Las presiones inflacionarias en un mercado favorable a los empleados han llevado a algunos a especular con que podría desencadenarse una espiral de salarios y precios, mientras que los despidos y las reducciones de plantilla aumentan la incertidumbre del mercado.
Los problemas de la cadena de suministro tienen más que ver con el aumento de la inflación causado por la pandemia de COVID-19 y agravado por la guerra en Ucrania.
La desaceleración económica ha puesto aún más en duda una espiral de salarios y precios. Junto con la guerra en Ucrania, el mercado laboral europeo afronta una recuperación lenta y el regreso a los niveles de empleo previos a la pandemia.
A medida que la inflación sigue aumentando desde el inicio de la pandemia, los trabajadores buscan salarios más altos para hacer frente al golpe a su poder adquisitivo, lo que da pie a la especulación de los medios sobre una espiral de salarios y precios que se desencadenaría si los salarios más altos se trasladaran al consumidor en un ciclo potencialmente interminable. Sin embargo, en un entorno complejo de presiones inflacionarias e incertidumbre en el mercado laboral, varias consideraciones importantes podrían ayudar a los empleadores a prosperar en las circunstancias actuales.
Cadenas de suministro interrumpidas
En primer lugar, dadas las perspectivas macroeconómicas generales, hay motivos razonables para sostener que una espiral de salarios y precios no es tan probable como muchos creen. Hay pocas pruebas de que, hasta ahora, los aumentos salariales hayan desempeñado un papel significativo en el reciente incremento de la inflación observado en distintas economías. De hecho, la explicación más probable son las interrupciones del suministro.
Durante los últimos dos años y medio, la pandemia ha trastocado las cadenas de suministro. Los cierres de fábricas en distintos países han dejado a muchas empresas con dificultades para encontrar fuentes alternativas de bienes intermedios, al tiempo que intentan satisfacer los patrones de demanda reconfigurados por los confinamientos nacionales.
A principios de este año, la invasión rusa de Ucrania volvió a conmocionar la economía mundial, especialmente en Europa, e interrumpió el suministro de energía y alimentos. Como la fabricación y el transporte de todos los bienes requieren energía, el aumento de los costes energéticos se traduce inevitablemente en precios más altos.
Aunque es difícil determinar cuánto durarán estas fuentes de presiones inflacionarias, es probable que sean transitorias. Muchas empresas ya han reconfigurado sus cadenas de suministro tras la COVID-19 y buscan una mayor resiliencia reduciendo su dependencia de proveedores únicos. Además, los países están intentando adaptar su combinación energética.
A medida que se alivien las presiones inflacionarias, los efectos de los aumentos salariales actuales podrían trasladarse a la inflación mediante una mayor demanda y mayores costes para los fabricantes. Las empresas podrían subir los precios de los bienes y servicios de consumo para mantener su margen de beneficio. Un motivo para confiar en que esto no ocurra es la reciente proliferación de acuerdos comerciales regionales y bilaterales, dado que las pruebas indican que la competencia de las importaciones reduce el grado en que las subidas salariales se trasladan a los precios.
Mercados laborales regionales ajustados
Un motivo más fundamental para dudar de una espiral de salarios y precios es la creciente expectativa de una desaceleración económica mundial, que reduciría la presión en los mercados laborales «ajustados», donde la escasez de trabajadores hace subir los salarios. El grado de tensión actual de los mercados laborales varía notablemente de una región a otra, según una reciente investigación de Adecco Group y Economist Impact.
La invasión de Ucrania ha perjudicado especialmente al mercado laboral europeo y ha revertido las expectativas de que se recuperarían los niveles de empleo previos a la pandemia. Ahora, solo un escenario optimista prevé una recuperación antes de 2024. En Oriente Medio y África, se espera que la recuperación llegue hacia 2025, y en Sudamérica, incluso más tarde.
Asia está más cerca de volver a los niveles previos a la COVID-19, y se prevé que el empleo recupere este año su situación anterior a la pandemia. Lo mismo ocurre en Estados Unidos, donde prevemos que esto suceda en 2023. Aunque es algo positivo para ambas regiones, también afrontan el mayor riesgo de una espiral de salarios y precios.
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La espiral de salarios y precios en contexto
Los empleadores deberían considerar la presión al alza sobre los salarios en el contexto más amplio del excepcional mercado laboral posterior a la COVID-19. Según la Oficina de Estadísticas Laborales de Estados Unidos, los trabajadores renuncian a un ritmo un 25 % mayor que antes de la pandemia. Muchos de ellos luego cambian de sector.
Los efectos varían según el sector y, aunque las noticias están dominadas por las congelaciones de contrataciones y los despidos, actualmente hay ciertos trabajadores muy solicitados en casi todas partes del mundo; en particular, los «trabajadores cualificados no profesionales,» como los maquinistas y los soldadores.
Pese a las variaciones, la tendencia general es un cambio de poder de los empleadores a los empleados. Aunque esto se manifiesta en las demandas salariales, también coloca a los trabajadores en una posición más sólida para pedir cambios en las prácticas laborales o instar a sus empleadores a apoyar causas sociales. La próxima investigación de Adecco Group (cuya publicación está prevista para octubre de 2022) revela que el salario dista mucho de ser la principal preocupación de los trabajadores comprometidos y satisfechos con su empleador actual. Son mucho más importantes el equilibrio entre la vida laboral y personal, una buena cultura empresarial y la flexibilidad.
Los empleadores deberían buscar oportunidades en este cambio del equilibrio de poder, que los reta a encontrar nuevas formas creativas de hacer que su plantilla esté más satisfecha y sea más productiva. Por ejemplo, Spotify atribuye su baja tasa de rotación a su política de «trabajar desde cualquier lugar».
La conclusión para los empleadores es que deben adoptar una perspectiva más amplia y estar preparados para muchos escenarios. Durante la pandemia, los empleadores tuvieron que adaptarse a una incertidumbre constante. A quienes mejor les fue mostraron mayor agilidad, flexibilidad y resiliencia, cualidades que les serán útiles en este entorno macroeconómico incierto.


