Por qué «ponerse en los zapatos de otra persona» es, en realidad, un consejo terrible

Runners from wave 4 cross the starting line for the 121st running of the Boston Marathon in Hopkinton, Massachusetts, U.S. April 17, 2017. REUTERS/Lisa Hornak - RTS12ORI
This conclusion could be especially useful in the context of medical professions, like doctors and nurses.Image: REUTERS/Lisa Hornak
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Aconsejar a alguien que «se ponga en los zapatos de otra persona» para que empatice con los demás puede ser perjudicial para su salud emocional, según un nuevo estudio.

«Esto se debe a que hay dos vías para la empatía y una de ellas resulta más angustiosa y perturbadora a nivel personal que la otra», afirma Michael Poulin, profesor asociado del departamento de Psicología de la Universidad de Buffalo y coautor del estudio publicado en Journal of Experimental Psychology.

Los hallazgos, basados en mediciones de la fisiología del estrés, añaden una dimensión nueva y hasta ahora inexplorada a la comprensión de cómo elegir una vía para la empatía puede afectar la salud y el bienestar de quien ayuda. Las conclusiones del estudio aportan ideas importantes para ámbitos que van desde la formación de médicos hasta la crianza de los hijos.

Las vías para la empatía que menciona Poulin divergen en cuanto a la perspectiva de quien ayuda. Las dos pueden parecer similares, pero en realidad resultan bastante distintas en la forma en que afectan a la persona que intenta ayudar a otra.

Un enfoque consiste en observar e inferir cómo se siente alguien. Se trata de adoptar la perspectiva de la otra persona (IOPT, por sus siglas en inglés). La otra forma de empatizar consiste en que quien ayuda se sitúe en la situación de otra persona, en el escenario imaginado de «ponerse en sus zapatos». Se trata de adoptar la perspectiva de uno mismo (ISPT, por sus siglas en inglés).

«Se puede pensar en los sentimientos de otra persona sin asumirlos como propios (IOPT)», afirma Poulin. «Pero empiezo a sentir tristeza cuando sigo el camino mental de ponerme en el lugar de alguien que está triste (ISPT).

«Creo que a veces todos evitamos empatizar con quienes sufren, en parte porque cargar con el peso de otra persona (ISPT) puede ser desagradable. Por otro lado, parece mucho mejor proceder de una manera que permita mostrar empatía simplemente reconociendo los sentimientos de otra persona, sin que resulte aversivo (IOPT)».

Algunos estudios anteriores han intentado abordar la cuestión del estrés en relación con la IOPT y la ISPT pidiendo a las personas que informaran cómo se sentían después de ayudar a alguien. Pero el estudio actual abre nuevos caminos al examinar los efectos de adoptar una perspectiva mientras alguien está ayudando a otra persona.

«Tengo cierto grado de incertidumbre sobre hasta qué punto las personas distinguen bien entre ambas cosas cuando informan cuánto sentían por sí mismas y cuánto por la otra persona», afirma Poulin.

Esa incertidumbre motivó el diseño del estudio actual, que midió una respuesta cardiovascular que indica de forma fiable la diferencia entre sentir ansiedad personalmente o no.

«Cuando nos sentimos amenazados o ansiosos, algunos vasos sanguíneos periféricos se contraen, lo que dificulta que el corazón bombee sangre por el cuerpo», afirma Poulin. «Podemos detectarlo en el laboratorio, y descubrimos que las personas que adoptaron la perspectiva de sí mismas (ISPT) presentaron niveles más altos de esta respuesta de amenaza que quienes adoptaron la perspectiva de la otra persona (IOPT)».

Según Poulin, esta conclusión podría ser especialmente útil en profesiones médicas, como la medicina y la enfermería, sobre todo en ámbitos con altos índices de agotamiento laboral.

«Muchos de estos profesionales presencian tanto dolor y sufrimiento que, con el tiempo, eso afecta a sus carreras», afirma. «Podría ser el resultado de adoptar habitualmente la perspectiva de sí mismos (ISPT). Se ponen en el lugar de sus pacientes.

«Quizá podamos enseñar a médicos y enfermeros a adoptar la perspectiva de la otra persona (IOPT), para que puedan seguir mostrando empatía hacia sus pacientes sin que esa empatía se convierta en una carga».

Poulin afirma que esto también se aplica a docentes y estudiantes, trabajadores sociales y clientes.

«De hecho, ahora que estamos pasando a una economía de servicios, esto se aplica a casi todo el mundo: personal de soporte técnico, operadores de líneas telefónicas de atención de quejas, camareros de restaurantes».

Los padres también podrían tener en cuenta los hallazgos del estudio al pensar cómo hablar con sus hijos en ciertas circunstancias. «En vez de decirle a un niño: “¿Cómo te sentirías si te hicieran eso?”, quizá deberíamos decirle: “Piensa en cómo se siente esa persona”».

La psicóloga Anneke E.K. Buffone, de la Universidad de Pensilvania, quien era estudiante de doctorado en la Universidad de Buffalo cuando se llevó a cabo la investigación, dirigió el estudio.

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