Durante la pandemia de COVID-19, el aumento de la tasa de suicidios de las mujeres japonesas superó al de los hombres.
En la crisis económica provocada por la pandemia, las mujeres han tenido que asumir una gran cantidad de trabajo de cuidados no remunerado, lo que les ha generado una presión económica mayor que la de los hombres.
Los países deben adoptar medidas para hacer frente a los efectos de la pandemia y abordar de forma sistemática los problemas estructurales que afectan a las mujeres.
Las tasas de suicidio en Japón llevan años siendo elevadas, por lo que cada mes se publican las cifras del mes en curso. Al revisar la evolución de losdatossobre suicidios durante el primer año de la pandemia en el país, hemos encontrado hechos preocupantes.
Una característica especialmente notable es que el aumento de la tasa de suicidios fue mayor entre las mujeres. En la segunda mitad de 2020, la tasa de suicidios de las mujeres japonesas aumentó de forma sorprendente, un 15 % más a lo largo del año que en 2019. Mientras tanto, la tasa de suicidios de los hombres japoneses se mantuvo sin cambios.
El suicidio es un acto muy personal, y cada caso tiene una complejidad única. Sin embargo, no cabe duda de que la situación de los suicidios registrada en 2020 está relacionada con la pandemia de COVID-19. De hecho, el aumento de la tasa de suicidios de las mujeres japonesas es solo la punta del iceberg de una crisis mundial. Numerosos indicios muestran que la pandemia ha supuesto una amenaza desproporcionada para las mujeres de todo el mundo. Este año, elDía Internacional de la Mujertiene como tema global «Elegir el reto». Mientras celebramos la festividad y reflexionamos sobre el significado de este tema, los gobiernos y el sector privado deben intensificar las medidas estructurales para abordar de forma efectiva las diversas injusticias que sufren las mujeres.
La crisis sanitaria provocada por la pandemia no distingue entre hombres y mujeres, pero la crisis económica que genera sí lo hace. Los confinamientos masivos han golpeado con fuerza el comercio minorista, la hostelería y otros sectores de servicios, que son precisamente la principal fuente de empleo de la mayoría de las mujeres. En Japón, en diciembre de 2020, el número de mujeres desempleadas aumentó en 20 millones con respecto al año anterior, y la tasa de desempleo femenino creció un 34,5 %. Aunque durante el período de prosperidad de la «Abenomics» (2013-2019) el número de mujeres trabajadoras en Japón aumentó en solo 3 millones, esta cifra palidece en comparación con las pérdidas de 2020. Mientras tanto, la tasa de desempleo masculino aumentó un 31,8 %, una subida menor que la femenina.
Sin embargo, la crisis económica derivada de la pandemia no es el único factor que causa la desigualdad de género. Incluso en tiempos normales, las mujeres asumen más trabajo de cuidados no remunerado y tareas domésticas que los hombres. Bajo las políticas de confinamiento, esta desigualdad se ha agravado aún más.Nissei Research InstituteUna encuesta sobre hogares japoneses con doble ingreso reveló que, a finales de junio de 2020, las esposas dedicaban entre un 25-30 % más de tiempo a las tareas domésticas que en enero, mientras que los maridos solo aumentaron ese tiempo entre un 10-15 %.
En definitiva, esta pandemia ha hecho más evidentes los problemas estructurales a los que se enfrentan las mujeres, y debemos abordar de forma sistemática las injusticias económicas y sociales que sufren.
En primer lugar, debemos eliminar la desigualdad de género en la vida cotidiana, haciendo que los hombres asuman una mayor parte de las tareas de cocinar, limpiar y cuidar de los hijos. Islandia ha ocupado el primer puesto del Índice Global de Brecha de Género del Foro Económico Mundial durante 11 años consecutivos, y hace medio siglo este país llevó a cabo un movimiento radical de liberación de la mujer: 1975 fue el Año Internacional de la Mujer proclamado por las Naciones Unidas, y a finales de octubre de ese año, en un día conocido como «el largo viernes»,el 90 % de las mujeres islandesas se unió en un boicot a todo el trabajo remunerado y no remunerado. Aunque el boicot y las manifestaciones puedan parecer extremos, hoy en día las redes sociales pueden lograr un efecto similar. Los líderes políticos y empresariales pueden enviar señales positivas en las redes sociales para promover un reparto equitativo de las tareas del hogar.
En segundo lugar, debemos abordar una serie de «problemas de mujeres» que la pandemia ha sacado a la luz, como el aumento de la violencia doméstica, que también se disparó en 2020. En el entorno político dominado por hombres de Japón, estos problemas fácilmente pasan desapercibidos, pero la pandemia los ha hecho más visibles que nunca. Esto nos recuerda que es fundamental adoptar ampliamente medidas de apoyo seguras y no remuneradas, tanto en línea como fuera de ella.
Por último, la pandemia también encierra la oportunidad de redefinir las profesiones de las mujeres, por lo que nuestras medidas de apoyo deben alinearse con los modelos de trabajo del futuro. En la era posterior a la pandemia, el mercado laboral seguirá avanzando en este cambio irreversible: el progreso tecnológico acelerará la llegada de una «sociedad sin contacto», la demanda de servicios disminuirá notablemente y muchas tareas administrativas se automatizarán. Dado que estos puestos suelen estar ocupados por mujeres, para evitar que sigan sufriendo pérdidas en el futuro, debemos adoptar medidas de intervención pertinentes.
Deberíamos aumentar la inversión en mujeres y desarrollar sus competencias para que puedan adaptarse a los nuevos entornos laborales. La digitalización, repentinamente acelerada, no significa que todo el mundo deba convertirse en analista de datos en empresas tecnológicas; su verdadero beneficio es ofrecernos la posibilidad del teletrabajo y de las microempresas. Las organizaciones públicas y privadas pueden dar a conocer a las mujeres los nuevos modelos de trabajo y ofrecerles apoyo financiero relacionado con el empleo y orientación para la planificación profesional.
La principal causa del suicidio es la depresión, que suele ir acompañada de la pérdida del sentido de propósito en la vida. Visto así, la ayuda temporal tampoco resulta eficaz: el gobierno debe prestar atención a largo plazo a la salud mental de las personas. Los problemas psicológicos que la pandemia ha puesto de manifiesto entre las mujeres son una señal de alarma, y debemos resolver cuanto antes la opresión estructural a la que se enfrentan. Esperamos que esta pandemia pueda convertirse en un catalizador de un cambio positivo.
Autora de este artículo:
Nobuko Kobayashi, directora ejecutiva de Estrategia para Asia-Pacífico, EY
Este artículo fue publicado originalmente en elblog Agenda del Foro Económico Mundial, si lo reproduce, cite la fuente e incluya el enlace a este artículo
Traducción: Cheng Yang
Revisión: Wang Siyu

