Ciudad de México, 1970. La alarma de Cleo suena muy temprano por la mañana. Se levanta y baja las escaleras desde su habitación en la azotea, en la casa de clase media alta donde vive y trabaja. Todos los demás de la casa siguen durmiendo. Cleo despierta con suavidad a los niños, sirve el desayuno a la familia y lleva al más pequeño al jardín de infancia.
Trabaja de sol a sol, incluso brindando apoyo emocional a los miembros de la familia en el camino. Tras un día de limpieza y tareas domésticas, recibe a todos al volver a casa. Sirve bocadillos a sus empleadores mientras ven la televisión juntos en la sala. Acuesta a los niños, apaga la luz y sube las escaleras hacia su habitación cuando todos se han dormido.
Las largas jornadas de trabajo de Cleo son retratadas magníficamente por el director Alfonso Cuarón en Roma, que acaba de ganar tres premios Óscar, entre ellos al mejor director. Uno queda consternado por la situación de su equilibrio entre vida laboral y personal, y se pregunta por la vida de los trabajadores domésticos actuales.
Hay al menos 67 millones de trabajadores domésticos en todo el mundo, y casi las tres cuartas partes son mujeres. Muchos son migrantes que, como Cleo, están obligados a vivir en su lugar de trabajo. Más del 70 % trabaja de forma informal, sin contrato laboral. Ellos a menudo trabajan jornadas muy largas por un salario bajo; reciben un trato violento o son acosados; y son contratados y despedidos a voluntad. La profesión sigue tendiendo a quedar excluida de muchas leyes laborales y regímenes de seguridad social. Las estimaciones recientes indican que el 90 % de los trabajadores domésticos de todo el mundo no tiene acceso a la seguridad social, por ejemplo.
Los derechos de estos trabajadores siguen siendo motivo de gran preocupación en muchos países, pero ha habido importantes reformas recientes, a pesar de los comentarios sobre Roma que dan a entender lo contrario. América Latina ha liderado el camino en este ámbito, al equiparar la protección del empleo con la de otras profesiones, por ejemplo, pero México apenas empieza a ponerse al día. Como veremos, Roma y Cuarón han desempeñado un papel clave para que esto sea posible.
Reformadores latinoamericanos
El trabajo doméstico quizá se infravalora porque se asocia con tareas que suelen realizar las amas de casa sin remuneración. La falta de protección legal hace que los trabajadores domésticos sean excepcionalmente vulnerables. Incluso cuando las leyes laborales sí los protegen, puede resultar difícil comprobar que los empleadores cumplen las normas pertinentes, por lo que con frecuencia surgen problemas de incumplimiento.
Como Cuarón retrata con tanta belleza en Roma, los límites entre el hogar y el lugar de trabajo pueden ser particularmente poco claros en los países latinoamericanos. Con demasiada frecuencia, los empleadores se aprovechan de vínculos afectivos desiguales para tomarse libertades indebidas. La fuerza laboral doméstica de la región es mayoritariamente negra o indígena, e incluye a los sectores más desfavorecidos de la población. Las altas tasas de desigualdad y la pobreza intergeneracional, junto con el hecho de que la mayoría de los trabajadores son mujeres, hacen que regular el sector sea una vía crucial hacia la justicia social.
Las ONG de trabajadores domésticos y otras organizaciones de la sociedad civil de la región comenzaron a impulsar reformas a principios de los años 2000, y muchos países tuvieron un intenso debate sobre la mejor vía a seguir. A raíz de ello, Uruguay (2006), Argentina y Brasil (ambos en 2013) adoptaron normas que equiparan a los trabajadores domésticos con otros trabajadores en cuanto a condiciones como las vacaciones, la jornada laboral y la prestación por maternidad. También establecieron mecanismos de negociación salarial para la profesión, y alentaron a los empleadores a introducir contratos formales.
Para promover los nuevos derechos, estos países sensibilizaron a la población mediante campañas publicitarias en televisión y vallas publicitarias. También adoptaron un enfoque progresivo en la aplicación de la ley, que resultó eficaz. En Uruguay, por ejemplo, los inspectores de trabajo visitaron hogares con trabajadores domésticos; pero, en lugar de sancionar las infracciones, aprovecharon la oportunidad para informar a los empleadores sobre sus obligaciones. Uruguay desde entonces ha conseguido que los salarios de los trabajadores domésticos den un gran paso hacia la media nacional. Argentina y Brasil también han logrado diversas mejoras.
Paralelamente, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) de la ONU lanzó el Convenio sobre las trabajadoras y los trabajadores domésticos en 2011 – normas internacionales destinadas a mejorar los derechos de los trabajadores domésticos en todo el mundo. El convenio entró en vigor en 2013 y ha sido ratificado por 27 países, entre ellos 14 de América Latina, y otros como Sudáfrica, Filipinas y Alemania. Entre los derechos que reconoce figuran un salario mínimo, periodos de descanso diarios y semanales, el derecho a elegir dónde vivir y unas condiciones de empleo claramente comunicadas. Sin embargo, la mayoría de los países del mundo aún no han ratificado el convenio. Lamentablemente, México es uno de ellos.
¿Por qué tan lento, México?
En realidad, México fue el primer país en consagrar la protección laboral en su constitución, pero los trabajadores domésticos siguen en una situación desfavorable. Con más de 2,4 millones de trabajadores domésticos en un país de unos 90 millones de adultos, la ley los discrimina al no limitar sus horas de trabajo ni establecer un salario mínimo igual al de otros trabajadores. Muy pocos trabajadores domésticos tienen contratos de trabajo, por lo que las limitadas protecciones legales que sí existen rara vez se cumplen. Hasta el 97 % de los trabajadores domésticos todavía no tiene acceso a la seguridad social en el país.
El primer signo de avance llegó cuando se reconoció el primer sindicato de trabajadores domésticos reconocido en 2015. El Sindicato Nacional de Trabajadores del Hogar (SINACTRAHO) ha luchado incansablemente desde entonces por los derechos de los trabajadores domésticos. En diciembre de 2018, la Suprema Corte de Justicia debidamente dictaminó que excluir a estos empleados del régimen obligatorio de seguridad social del país es inconstitucional. El tribunal ordenó un programa piloto que este año desarrollará un nuevo sistema para estos trabajadores.
Mientras tanto, el nuevo gobierno de izquierda de Andrés Manuel López Obrador, que asumió el cargo en diciembre, ha anunciado que presentará ante el Senado el Convenio de la OIT sobre las trabajadoras y los trabajadores domésticos para su ratificación. Los dos partidos más grandes del país también patrocinan conjuntamente un proyecto de ley dirigido a la profesión. Propone equiparar los derechos de los trabajadores domésticos con los de otros trabajadores asalariados, incluido un salario mínimo y una jornada laboral máxima de 44 horas semanales.
Si bien estos avances se deben en gran medida a la intensa campaña de SINACTRAHO y de otras organizaciones de trabajadores domésticos, Roma ha desempeñado un papel importante al visibilizar la lucha de la profesión. Cuarón dedicó la película a la fuerza laboral doméstica de México, y recientemente invitó a la activista Marcelina Bautista a pronunciar un discurso en el estreno nacional de la película. “México le debe mucho a las mujeres”, concluyó. “Necesitamos poner fin a la violencia y al abuso de poder contra las mujeres.”
Si las prometedoras señales en México dan fruto, la obra maestra de Cuarón habrá contribuido a garantizar condiciones dignas para los trabajadores domésticos en un país que se las ha negado durante demasiado tiempo. Roma sin duda merece sus premios de Hollywood, pero lograr una reforma real valdrá mucho más.


