Cuando llevamos vivos dos décadas o algo más, muchos habremos adquirido algunas habilidades, quizá un poco de experiencia laboral y, con suerte, cierto sentido de la dirección. Incluso puede que descubramos que ahora resultamos razonablemente atractivos para un empleador. Nos hemos convertido en capital humano.
Pero ¿qué es el capital humano? ¿Por qué no podemos ser simplemente “personal” o “un posible empleado”, o alguna otra designación que no suene tan desagradable como para que en su día fuera nombrada Antipalabra Alemana del Año? (En 2004, un jurado de académicos de la lingüística votó para desterrar la palabra "Humankapital del léxico alemán. Dijeron que minimizaba las capacidades de las personas y las reducía a meras cantidades económicas.)
¿Qué es el capital humano y cómo surgió?
Hace tres siglos vivió un economista político llamado Adam Smith, y para él la clave del éxito empresarial era clara. La producción dependía de cuatro tipos de capital fijo: herramientas, edificios, tierras y las “capacidades adquiridas y útiles de todos los habitantes o miembros de la sociedad”.
Los seres humanos que trabajan se habían convertido en una forma de capital, como el capital natural o el capital económico. Pero este análisis mecanicista no se extendió al uso común hasta después de 1928, cuando el economista inglés Arthur Cecil Pigou lo inmortalizó en un libro. “Existe algo como la inversión en capital humano, además de la inversión en capital material”, escribió.
Por qué el capital humano es algo bueno
En la década de 1960, el término capital humano se popularizó gracias a dos economistas estadounidenses, Gary Becker y Jacob Mincer, quienes lo usaron para describir la combinación de habilidades, conocimientos, experiencia, hábitos y personalidad de cada uno de nosotros que puede ponerse al servicio de la productividad. En aquella época, la gente no sabía qué es el capital humano ni si existía algún capital con ese nombre.
El capital humano no solo beneficia a la persona implicada y a la empresa para la que trabaja; los países también salen ganando. Una fuerza laboral creativa y productiva contribuye más al éxito económico a largo plazo de una nación que prácticamente cualquier otro recurso, afirma el Foro Económico Mundial en su Informe sobre Capital Humano.
El impulso a la prosperidad nacional es fácil de ver. Este gráfico muestra la estrecha correlación entre cuánto invierte un país en su fuerza laboral y la solidez de su PIB.

Cómo medir el capital humano
El capital humano es fundamental para el crecimiento, afirman los autores del informe. Invertir en él genera rendimientos, no solo para las personas implicadas, sino para la economía en su conjunto. Esto implica educar a los jóvenes con las habilidades que necesitan para prosperar en la economía moderna. Beneficia a ellos y beneficia a las empresas cuyas necesidades satisfacen.
Pero entender qué es el capital humano no ha sido tan sencillo. En una encuesta realizada en 2014, más de un tercio de los empleadores del mundo declaró tener dificultades para encontrar candidatos sólidos para sus puestos vacantes, y casi la mitad esperaba que la escasez de talento tuviera un impacto negativo en sus negocios.
Está claro que debemos encontrar formas de mejorar el capital humano. Ha adquirido más importancia que nunca, a medida que las fuerzas tecnológicas, políticas, demográficas y económicas remodelan nuestros mercados laborales.
Aquí es donde entra en juego el Índice de Capital Humano: rastrea y cuantifica cómo los países desarrollan y despliegan a su población trabajadora.
El último índice clasificó a 130 países según su grado de implicación y desarrollo de su población. ¿Qué regiones del mundo obtienen los mejores resultados? Observe este mapa y descúbralo.


