Esta es la relación entre la raza y las oportunidades económicas en EE. UU.

Demonstrators in the "Fight for $15" wage protest are joined by social justice and Black Lives Matter activists at a rally in downtown San Diego, California, U.S., November 29, 2016. REUTERS/Mike Blake - RC1BE23C5B50
Income inequality shows visible racial disparities, with Hispanic and Black Americans likely to earn less.Image: REUTERS/Mike Blake
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Las disparidades raciales en los ingresos y otros resultados son algunas de las características más visibles y persistentes de la sociedad estadounidense. Los orígenes de estas disparidades se han estudiado y debatido durante décadas, con explicaciones que van desde la segregación residencial y la discriminación hasta las diferencias en la estructura familiar y la genética.

La mayoría de los estudios anteriores sobre las disparidades raciales han analizado la desigualdad dentro de una sola generación. En un nuevo estudio, analizamos cómo cambian las brechas raciales a lo largo de las generaciones. Mediante datos anonimizados que abarcan a 20 millones de niños y sus padres, mostramos cómo la raza determina actualmente las oportunidades en EE. UU. y cómo podemos reducir las disparidades raciales de cara al futuro.2

Hallazgo n.º 1: Los estadounidenses hispanos ascienden en la distribución de ingresos de una generación a otra, mientras que los estadounidenses negros y los indígenas estadounidenses no lo hacen.

Estudiamos cinco grupos raciales y étnicos: personas de origen hispano y personas blancas no hispanas, negras, asiáticas e indígenas estadounidenses. Al analizar las tasas de movilidad ascendente y descendente de una generación a otra para estos grupos, cuantificamos cómo cambian sus ingresos y predecimos la trayectoria de sus ingresos futuros.

Figura 1 Ingresos de los hijos frente a los ingresos de sus padres, por raza y etnia

Image: VOXEU

Los estadounidenses hispanos tienen tasas de movilidad ascendente de ingresos entre generaciones ligeramente inferiores a las de las personas blancas. Por lo tanto, los hispanos siguen una trayectoria que les permitiría ascender sustancialmente en la distribución de ingresos de una generación a otra y posiblemente cerrar gran parte de la brecha actual entre sus ingresos y los de los estadounidenses blancos.

Los inmigrantes asiáticos presentan niveles de movilidad ascendente mucho más altos que los demás grupos, pero los hijos asiáticos cuyos padres nacieron en EE. UU. tienen niveles de movilidad intergeneracional similares a los de los hijos blancos. Esto dificulta predecir la trayectoria de los ingresos de los estadounidenses asiáticos, pero parece probable que, a largo plazo, los asiáticos mantengan niveles de ingresos comparables o superiores a los de los estadounidenses blancos.

En cambio, los niños negros e indígenas estadounidenses tienen tasas de movilidad ascendente sustancialmente inferiores a las de los demás grupos raciales. Por ejemplo, los niños negros cuyos padres se encuentran en el quintil inferior de ingresos familiares tienen un 2,5 % de probabilidades de llegar al quintil superior de ingresos familiares, frente al 10,6 % de los niños blancos.

Crecer en una familia de altos ingresos no protege frente a estas disparidades. Los niños indígenas estadounidenses y negros tienen tasas mucho más altas de movilidad descendente que los demás grupos. Los niños negros cuyos padres están en el quintil superior de ingresos tienen casi tantas probabilidades de caer al quintil inferior como de permanecer en el superior. En cambio, los niños blancos nacidos en el quintil superior tienen casi cinco veces más probabilidades de permanecer allí que de caer al quintil inferior.

Debido a estas diferencias en la movilidad económica, los estadounidenses negros y los indígenas estadounidenses permanecen «estancados» de una generación a otra. Es poco probable que sus posiciones en la distribución de ingresos cambien con el tiempo si no se toman medidas para aumentar sus tasas de movilidad ascendente.

Figura 2 Cambios en los ingresos entre generaciones, por grupo racial

Image: VOXEU

Hallazgo n.º 2: La brecha de ingresos entre personas negras y blancas se debe por completo a las diferencias en los resultados de los hombres, no de las mujeres.

Entre quienes crecen en familias con ingresos comparables, los hombres negros llegan a ganar mucho menos que los hombres blancos. En cambio, las mujeres negras ganan ligeramente más que las mujeres blancas a igualdad de ingresos parentales. Además, hay poca o ninguna brecha entre las mujeres negras y blancas en los salarios por hora o las horas trabajadas.

Encontramos diferencias de género análogas en otros resultados: las brechas entre personas negras y blancas en las tasas de finalización de la escuela secundaria, asistencia a la universidad y encarcelamiento son mucho mayores entre los hombres que entre las mujeres. Las mujeres negras tienen tasas de asistencia a la universidad más altas que los hombres blancos, a igualdad de ingresos parentales. En el caso de los hombres, la brecha en el encarcelamiento es particularmente marcada: en un día cualquiera, el 21 % de los hombres negros nacidos en familias con los ingresos más bajos está encarcelado, una proporción muy superior a la de cualquier otro subgrupo.

Figura 3 Ingresos de los hijos frente a los ingresos de sus padres, para hombres y mujeres negros y blancos

Image: VOXEU

Hallazgo n.º 3: Las diferencias en las características familiares —tasas de matrimonio de los padres, educación y riqueza— y las diferencias en aptitudes explican muy poco de la brecha entre personas negras y blancas.

Es mucho más probable que los niños negros crezcan en hogares monoparentales con menos riqueza y padres con niveles educativos más bajos; todos estos factores se han considerado posibles explicaciones de las disparidades entre personas negras y blancas. Sin embargo, cuando comparamos los resultados de hombres negros y blancos que crecen en familias con dos progenitores y niveles similares de ingresos, riqueza y educación, seguimos observando que los hombres negros tienen ingresos sustancialmente más bajos en la edad adulta. Por tanto, las diferencias en estas características familiares desempeñan un papel limitado a la hora de explicar la brecha.

Quizá la propuesta más controvertida sea la de que las disparidades raciales podrían deberse a diferencias en las aptitudes innatas. Esta hipótesis no explica por qué existen brechas intergeneracionales entre personas negras y blancas en el caso de los hombres, pero no de las mujeres. Además, las brechas entre personas negras y blancas en las puntuaciones de los exámenes —que han sido la base de la mayoría de los argumentos anteriores sobre las diferencias de aptitudes— son sustanciales para ambos sexos. El hecho de que las mujeres negras obtengan resultados comparables a los de las mujeres blancas a igualdad de ingresos parentales, pese a tener puntuaciones mucho más bajas en los exámenes, sugiere que las pruebas estandarizadas no miden con precisión las diferencias de aptitudes por raza (en la medida en que sean pertinentes para los ingresos), quizá debido a la ansiedad por los estereotipos o a los sesgos raciales en las pruebas.

Hallazgo n.º 4: En el 99 % de los vecindarios de Estados Unidos, los niños negros ganan menos en la edad adulta que los niños blancos que crecen en familias con ingresos comparables.

Una de las teorías más destacadas sobre por qué los niños negros y blancos obtienen resultados diferentes sostiene que los niños negros crecen en vecindarios distintos de los de los niños blancos. Sin embargo, encontramos grandes brechas incluso entre hombres negros y blancos que crecen en familias con ingresos comparables dentro del mismo tramo censal (zonas geográficas pequeñas que tienen, en promedio, unas 4250 personas). De hecho, las disparidades persisten incluso entre niños que crecen en la misma manzana. Estos resultados revelan que las diferencias en los recursos de cada vecindario, como la calidad de las escuelas, no bastan por sí solas para explicar las brechas intergeneracionales entre niños negros y blancos.

Las disparidades entre personas negras y blancas existen prácticamente en todas las regiones y vecindarios. Algunas de las zonas metropolitanas mejores para la movilidad económica de los niños negros de bajos ingresos son comparables a las peores zonas metropolitanas para los niños blancos de bajos ingresos, como muestran los mapas siguientes. Además, las tasas de movilidad ascendente de los niños negros son inferiores a las de los niños blancos en el 99 % de los tramos censales del país.

Figura 4 Ingresos medios de hombres negros y blancos que crecen en familias de bajos ingresos (percentil 25)

Image: VOXEU

Hallazgo n.º 5: Tanto los niños negros como los blancos obtienen mejores resultados en zonas con poca pobreza, pero en esos vecindarios las brechas entre negros y blancos son mayores.

Pese a la prevalencia de las brechas entre personas negras y blancas, las tasas de movilidad ascendente varían considerablemente entre zonas, tanto para los niños negros como para los blancos, como muestran los mapas anteriores. Las zonas donde las tasas de movilidad ascendente son más altas para las personas blancas tienden también a tener tasas más altas para las personas negras. Tanto para las personas negras como para las blancas, la movilidad ascendente es mayor entre los niños que crecen en las Grandes Llanuras y las costas, y menor en las ciudades del Medio Oeste industrial. Una excepción notable a este patrón es el sudeste, donde las tasas de movilidad ascendente de las personas blancas son especialmente bajas (en comparación con las de otras personas blancas del país), pero las de las personas negras no lo son.

Tanto los niños negros como los blancos obtienen mejores resultados en vecindarios que suelen considerarse «buenas» zonas: tramos censales con bajos índices de pobreza, puntuaciones altas en los exámenes y una gran proporción de titulados universitarios. Sin embargo, en promedio, las brechas entre personas negras y blancas son mayores entre los niños que crecen en esos tramos, porque las personas blancas se benefician más que las negras de vivir en esas zonas.

Hallazgo n.º 6: Dentro de las zonas con poca pobreza, las brechas entre personas negras y blancas son menores en los lugares donde hay menos sesgo racial entre las personas blancas y una mayor presencia de padres entre las personas negras.

En los vecindarios con poca pobreza, dos tipos de factores se asocian con mayor fuerza a mejores resultados para los hombres negros y a brechas menores entre personas negras y blancas: niveles bajos de sesgo racial entre las personas blancas y una mayor presencia de padres entre las personas negras.

Los hombres negros que crecen en tramos censales donde las personas blancas tienen menos sesgos raciales —medidos mediante pruebas de sesgo implícito o de animadversión racial explícita en las búsquedas de Google— ganan más y tienen menos probabilidades de ser encarcelados.

Una mayor presencia de padres en los hogares negros de bajos ingresos se asocia con mejores resultados para los niños negros, pero no está correlacionada con los resultados de las niñas negras ni de los niños blancos. La presencia de padres negros a nivel de vecindario predice los resultados de los niños negros, con independencia de que su propio padre esté presente o no. Esto sugiere que lo importante no es el estado civil de los padres en sí, sino los factores comunitarios asociados a la presencia de padres, como el efecto de los modelos de conducta o los cambios en las normas sociales.

Hallazgo n.º 7: La brecha entre personas negras y blancas no es inmutable: los niños negros que se mudan a mejores vecindarios durante la infancia obtienen resultados significativamente mejores.

Los hombres negros que se mudan durante la infancia a zonas mejores —por ejemplo, con bajos índices de pobreza y de sesgo racial y una mayor presencia de padres— tienen mayores ingresos y menores tasas de encarcelamiento en la edad adulta. Estos hallazgos muestran que las condiciones del entorno durante la infancia tienen efectos causales sobre las disparidades raciales y demuestran que la brecha de ingresos entre personas negras y blancas no es inmutable.

El desafío es que actualmente muy pocos niños negros crecen en entornos que favorezcan la movilidad ascendente. Menos del 5 % de los niños negros crece actualmente en zonas con un índice de pobreza inferior al 10 % y donde está presente más de la mitad de los padres negros. En cambio, el 63 % de los niños blancos crece en zonas con condiciones análogas.

Implicaciones

Las diferencias en las tasas de movilidad para salir de la pobreza y caer en ella son un factor central de las disparidades raciales actuales en EE. UU. Reducir la brecha entre personas negras y blancas exigirá medidas que aumenten la movilidad ascendente de los estadounidenses negros, especialmente de los hombres negros.

Nuestros resultados muestran que la brecha entre personas negras y blancas en la movilidad ascendente está impulsada principalmente por factores ambientales que pueden cambiarse. Sin embargo, los hallazgos también ponen de relieve los desafíos que plantea abordar estas disparidades ambientales. Los niños negros y blancos obtienen resultados muy distintos incluso si crecen en familias con dos progenitores y con ingresos, educación y riqueza comparables, viven en la misma manzana y asisten a la misma escuela. Este hallazgo sugiere que muchas propuestas ampliamente debatidas podrían no bastar por sí solas para reducir la brecha entre personas negras y blancas, y apunta a posibles nuevas líneas de acción.

Por ejemplo, las políticas centradas en mejorar los resultados económicos de una sola generación —como las transferencias temporales de efectivo, los aumentos del salario mínimo o los programas de renta básica universal— pueden ayudar a reducir las brechas raciales en un momento dado. Sin embargo, es menos probable que reduzcan las disparidades raciales a largo plazo, a menos que también cambien las tasas de movilidad ascendente entre generaciones. También es probable que las políticas que reduzcan la segregación residencial o permitan que niños negros y blancos asistan a las mismas escuelas, pero no logren la integración racial dentro de los vecindarios y las escuelas, dejen intacta gran parte de la brecha.

Las iniciativas cuyos efectos atraviesan las divisiones entre vecindarios y clases y que aumentan específicamente la movilidad ascendente de los hombres negros ofrecen las mayores posibilidades de reducir la brecha entre personas negras y blancas. Hay muchos ejemplos prometedores de estas iniciativas: programas de mentoría para niños negros, medidas para reducir el sesgo racial entre las personas blancas, intervenciones para reducir la discriminación en la justicia penal y esfuerzos para facilitar una mayor interacción entre grupos raciales. Consideramos que desarrollar y evaluar estas iniciativas es una vía valiosa para reducir las brechas raciales en la movilidad ascendente.

Nota de los autores: Esta columna y todas las figuras que contiene se basan en el artículo «Raza y oportunidades económicas en Estados Unidos: una perspectiva intergeneracional» de Raj Chetty (Universidad de Stanford), Nathaniel Hendren (Universidad de Harvard), Maggie R. Jones (Oficina del Censo de EE. UU.) y Sonya Porter (Oficina del Censo de EE. UU.). Las opiniones expresadas en este resumen ejecutivo no representan necesariamente las de la Oficina del Censo de EE. UU. Los resúmenes estadísticos presentados en estas diapositivas han sido autorizados por la Junta de Revisión de Divulgación de la Oficina del Censo con el número de autorización de publicación CBDRB-FY18-195

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