La desigualdad es perjudicial para las empresas. Muchos países intentan mantener los salarios bajos para impulsar las exportaciones, pero esta estrategia perjudica la demanda mundial, ya que los trabajadores tienen menos ingresos para gastar.
En cambio, un aumento de los salarios beneficiaría a todos y respaldaría el crecimiento sostenible a largo plazo, como ha demostrado Suecia durante las últimas dos décadas. A pesar de ser una economía abierta y dinámica, el salario mínimo en Suecia también ha aumentado desde que el país sufrió una grave crisis económica a principios de la década de 1990, lo que demuestra que la igualdad social, el crecimiento económico y la globalización no son mutuamente excluyentes.
El aumento salarial de Suecia va contra la tendencia mundial hacia los salarios bajos. Desde finales de la década de 1970, los salarios como proporción del PIB han disminuido tanto en las economías avanzadas como en las emergentes, mientras que la proporción de los beneficios ha aumentado. De hecho, según la Organización Internacional del Trabajo, la participación de los salarios ha disminuido en 91 de 133 países. Los datos del FMI y la OCDE muestran una tendencia similar. Según varios estudios, las consecuencias son una creciente desigualdad de ingresos, una menor demanda agregada y un crecimiento más lento de la productividad laboral. Esto lastra el crecimiento económico.

Al dejar de impulsar el crecimiento los aumentos salariales, han surgido otras dos estrategias de crecimiento. La primera se basa en la deuda: el consumo de los hogares está impulsado por el aumento de la deuda, así como por las burbujas de activos e inmobiliarias. La segunda se basa en las exportaciones: el crecimiento está impulsado por las exportaciones netas, que los países fomentan conteniendo los salarios. Estas dos estrategias son simbióticas. La primera depende de entradas netas de capital para sostener el consumo impulsado por la deuda, mientras que la segunda depende de salidas netas de capital y de un superávit por cuenta corriente. Esto no es sostenible a largo plazo y aumenta el riesgo de otra crisis financiera. Una estrategia de crecimiento impulsada por los salarios, en cambio, respaldaría un crecimiento económico sostenible.
¿Cómo podemos recuperar unos salarios dignos? Muchos economistas sostienen que el progreso tecnológico y la globalización son los factores clave que explican la caída de la participación de los salarios, lo que implica que no hay nada que podamos hacer para cambiar la situación. Sin embargo, investigaciones empíricas recientes indican que la explicación más importante de esa caída es el debilitamiento de la capacidad de negociación de los trabajadores. Esto se debe en parte al cambio tecnológico y a la globalización, pero también a la desregulación financiera, al retroceso del Estado del bienestar y a la disminución de la afiliación sindical. La conclusión es que es absolutamente posible recuperar la participación de los salarios mediante políticas adecuadas: desde regular el sistema financiero y fortalecer el Estado del bienestar hasta apoyar a los sindicatos y ofrecer a los trabajadores oportunidades de formación y una red de protección social. Los sindicatos fuertes, la negociación colectiva de los salarios y unos salarios mínimos elevados pueden contrarrestar el efecto negativo de otros factores, como han demostrado los países nórdicos.
En Suecia, por ejemplo, la participación de los salarios se ha mantenido o incluso ha aumentado gracias al acceso igualitario a los servicios públicos, a las instituciones que promueven el diálogo social y a un modelo de mercado laboral basado en interlocutores sociales poderosos y en la negociación coordinada de los salarios. En consecuencia, los trabajadores suecos tienen una posición negociadora más sólida que los de muchos otros países, y los salarios reales aumentaron casi un 60% entre 1995 y 2016. El hecho de que Suecia también tenga una tasa de empleo muy alta contradice el argumento de que un mayor crecimiento de los salarios reales inevitablemente destruye puestos de trabajo.

Algunos han defendido el aumento de la participación de los beneficios a expensas de la participación de los salarios con el argumento de que los beneficios se reinvierten en la economía. Sin embargo, en muchos países, una mayor participación de los beneficios no se ha traducido en aumentos correspondientes de la inversión. Además, unos salarios reales más altos no necesariamente amenazan los beneficios. Al aumentar la demanda y, por tanto, las ventas, y al impulsar el crecimiento de la productividad, unos salarios más altos pueden contribuir a aumentar los beneficios de una empresa.
Incluso en un mundo globalizado, los sindicatos y la política social siguen siendo, en gran medida, asuntos nacionales. Pero para aumentar los salarios a escala mundial, necesitamos un movimiento laboral y una estrategia de reforma política coordinados internacionalmente. Esto nos permitiría abordar los factores mundiales que afectan a los salarios y evitar también un dilema del prisionero en el que algunos países los reducen para obtener una ventaja competitiva sobre otros. Dado que los mercados laborales y las instituciones políticas varían enormemente entre países, es más probable que se coordine un aumento salarial entre países con condiciones similares, pero sigue siendo importante abrir el debate a todos. El conflicto entre los países que promueven el crecimiento impulsado por los salarios y los que creen en los salarios bajos como estrategia de exportación podría dar lugar a un mundo aún más fragmentado.


