La celebración del Día Mundial por el Trabajo Decente de este año tiene lugar en un contexto de creciente inseguridad y de niveles de desigualdad sencillamente escandalosos.
Las reglas de la economía mundial están amañadas en contra de quienes tienen que trabajar para ganarse la vida y a favor de las empresas multinacionales y los ultrarricos.
Hay indicios de que los gobiernos y los organismos intergubernamentales empiezan a encontrar el valor necesario para aplicar el Estado de derecho tanto dentro como fuera de sus fronteras.
Este año se celebra el décimo Día Mundial por el Trabajo Decente, el 7 de octubre. Es una jornada en la que las personas trabajadoras y sus sindicatos, con el respaldo de grupos comunitarios, ONG, grupos religiosos y otros, defienden el empleo digno: puestos de trabajo que ofrecen un salario suficiente para vivir y los derechos laborales fundamentales que han sacado de la pobreza a cientos de millones de personas y han sentado las bases de la prosperidad de muchas más.
La celebración del Día Mundial por el Trabajo Decente de este año tiene lugar en un contexto de creciente inseguridad y de niveles de desigualdad sencillamente escandalosos. La Encuesta Mundial de 2017 de la CSI reveló que el 84 % de las personas cree que el salario mínimo de su país es demasiado bajo para garantizar una vida digna y que el 71 % quiere que su gobierno trabaje para aumentar los salarios de todos los trabajadores. De ese 60 % de trabajadores que tiene algún tipo de contrato laboral, la mayoría trabaja en condiciones precarias o tiene motivos fundados para temer que el desempleo acecha a la vuelta de la esquina.
Las reglas de la economía mundial están amañadas en contra de quienes tienen que trabajar para ganarse la vida y a favor de las empresas multinacionales y los ultrarricos.

No es casualidad que, como ha revelado Oxfam, el 1 % más rico posea más riqueza que el resto de la humanidad en conjunto. Esta desigualdad está diseñada. El mundo afronta un enorme déficit de trabajo decente y es necesario cambiar las reglas de la economía mundial.
Trabajo decente, salario y vida
El modelo actual de cadenas mundiales de suministro no está generando empleo digno ni prosperidad. Nuestro análisis de la fuerza laboral de las cadenas de suministro de 50 de las mayores empresas multinacionales del mundo muestra que apenas el 6 % de esas personas está contratado directamente. El resto, una «fuerza laboral oculta» del 94 %, desempeña trabajos a menudo precarios y mal pagados en una multitud de acuerdos de subcontratación, mientras que los directores ejecutivos de las grandes empresas suelen asumir poca o ninguna responsabilidad por las personas de quienes depende su cuenta de resultados.
Al examinar la situación fiscal de esas mismas empresas, vemos que la mayoría participa en mecanismos de evasión fiscal en el extranjero y de otro tipo, que privan a los gobiernos de ingresos esenciales para financiar infraestructuras, atender las crecientes necesidades de la economía de los cuidados y cumplir otras responsabilidades gubernamentales fundamentales.
También hemos examinado los beneficios brutos de diez de las empresas más conocidas del mundo y cuánto les costaría garantizar un aumento salarial de apenas 50 US$ al mes para todos los trabajadores de sus cadenas de suministro. Los cálculos muestran que un aumento modesto como este apenas afectaría a sus beneficios brutos.
Para un trabajador de una plantación centroamericana, apenas un par de centavos más por el precio del melón marcan la diferencia entre la pobreza y un salario mínimo suficiente para vivir.

Hay indicios de que los gobiernos y los organismos intergubernamentales empiezan a encontrar el valor necesario para aplicar el Estado de derecho tanto dentro como fuera de sus fronteras. Francia ha aprobado una ley de «vigilancia» que exige a las empresas multinacionales francesas ejercer la debida diligencia en sus cadenas de suministro, también en lo que respecta a las normas laborales. Aunque las disposiciones de aplicación de la ley deberían ser más estrictas, es un comienzo, y otros gobiernos deberían seguir su ejemplo y dar el siguiente paso para garantizar su cumplimiento. La ley británica contra la esclavitud moderna es otro ejemplo de que ya no se deja en manos de las propias empresas asumir voluntariamente su responsabilidad corporativa, algo que rara vez resulta eficaz. Si otros gobiernos adoptaran medidas similares, ayudarían a reducir los decenas de millones de casos de personas atrapadas hoy en la esclavitud moderna, muchas de ellas en cadenas mundiales de suministro.
Durante la presidencia alemana de este año, los ministros de Trabajo dieron un paso importante en su declaración, respaldada por los líderes del G20, al concluir: «Recalcamos que las violaciones del trabajo decente y de los principios y derechos fundamentales en el trabajo no pueden formar parte de la competencia», como parte de una agenda más amplia para sanear las cadenas mundiales de suministro y garantizar que los salarios mínimos sean suficientes para llevar una vida digna. Esto concuerda con el objetivo de trabajo decente de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU y es, sin duda, fundamental para alcanzarlos.
La Organización Internacional del Trabajo ha puesto en marcha su Comisión Mundial sobre el Futuro del Trabajo. Sin duda, muchas de las iniciativas del Foro Económico Mundial sobre el futuro de la producción y cuestiones relacionadas contribuirán al trabajo de esa Comisión. Los sindicatos participan activamente en este debate y se esforzarán por garantizar que el futuro del trabajo sea un trabajo decente y que la economía mundial esté al servicio de las personas y genere desarrollo y prosperidad.
La iniciativa Global Deal, impulsada por el primer ministro sueco Stefan Lofven, propone una visión del mundo laboral basada en los derechos fundamentales y el diálogo social. Todos deberían compartir esta visión, y hacemos un llamamiento a gobiernos y empresas para que se sumen. Las consecuencias de la inacción son inimaginables en un orden mundial sometido a tensiones y frágil que, para la mayoría de las personas, sencillamente no está ofreciendo lo suficiente, o no está ofreciendo nada en absoluto.
Por naturaleza, los sindicatos son optimistas, y este sábado, en nuestras celebraciones del Día Mundial por el Trabajo Decente en todo el mundo, expresaremos la frustración y la indignación ante la situación actual del mundo laboral, así como la determinación de organizarnos y movilizarnos para cambiar las reglas de la economía mundial.


