¿Qué quieren realmente los millennials?

¿Qué quieren realmente los millennials?
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Este es el año en que la generación millennial —de 18 a 34 años— superará en tamaño a la generación del baby boom. Ya lo ha hecho en importancia cultural y social. Los boomers nos acostumbramos a la idea, forjada durante décadas, de que marcábamos el espíritu de nuestra época. Se acabó. Los millennials mandan.

Esto es especialmente cierto en el lugar de trabajo, como demuestra la 18.ª edición anual de la publicación de Fortune sobre las 100 mejores empresas para trabajar. Muchas de estas empresas —empezando por Google, que encabeza la lista— orientan sus políticas a atraer a la generación más joven de trabajadores. Y me parece que hoy casi cualquier conversación sobre el talento acaba rápidamente diseccionando la mentalidad millennial. ¿Quieren los millennials cambiar de trabajo cada dos años? ¿Necesitan refuerzo constante después de una infancia en la que «todo el mundo gana»? ¿Necesitan un lugar de trabajo «relajado»? ¿Comida gratis? ¿Futbolín?

Mis antiguos colegas del Pew Research Center han realizado la mejor investigación sobre este tema. Y lo que han descubierto es que muchos de los mitos no son más que eso: mitos. Por ejemplo:

Los millennials quieren cambiar de trabajo con frecuencia.

Esto es sencillamente falso. El estudio de Pew concluyó que, en realidad, los millennials valoran más la seguridad laboral que los boomers. Pero no se quedarán en un trabajo que no les guste. Alrededor del 50 % de los millennials afirma que tener un «trabajo que disfruten» es «extremadamente importante», frente a solo el 38 % de los boomers.

El dinero no importa.

Tal vez. Pew descubrió que los millennials sitúan un «trabajo bien remunerado» cerca del final de su lista de prioridades laborales, pero otras generaciones también lo hacen, en proporciones más o menos iguales. En todos estos aspectos, me declaro escéptico. Lo que la gente dice cuando responde una encuesta por teléfono y cómo actúa cuando tiene una oferta sobre la mesa son cosas distintas.

Todos los millennials quieren ser emprendedores.

Puede que todos quieran ser Mark Zuckerberg, pero no va a ocurrir. Aunque Pew descubrió que desconfían más de las grandes empresas que otras generaciones, un análisis reciente del Wall Street Journal sobre datos de la Reserva Federal muestra que la proporción de menores de 30 años propietarios de empresas privadas cayó a un mínimo de 24 años: apenas el 3,6 %, frente al 10,6 % de 1989.

Aun así, no cabe duda de que esta generación es diferente. Es la más diversa de la historia de Estados Unidos —un 43 % no es blanco— y tiene más confianza en el futuro del país que las generaciones mayores. Esto supone un giro respecto a la década de 1970, cuando los jóvenes boomers eran considerablemente menos optimistas que sus mayores. Los millennials también tardan más en casarse que las generaciones anteriores y tienen menos probabilidades de pertenecer a un partido político, lo que quizá convierta a su empleador, por defecto, en la afiliación institucional más importante de sus vidas. La mayor diferencia no es quiénes son, sino cómo viven. Son quienes se sienten más cómodos con el nuevo apéndice humano —el smartphone—, que les permite mantenerse conectados con una amplia red de amigos y acceder al instante a la información, buena y mala. Son los más rápidos en adaptarse a las formas en que la Internet móvil está cambiando la logística fundamental de sus vidas, y los primeros en exigir que el lugar de trabajo haga lo mismo.

Así que presten atención. Los millennials no son productos consentidos de un pasado sobreprotegido. Son heraldos de nuestro futuro conectado.

Este artículo se publica en colaboración con LinkedIn. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde estas opiniones.

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Autor: Alan Murray es el editor de la revista Fortune.

Imagen: Trabajadores de la línea de montaje sustituyen las cubiertas traseras de televisores de 32 pulgadas en Element Electronics, en Winnsboro, Carolina del Sur, el 29 de mayo de 2014. REUTERS/Chris Keane.

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