Hace poco entrevisté a una persona candidata. Al día siguiente recibí un correo electrónico de seguimiento. Estaba bien redactado, era profesional y decía todo lo que se suele decir, como: «Muchas gracias por dedicarme su tiempo…», «Estoy convencido/a de que podría hacer grandes aportaciones…», etc.
Era una carta perfectamente agradable. Pero fue una enorme oportunidad desperdiciada. La carta no me aportó información nueva y, por lo tanto, no hizo avanzar mi evaluación de la candidatura.
Así como conviene preparar preguntas para la entrevista y hacer que cuenten de verdad, lo mismo puede decirse del seguimiento. La correspondencia posterior no es un mero trámite: debe tratarse como otra oportunidad para demostrar tus habilidades y tu idoneidad particular para la empresa y ese puesto, así como para reforzar una conexión personal con quien la recibe. Usa el correo de seguimiento para aportar otra perspectiva o alguna otra muestra de tus capacidades, y personalízalo para cada persona con quien te reuniste. Dedica un tiempo a reflexionar sobre algo significativo que hayas aprendido durante el proceso o sobre una pregunta nueva e interesante que te haya surgido, y plasma esa reflexión en tu nota; quizá incluso plantea una pregunta de seguimiento. Incluso aludir a un detalle sutil de la conversación que demuestre lo bien que escuchaste resulta útil.
Nada me impresiona más que alguien que se implica en su entrevista; alguien que hace los deberes y luego aprovecha cada oportunidad para reforzar su candidatura. Cada punto de contacto es una oportunidad para hacerlo. Tienes un número limitado de puntos de contacto durante el proceso de entrevista: haz que TODOS cuenten.
Este artículo se publica en colaboración con LinkedIn. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde estas opiniones.
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Autor: Tim Westergren es el fundador de Pandora
Imagen: Un recién graduado japonés, que desea que lo llamen Shinji (derecha), habla con un orientador. REUTERS/Yuriko Nakao
