La falta de compromiso de los empleados va en aumento, según una nueva encuesta de Gallup.
Alrededor de la mitad de los empleados de EE. UU. afirma no sentirse comprometida con su trabajo; es decir, hace lo mínimo exigido y está psicológicamente desvinculada de su empleo.
Pero el descontento de los empleados no es nada nuevo: entre 2000 y 2014, la proporción de quienes se consideraban comprometidos era incluso menor.
Hoy en día, la tendencia de la «renuncia silenciosa» genera mucha preocupación, desde artículos que advierten a los empleados sobre los peligros de adoptar una actitud pasivo-agresiva en el trabajo hasta consultores que instan a los directivos a mejorar sus dotes de liderazgo para motivar mejor a sus subordinados directos. Una nueva encuesta de Gallup parece respaldar la idea de que la falta de compromiso de los empleados realmente va en aumento, y califica de «crisis» la tendencia de la renuncia silenciosa. Pero que sea realmente un problema depende del punto de vista.
Alrededor de la mitad de los empleados de EE. UU. afirma no sentirse comprometida con su trabajo; según la definición de Gallup, eso significa que «hace lo mínimo exigido y está psicológicamente desvinculada de su empleo». Otro 18 % está «activamente desvinculado», una categoría que Gallup define como personas «resentidas porque no se satisfacen sus necesidades y que exteriorizan su descontento».
Eso deja a un 32 % de los trabajadores realmente comprometidos con su empleo, lo que Gallup define como estar «muy implicados en su trabajo y lugar de trabajo, y entusiasmados con ambos». La tasa de compromiso fue del 34 % el año pasado y del 36 % en 2020.
Pero entre 2000 y 2014, la proporción de empleados que se consideraban comprometidos era incluso menor. En otras palabras, el descontento de los empleados no es nada nuevo.
En junio de 2022, la encuesta de Gallup consultó a más de 15.000 trabajadores de EE. UU. y les preguntó si estaban de acuerdo con afirmaciones como «La misión o el propósito de mi empresa hace que sienta que mi trabajo es importante» y «El último año, he tenido oportunidades en el trabajo para aprender y crecer».
La renuncia silenciosa en el mundo
También cabe señalar que, en comparación con los trabajadores de muchas otras regiones, los de EE. UU. muestran un entusiasmo profesional desbordante, según el último informe de Gallup sobre la situación de los lugares de trabajo en el mundo. En 2021, el 33 % de los trabajadores de EE. UU. y Canadá dijo sentirse comprometido con su trabajo, frente al 14 % de los trabajadores de Europa.
El compromiso de los empleados en el mundo
La filosofía detrás de la «renuncia silenciosa» tampoco es una idea exclusivamente estadounidense. Se parece mucho a tendencias recientes entre los millennials chinos, como «tocar peces» (mō yú), en la que los jóvenes comparten consejos para perder el tiempo durante la jornada laboral, por ejemplo, bebiendo ocho vasos de agua al día o haciendo ejercicio en la cocina de la oficina.
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¿Es realmente mala la renuncia silenciosa?
Tanto si hoy la gente está claramente más descontenta en el trabajo que antes como si no, es lógico que la idea de la renuncia silenciosa haya cobrado fuerza tras tendencias relacionadas, como la Gran Renuncia y el movimiento antitrabajo. Y, dado que un mayor compromiso de los empleados está vinculado a una mayor productividad, también es lógico que las empresas y los directivos estén preocupados por la expansión de la renuncia silenciosa entre su personal.
Pero, para los trabajadores, la renuncia silenciosa no significa necesariamente pasar ocho horas al día sintiéndose desdichados o desconectados. En una publicación viral que ha acumulado 3,5 millones de visualizaciones, Zaid Khan, usuario de TikTok, define la renuncia silenciosa como «renunciar a la idea de ir más allá de lo exigido» y «dejar de suscribir la mentalidad de la cultura del ajetreo, según la cual el trabajo tiene que ser tu vida».
Este enfoque —cumplir con las obligaciones del puesto, pero negarse a trabajar largas jornadas sin una remuneración adicional— suena menos a rendirse y más a aspirar a un sueldo justo y a un equilibrio razonable entre el trabajo y la vida personal. «La principal confusión parece estar en qué tiene que ver todo eso con “renunciar”, en vez de simplemente… cumplir con las expectativas del puesto», observó recientemente Danielle Cohen en un comentario publicado en The Cut, de New York Magazine.
Hacer lo mínimo y sentirse psicológicamente desvinculado del empleo podría significar —como le dijo recientemente una asesora profesional al New York Times— que la gente está perdiendo la oportunidad de encontrar un propósito verdadero en su vida. Pero también es muy posible que quienes se identifican como personas que practican la renuncia silenciosa intenten encontrar su sentido de propósito e identidad fuera del trabajo, ya sea en sus amistades, su familia, sus aficiones, el activismo, la espiritualidad, las actividades creativas o cualquier combinación de estas cosas.
Por otra parte, es cierto que quien decide limitarse a un rendimiento apenas suficiente podría tener menos posibilidades de ascender y más de ser despedido. Pero las empresas suelen pasar por alto a candidatos merecedores de un ascenso. También despiden constantemente a personas trabajadoras, porque eliminan equipos enteros o por innumerables otros factores, desde la antigüedad hasta las relaciones personales. Algunas personas que practican la renuncia silenciosa quizá piensen que, si no tienen oportunidades de desarrollo profesional ni seguridad laboral, no vale mucho la pena dedicar toda su energía al trabajo.
En definitiva, la renuncia silenciosa no parece tener muchas consecuencias negativas concretas para los empleados. Desde el punto de vista de un jefe que lleva mucho tiempo contando con que sus empleados hagan tareas que no están contempladas en sus sueldos ni en las descripciones de sus puestos, es un problema mucho mayor. Pero si la renuncia silenciosa se extiende, quizá las empresas se vean obligadas a adaptar sus prácticas: podrían contratar a más trabajadores para alcanzar sus objetivos de productividad en vez de esperar que la gente trabaje jornadas de 10 horas, o pagar horas extra cuando los empleados trabajen hasta altas horas de la noche.



