Con motivo del tercer aniversario del terremoto de Haití, el 12 de enero, la baronesa Valerie Amos, Subsecretaria General de Asuntos Humanitarios y Coordinadora del Socorro de Emergencia de las Naciones Unidas, explica qué lecciones se han extraído de las catástrofes del pasado.
¿Qué tipo de desastre es el que más le preocupa?
Podría tratarse de algo repentino, como los grandes terremotos que hemos visto en Pakistán o Myanmar. O podría tratarse de un desastre que se produce más lentamente, como la sequía del Cuerno de África en 2010, o la de 2012, cuando la sequía en nueve países afectó a 18 millones de personas en África Occidental. Luego están las consecuencias de un conflicto, como hemos visto en Siria, que tiene graves repercusiones tanto dentro del país como fuera de él.
Debemos estar preparados para lo que pueda ser la próxima crisis, el próximo gran terremoto o tifón. Aunque contamos con sistemas que nos ayudan a prepararnos, lo que tienen los desastres naturales es que nos sorprenden y nos desbordan.
¿Qué regiones del mundo son las más vulnerables?
No se trata solo de qué región, sino de dónde golpean exactamente estos fenómenos. Una de las razones por las que el terremoto de Haití fue tan devastador es que ocurrió en un entorno urbano. Un desastre podría golpear a un país con una vulnerabilidad crónica, o podría afectar de maneras inesperadas a un país sólido. Si observamos lo ocurrido en Japón, el terremoto fue incluso más fuerte que el de Haití, pero Japón está bien preparado para los terremotos y fue el tsunami el que causó los mayores daños.
Si algo de la magnitud del terremoto de Haití volviera a ocurrir, ¿cómo se desarrollaría la situación? ¿Qué sería diferente?
En primer lugar, recibiríamos una alerta y, de inmediato, intentaríamos determinar la magnitud y la gravedad del problema. Según el país afectado, es posible que ya tengamos o no la capacidad necesaria para empezar a responder. Si no es así, contamos con equipos de personas listas para ser enviadas en cualquier momento.
A partir de las lecciones extraídas del terremoto de Haití, hemos introducido algunos cambios a nivel organizativo. Disponemos de una lista de personal de alto nivel preparado para ser desplegado. Las principales organizaciones humanitarias se reúnen en muy poco tiempo y, si se trata de lo que llamamos un «nivel tres», es decir, un desastre de gran magnitud, contamos con un mecanismo de respuesta rápida para enviar a las personas adecuadas, con el nivel adecuado, a trabajar junto a los gobiernos nacionales.
¿Cómo se prepara para este tipo de eventos?
Un ejemplo es el uso de simulacros, que practicamos recientemente: se nos planteaba un desastre concreto que se desarrollaba en tiempo real, y debíamos actuar con base en los datos y después extraer lecciones de cómo había transcurrido. Consideramos muy importante mejorar la oportunidad y la eficacia de la respuesta. No podemos evitar que ocurran desastres, pero sí podemos asegurar que nuestra respuesta sea lo más eficaz y rápida posible.
¿Cuáles son los obstáculos más difíciles en su camino para garantizar que la ayuda llegue a quienes la necesitan?
Depende totalmente del lugar. Si se trata de un país vulnerable con infraestructura deficiente y caminos en mal estado, la dificultad puede ser transportar suministros por carretera o trasladarlos por vía aérea. El acceso puede ser un problema enorme. Si hay millones de personas desplazadas en grandes extensiones, puede ser muy difícil ayudarlas. Con frecuencia, las personas desplazadas se resisten a volver a desplazarse, pues quieren encontrar formas de proteger lo que han logrado llevar consigo.
En general, ¿quién sufre más las consecuencias tras un desastre?
Las personas comunes —hombres, mujeres y niños— son siempre las más vulnerables, sobre todo cuando se convierten en objetivo de la violencia. En los campamentos, las mujeres y los niños enfrentan dificultades particulares, y debemos asegurarnos de que la asistencia llegue a estas personas.
¿Cómo es estar sobre el terreno después de un desastre?
A veces la gente olvida que no necesariamente hay electricidad ni agua corriente, y que nuestro personal vive y trabaja en condiciones sumamente difíciles.
¿Qué tipo de medidas pueden aplicarse para prepararse mejor ante los desastres?
Según la zona y el tipo de amenaza, existen diversos sistemas de alerta temprana, ya sea una alerta de tsunami o una vigilancia volcánica, así como un gran número de medidas para ayudar a que los hogares y las comunidades sean más resilientes.
¿Alguna vez ha sentido un riesgo personal al entrar en una zona de desastre?
En cuanto a la seguridad, estoy muy bien protegida, aunque en un par de ocasiones, al entrar en una situación especialmente vulnerable y difícil, sí me ha dado que pensar. Lo importante es subrayar lo duro que resulta para las personas comunes atrapadas en estas situaciones: han tenido que abandonar sus hogares, se han separado de sus familias y es posible que duerman a la intemperie. No debemos olvidar lo que eso significa.
Autora: la baronesa Valerie Amos es miembro del Global Agenda Council on Catastrophic Risks.
Esta semana se publicó el informe Global Risks 2013 .
Imagen: una mujer se sienta frente a las ruinas de la catedral de Haití. REUTERS/Jorge Silva
