Por qué la economía de plataformas debe adoptar identidades digitales

Rosalina Kariotakis, President of the Ride Share Drivers' Association of Australia, is reflected in a mirror as she drives her car she uses for the ride services company Uber along a street in central Sydney, Australia, March 31, 2017. REUTERS/David Gray - RC138E0772D0
What if there was a way for you to really know who you were hiring?Image: REUTERS/David Gray
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Todos hemos sentido la misma frustración cuando estamos en un apuro y necesitamos ayuda de inmediato. Un día puede que necesitemos a un técnico que instale unas estanterías indispensables en la oficina de casa; otro, a un corrector freelance que revise y pula a última hora una presentación decisiva.

Pero luego las cosas no salen como esperábamos. El técnico tiene otro trabajo y envía a alguien que no sabe hacer la tarea, y la correctora, que dijo tener experiencia en publicaciones de prestigio, resulta ser novata, así que te toca hacerle reanimación cardiopulmonar a la presentación pocos instantes antes de que tengas que hablar. Se pierde la confianza.

¿Y si hubiera una manera de saber de verdad a quién estás contratando? ¿Y si la economía de plataformas tuviera una forma de identificación?

La identidad digital podría ser una solución a los problemas de los mercados de la economía de plataformas. A diferencia de las identificaciones en papel, como la mayoría de los permisos de conducir y pasaportes, una identidad digital puede autenticarse a distancia por canales digitales. Eso significa que plataformas como Uber, Task Rabbit y Fiverr podrían verificar a sus conductores, técnicos y trabajadores independientes con un solo clic, y tanto tú como la plataforma podrían confiar en ellos.

Con entre el 20 % y el 30 % de la población activa de Estados Unidos participando de alguna manera en la economía de plataformas, son muchas las personas a las que podría ayudar la identidad digital. Ya sean conductores de servicios de transporte compartido a tiempo parcial o traductores freelance, reconocer formalmente sus habilidades empresariales y facilitar la contratación eficiente haría la vida más fácil a todos, tanto a clientes como a proveedores de servicios.

Image: McKinsey & Company

La identidad digital también podría ayudar a los trabajadores de plataformas a gestionar su «oficina administrativa». Muchos dicen que una dificultad común es gestionar los impuestos, las horas trabajadas y las prestaciones. Imaginemos que conduces para Uber, Lyft y la aplicación local de transporte compartido. Tener una única identidad en distintas plataformas, en vez de una cuenta de usuario diferente para cada una, podría facilitar trámites más sencillos y eficientes al declarar impuestos, o incluso permitir planes de prestaciones transferibles diseñados para los trabajadores de plataformas.

La identidad digital también podría ayudar a las personas a encontrar trabajos por encargo que se adapten mejor a ellas. Imagina por un momento una plataforma de talento que use tu identidad digital para acceder a tu currículum y tus microcredenciales. Al reconocerte como trabajador verificado, puede ayudarte a conectar con empleos verificados. Así podrías encontrar tu próximo trabajo más rápido, y quien te contrate en el futuro sabrá exactamente quién eres y cómo te has desempeñado en otras plataformas.

Pero la identidad digital podría ayudar también fuera de la economía de plataformas: cualquier persona que trabaje para una empresa o en el sector público podría beneficiarse de ella. Podría simplificar mucho la incorporación al evitar las molestias y el tiempo que se pierde rellenando una y otra vez todos esos formularios. También puede llevar un registro de tus credenciales y experiencia laboral, y poner esa información a disposición de quien quieras compartirla, como un posible empleador. (¡Adiós a esas fastidiosas plantillas de currículum!)

Todo eso tiene bastante valor. En el McKinsey Global Institute estudiamos la identidad digital «eficaz» y cuantificamos sus beneficios para las personas, las empresas y los gobiernos de todo el mundo.

Una identidad digital eficaz reúne estos cuatro atributos: puede verificarse y autenticarse con un alto grado de garantía, es única, se establece con el consentimiento de cada persona, protege la privacidad de los usuarios y garantiza el control sobre los datos personales. Descubrimos que, si se diseña cuidadosamente, una identidad digital eficaz puede permitir que las personas participen más plenamente en la economía y la sociedad como consumidores, trabajadores y ciudadanos, en beneficio propio y de las empresas y organismos públicos con los que interactúan.

Y los beneficios se acumulan. Descubrimos que, en las economías emergentes, un país promedio podría obtener en 2030 un valor económico equivalente al 6 % del PIB, mientras que en las economías maduras podría alcanzar un valor equivalente a aproximadamente el 3 %; en ambos casos, se supone un alto grado de adopción y una infraestructura digital de apoyo.

Además de aportar valor a los usuarios, la identidad digital podría representar una gran oportunidad para quienes la emiten. Mientras que las identificaciones en papel, como el pasaporte, suelen ser emitidas por el gobierno, una identidad digital podría ser emitida por una empresa emergente innovadora o una coalición de organizaciones.

Esto ya está ocurriendo en algunas partes del mundo. Veamos, por ejemplo, Suecia. En 2003, varios bancos grandes emitieron la primera Bank ID, una identificación electrónica para uso del público, el gobierno y las empresas que facilita las operaciones bancarias y financieras. Hoy en día, 8 millones de personas utilizan Bank ID para la banca en línea y móvil, así como para el comercio electrónico y las declaraciones de impuestos.

Y hay otros casos. Secure Key Concierge permite en Canadá que las personas usen sus credenciales bancarias para autenticar operaciones en línea, mientras que Mobile Connect es un servicio mundial que permite a los usuarios confirmar su identidad y autorizar operaciones en línea. También está Estonia, donde más del 90 % de la población tiene una identidad digital emitida por el Estado; el gobierno se ha asociado con la empresa fintech finlandesa Holbi para que quienes tienen una identidad digital de residencia electrónica puedan abrir una cuenta bancaria sin tener que pisar una sucursal.

Sí, la identidad digital entraña riesgos, similares a los de cualquier tecnología digital utilizada a gran escala por la población: por ejemplo, fallos del sistema y robo de datos personales. Para protegerse frente a ellos hacen falta decisiones de diseño bien meditadas para los sistemas de registro y autenticación, una gobernanza sólida, planes de contingencia y normas que protejan la privacidad. Dado que más de 1.000 millones de personas en todo el mundo —en India, Estonia y otros lugares— ya tienen una identidad digital, quizá no falte mucho para que haya alguna versión disponible en Estados Unidos.

Así que la próxima vez que estés en un apuro, recuerda: pronto el conductor, técnico o corrector freelance perfecto podría estar a solo un clic, verificado y autenticado mediante una identidad digital.

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