En su nuevo libro, «Insight», la psicóloga Tasha Eurich sostiene que cuanto mejor te conoces, más éxito tendrás.
Con ese fin, ofrece un buen número de estrategias para conocerte mejor, todas caracterizadas por su gran eficacia y por centrarse en resolver problemas en lugar de darles vueltas.
Una de esas estrategias es la herramienta, algo contraintuitiva, «Qué, no por qué». Cuando te enfrentes a una situación difícil o hayas metido la pata de alguna manera, escribe Eurich, hazte preguntas con «qué» en vez de preguntas con «por qué».
Cuando visitó las oficinas de Business Insider en mayo, Eurich compartió un ejemplo de una situación en la que esta herramienta sería útil: acabas de hacer una pésima presentación a un cliente.
Esto es lo que dice Eurich:
«Si eres una persona bienintencionada y exitosa, podrías preguntarte: “¿Por qué me fue tan mal en esa reunión?” o “¿Por qué metí la pata de esa manera?”»
«Lo que he descubierto en mi investigación y en la de otras personas es que, cuando nos hacemos esas preguntas con “por qué”, nos sumen en una espiral de autodesprecio.»
Nos deprimen; tienden a hacer que nos castiguemos de una manera improductiva. Pero si podemos hacernos la pregunta con «qué», esta nos orienta más hacia el futuro. Eso puede marcar una diferencia enorme.»
En concreto, dijo Eurich, podrías preguntarte: «¿Qué puedo hacer de otra manera en el futuro?» o «¿Qué puedo aprender de este suceso en particular que me ayude a tener más éxito la próxima vez?»
En «Insight», Eurich destaca varias razones por las que funciona la herramienta «Qué, no por qué». Por ejemplo, escribe: «Preguntarnos “qué” nos mantiene abiertos a descubrir información nueva sobre nosotros mismos, aunque sea negativa o contradiga nuestras creencias actuales».
Eurich cita un estudio en el que dos grupos de estudiantes leyeron evaluaciones positivas y negativas de su personalidad (sin que los estudiantes lo supieran, todos habían recibido las mismas evaluaciones).
Antes, se pidió a un grupo de estudiantes que pensara en qué tipo de persona era; al otro grupo se le pidió que pensara en por qué era el tipo de persona que era. Al final, los estudiantes del grupo del «por qué» se mostraron reacios a aceptar los comentarios negativos, mientras que los del grupo del «qué» fueron más receptivos.
Otra razón por la que funciona la herramienta «Qué, no por qué»: nos lleva a poner nombre a nuestras emociones, una práctica que, según han descubierto los psicólogos, nos ayuda a gestionar esos sentimientos.
Si vuelves del trabajo de mal humor, escribe Eurich, es útil preguntarte: «¿Qué estoy sintiendo ahora mismo?». Y añade: «Quizá te des cuenta de que estás agobiado en el trabajo, agotado y con hambre». A partir de ahí, puedes tomar medidas para eliminar esos factores de estrés concretos.
En conjunto, escribe Eurich, la herramienta «Qué, no por qué» nos saca de una mentalidad de autocompasión y nos orienta directamente hacia el futuro. Escribe: «Pasar de por qué a qué puede marcar la diferencia entre sentirse víctima y crecer».


