Algunos han sostenido que la automatización hará que cada vez más empleos queden obsoletos sin reemplazarlos, lo que conduciría a un «mundo sin empleo» donde el desempleo sería enorme y persistente. Aunque es posible, creo que no es un futuro probable, y no soy el único que lo piensa. En esencia, el trabajo no es un pastel de tamaño fijo del que las máquinas se llevan una porción cada vez mayor mientras a las personas les queda cada vez menos. Al contrario, las empresas y los emprendedores generan trabajo al identificar oportunidades económicas basadas en problemas que es necesario resolver.
Hay algo claro: nuestra fuerza laboral está atravesando cambios sin precedentes. Los resultados se ven a diario en los titulares: empleos que quedan obsoletos, fábricas que cierran, empresas que trasladan divisiones a zonas de menor costo y votantes que reaccionan con frustración e ira. Al mismo tiempo, la innovación avanza más rápido que nunca para seguir el ritmo de los problemas del mundo y de las soluciones que estos requieren.
Pese a este esfuerzo constante, el desempleo persiste mientras el mundo presencia una prosperidad y una creación de riqueza sin precedentes. Los salarios de la clase media se estancan y muchas personas se ven obligadas a aceptar empleos peor remunerados. Sin embargo, la demanda de trabajadores cualificados nunca ha sido tan alta. El 38 % de las empresas de todo el mundo informa de dificultades para encontrar talento, según la agencia mundial de empleo Manpower. Y en los campos de la ciencia, la tecnología, la ingeniería y las matemáticas, la presión es aún mayor: según Adecco, para 2018 podría haber hasta 2,4 millones de puestos STEM sin cubrir en Estados Unidos. La competencia por el mejor talento es especialmente feroz para las empresas situadas en los centros urbanos.
El desempleo y el estancamiento salarial siguen siendo un problema por dos razones. Primero, la automatización o la deslocalización están sustituyendo los empleos que requieren competencias intermedias, pero los trabajadores no reciben formación para acceder a puestos altamente cualificados. Segundo, la geografía limita el acceso de muchas personas a los mejores empleos: el talento está mucho más disperso que los puestos de trabajo.
En resumen, no tenemos un problema de empleo; tenemos un problema de competencias y otro geográfico.
Un desajuste de competencias
Si tienes hijos pequeños, como yo, ten en cuenta que no es realista preguntarles qué quieren ser de mayores. ¿Por qué? Porque probablemente aún ni siquiera hemos imaginado el trabajo que acabarán haciendo. Según una estimación muy difundida, el 65 % de quienes empezaron la escuela primaria en 2016 trabajará, al graduarse, en empleos que hoy no existen. O, como señaló recientemente Matthew Bishop, editor de The Economist: «Es más fácil ver los empleos que desaparecen que imaginar los que se crearán». El informe «El futuro del empleo» del Foro Económico Mundial, publicado en 2016, concluyó que un tercio de las competencias esenciales para los empleos de 2020 no se considera importante hoy. Piénsalo: en solo tres o cuatro años, más del 30 % de las competencias esenciales de la fuerza laboral serán nuevas.
Al mismo tiempo, el informe El futuro del empleo constató que algunas industrias registraban un crecimiento positivo de las oportunidades laborales, pero ya tenían dificultades para cubrir esos puestos con personas cualificadas. Otra encuesta de Manpower prevé que los campos que experimentarán el mayor crecimiento del empleo incluyen los puestos de atención al cliente, recursos humanos y tecnologías de la información.
En otras palabras, la dificultad para cubrir ciertos tipos de puestos —especialmente en tecnología— sugiere que el verdadero problema es un desajuste de competencias. El reto consiste en asegurar que haya suficientes personas con las competencias necesarias para respaldar esta fuerza laboral en evolución y en conectar a esas personas con las empresas que las necesitan.
Tengo el privilegio de copresidir el consejo del Foro Económico Mundial sobre educación, género y trabajo. Nuestro informe, basado en meses de diálogo intensivo, describe algunos de los desafíos y prioridades que afrontarán los líderes empresariales y los responsables de formular políticas.
Preparar a las personas dándoles acceso a nuevas competencias es una prioridad. En tiempos de incertidumbre, lo mejor que podemos hacer es lograr que la fuerza laboral sea más adaptable, emprendedora y capaz de aprender. Debemos adoptar un modelo de aprendizaje permanente: formar a las próximas generaciones con competencias pertinentes para que tengan éxito y sigan aprendiendo de manera continua, al tiempo que capacitamos de nuevo a los trabajadores actuales para que aprovechen las nuevas oportunidades.
La reducción del costo de la distancia
Nuestras conversaciones dentro de la comunidad del Foro Económico Mundial también revelaron un desequilibrio creciente entre los lugares donde vive la gente y aquellos donde se encuentran los mejores empleos. Los mercados laborales mundiales siguen una tendencia a largo plazo hacia una polarización cada vez mayor, con los empleos que requieren altas competencias concentrados principalmente en grandes zonas urbanas. Si no abordamos esta situación ahora, corremos el riesgo de que aumenten las desigualdades geográficas en el futuro.
El trabajo a distancia y el trabajo independiente (como autónomo) pueden ayudar a reducir estas brechas. Upwork encargó recientemente un estudio al profesor de la Escuela de Negocios de Stanford Paul Oyer, que concluyó que el 96 % de las transacciones en el mercado de Upwork se realizan entre partes separadas por más de 50 millas. Esto es lo que un informe reciente de Bain también denominó la reducción del «costo de la distancia», impulsada por tecnologías que facilitan la comunicación y el trabajo a distancia.
En pocas palabras, hay personas con talento fuera de las ciudades más grandes, y a las empresas les resulta más rentable que nunca ampliar sus reservas de talento a zonas geográficas más alejadas. Esto beneficia a las empresas, que acceden a talento que antes estaba fuera de su alcance. También beneficia a los trabajadores autónomos, que consiguen encargos mejor remunerados que los que podrían obtener en sus mercados locales. Con el tiempo, esto puede aportar más riqueza a las comunidades fuera de las ciudades más grandes y crear aún más oportunidades en todo el país.
De cara al futuro, las empresas y los trabajadores deberían adoptar opciones laborales más flexibles para ayudar a cerrar estas crecientes brechas geográficas y de competencias. Las empresas deben ir más allá de los modelos tradicionales de contratación y considerar tanto el trabajo a distancia como la contratación de trabajadores independientes.
Debemos dejar de pensar que existe un problema de empleo y empezar a reconocer que el verdadero problema es la falta de las competencias necesarias en los lugares donde hacen falta.
Solo nos quedaremos sin empleos si el mundo se queda sin problemas que resolver. El mayor obstáculo para que haya más trabajo es anticiparse al cambio y formar a nuestra fuerza laboral en las competencias que necesitará nuestra economía, además de encontrar maneras de superar las barreras geográficas que impiden a las personas acceder a los mejores empleos.

