La investigación demuestra que animar a las personas a juzgar la moral de los demás puede ayudarles a cooperar mejor.
En un estudio publicado en Scientific Reports, los investigadores descubrieron que las personas que tuvieron la oportunidad de juzgar la moralidad de los demás tenían más probabilidades de cooperar y confiar entre sí en un grupo que quienes no podían hacer esas evaluaciones.
«A las personas les importa mucho su reputación moral. Así que basta con saber que podrían criticarlas para mantener la cooperación».
«Por lo general, la gente piensa que los juicios morales son negativos —dice Robb Willer, sociólogo de la Universidad de Stanford—, pero son un medio fundamental para fomentar el buen comportamiento en la sociedad».
Los investigadores también descubrieron que los grupos cuyos integrantes podían emitir juicios positivos o negativos sobre los demás confiaban más unos en otros y eran más generosos entre sí.
Además, según el estudio, los niveles de cooperación en esos grupos eran comparables a los de grupos en los que las sanciones económicas promovían la colaboración.»
¿Una sanción mejor?
La idea de que los juicios morales son fundamentales para el orden social existe desde finales del siglo XIX. Sin embargo, la mayor parte de las investigaciones existentes ha estudiado el razonamiento y los juicios morales como un proceso psicológico interno.
Hasta ahora, pocos estudios han examinado cómo las expresiones gratuitas de agrado o desaprobación pueden influir en el comportamiento individual dentro de los grupos, y ninguno ha investigado cómo se comparan los juicios morales con las sanciones económicas, que también han demostrado aumentar la cooperación, afirma Willer.
Como parte del estudio, Willer y otros investigadores reclutaron a 54 grupos de cuatro personas, asignados al azar a cuatro condiciones: control, juicios morales interpersonales y dos variantes de sanciones materiales.
Cada participante comenzó con 20 unidades monetarias y utilizó un terminal informático privado para interactuar de forma anónima con las personas del grupo que se le había asignado. La interacción duró aproximadamente una hora e incluyó una serie de ejercicios en los que se animaba a los integrantes del grupo a donar su dinero a un fondo que beneficiaría al grupo. Los participantes podían ver si alguien de su grupo donaba el dinero y, según la condición que se les hubiera asignado, podían elogiar sus acciones morales o imponerle una sanción económica.
Los resultados del estudio muestran que los juicios morales parecen ser más eficaces que las sanciones económicas para lograr la cooperación en los grupos. Aunque ambas condiciones dieron lugar a un nivel de cooperación similar, en los grupos que utilizaban dinero para castigar los comportamientos indeseados de los demás se produjeron represalias: los integrantes castigados económicamente tomaban represalias contra quienes los habían sancionado.
En comparación con las condiciones de sanciones materiales, los grupos que recurrieron a juicios morales mostraron menos represalias y mayores niveles de generosidad, confianza y fiabilidad.
«A las personas les importa mucho su reputación moral», dice Willer. «Así que basta con saber que podrían criticarlas para mantener la cooperación».
Los investigadores también descubrieron que era más probable que las personas expresaran su opinión sobre otros integrantes del grupo que imponerles sanciones económicas costosas. Aplicaron sanciones económicas aproximadamente el 36 % de las veces, mientras que emitieron juicios el 74 % de las veces.
Sin embargo, esos juicios fueron en su mayoría positivos. Según el estudio, las personas elogiaron las acciones de los demás alrededor del 60 % de las veces, mientras que los juicios negativos se emitieron el 14 % de las veces.
Motivación a bajo coste
Los resultados del estudio constituyen una aportación importante a las investigaciones existentes sobre la acción colectiva, en las que, durante la última década, las sanciones materiales han surgido como una solución destacada para lograr la cooperación y la armonía en los grupos, afirma Willer.
Aunque la investigación centrada en las sanciones materiales ha aportado conocimientos fundamentales sobre la evolución de los sistemas de sanciones, Willer y sus colaboradores piden que se estudie más el poder del juicio moral, pues parece ser una forma más eficaz y de bajo coste de fomentar la cooperación en los grupos.
«Estos hallazgos sugieren que la motivación para vernos a nosotros mismos, y para que los demás nos vean, como actores morales puede ser tan poderosa como el impulso de maximizar el beneficio material», escriben Willer y sus coautores en el informe.
El profesor de Sociología Brent Simpson y Ashley Harrell, estudiante de posgrado de la Universidad de Carolina del Sur, son coautores del estudio. La Fundación Nacional de Ciencias financió el trabajo.


