunque sea a distancia.
Incluso teniendo en cuenta las exigencias de una economía moderna cada vez más globalizada y digitalizada, este comportamiento indica que a los trabajadores móviles no solo les cuesta limitar el trabajo al horario o la semana laboral habituales. También les resulta difícil desconectar por completo durante el tiempo que tradicionalmente se considera ajeno al trabajo.
Un llamamiento a los directivos
Mientras tanto, las medidas de los directivos para lograr un equilibrio más saludable entre el trabajo y la vida personal suelen ser poco decididas. Al fin y al cabo, las jornadas más largas e intensas que suele propiciar el trabajo móvil aumentan la productividad, la eficiencia y la eficacia del equipo. Un directivo con quien hablamos contó que aconsejaba a su equipo no enviar correos electrónicos tarde por la noche ni los fines de semana, pero también subrayaba que era responsabilidad de cada cual controlar su horario de trabajo general.
En general, las organizaciones que intentan aprovechar las ventajas del trabajo móvil sin mitigar sus efectos psicológicos y sociales quieren hacer de todo sin renunciar a nada.
La manera en que se implanta el trabajo móvil y se comunica entre los directivos y sus equipos influye en el grado de presión interna a la que las personas se someten. Esto suele infravalorarse. Sin embargo, las tensiones acumuladas a nivel personal pueden acabar afectando no solo a la vida privada de las personas, sino también a sus relaciones laborales y su productividad a largo plazo.
El trabajo móvil tiene, sin duda, ventajas. Pero las empresas deben reflexionar bien sobre cómo implantarlo y diseñar políticas equilibradas que tengan en cuenta tanto los riesgos como las ventajas, para garantizar una estrategia beneficiosa tanto para la organización como para sus empleados.


