Europa ha sido aclamada como una tierra de oportunidades, pero su entorno para favorecer la movilidad social se está debilitando.
La evolución de la naturaleza del trabajo, junto con los efectos de la digitalización y la automatización, la desigualdad salarial y otros factores, están agravando el descenso de la movilidad social.
Mientras que las universidades y las escuelas pueden trabajar para abordar la escasez de competencias, las empresas pueden contribuir teniendo en cuenta la movilidad social en la captación de talento, la contratación, la mejora de las competencias, la retención y el liderazgo.
Europa suele considerarse una tierra de oportunidades. En la investigación global sobre movilidad social –la capacidad de las personas para ascender en la escala económica– los 13 primeros países, encabezados por Dinamarca, están todos en Europa. Estados Unidos ocupa el puesto 27.
Sin embargo, existen señales preocupantes de que la escalera se está volviendo inestable.
En la década anterior a la pandemia, los salarios europeos se estancaron y los ingresos de los hogares fueron cada vez menos capaces de sacar a las personas de la pobreza. Según la Unión Europea (UE), más de una de cada cinco personas de la unión se encuentra en riesgo de pobreza o exclusión social.
Los datos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos muestran que esta proporción se ha mantenido relativamente igual desde 2008. La inflación y la COVID-19 han afectado de forma desproporcionada a los hogares de bajos ingresos en los últimos años. Por ejemplo, en Gran Bretaña, los estudiantes de entornos con menos ingresos sufrieron mayores pérdidas de aprendizaje y los empleos de menor cualificación tuvieron más probabilidades de perderse o verse afectados por confinamientos.
Sobre todo, la naturaleza del trabajo está cambiando de maneras que podrían agravar estas tendencias:
La digitalización y la automatización desempeñan un papel importante en la creciente polarización de los ingresos entre los trabajadores de alta y baja cualificación en algunos países europeos.
La reducción de la participación del trabajo en la renta total, sumada a estos cambios tecnológicos, ha incrementado la desigualdad en todo el continente. Estas dinámicas son importantes porque existe una relación directa entre la desigualdad de ingresos y la movilidad social.
El aumento de la movilidad social debe considerarse una cuestión urgente. Los gobiernos tienen el papel principal en este ámbito, en lo que respecta a las políticas de fiscalidad, educación y mercado laboral. Pero los líderes empresariales no pueden mantenerse al margen y dejar que los responsables políticos hagan todo el trabajo pesado.
Integrar la movilidad social
Al fin y al cabo, el empleo es el mecanismo principal que permite a las personas mejorar su situación económica. Además, interesa a las empresas hacer su parte para crear un sistema en el que las personas tengan oportunidades de desarrollar y utilizar sus talentos.
Ya existe una escasez significativa de trabajadores cualificados en muchos sectores; el porcentaje de las vacantes de empleo en la UE se ha duplicado en la última década. Esta tendencia podría empeorar a medida que Europa envejece, lo que hace que la cuestión sea más urgente.
Solo en Alemania, en la década hasta 2030, la fuerza laboral podría reducirse en 4 millones de personas. Trabajar con escuelas, universidades y otras organizaciones para ampliar y mejorar la formación en competencias podría permitir a las empresas europeas satisfacer sus necesidades y ampliar el camino hacia el éxito.
A nivel empresarial, las iniciativas que promueven la movilidad social pueden implementarse en la captación de talento, la contratación, la mejora de las competencias, la retención y el liderazgo.
Pensemos en la contratación. La práctica habitual es que las empresas busquen candidatos con credenciales y experiencia específicas. Por supuesto, en algunos puestos esto es necesario. Pero en muchos otros, este enfoque es innecesariamente restrictivo, ya que descarta a personas con talento que no encajan exactamente con el currículum. Dar más énfasis a las competencias existentes y al potencial futuro, en lugar de a las credenciales y al historial previo, puede ser una estrategia gratificante.
Por tanto, podemos replantearnos dónde buscar talento. Por ejemplo, la proximidad es un factor determinante cuando los estudiantes desfavorecidos eligen una universidad. Ampliar la captación a una gama más amplia de instituciones podría ser una forma de encontrar talento que, de otro modo, pasaría desapercibido.
Ampliar perspectivas
Otro enfoque para identificar a personas con alto potencial que están empezando es ofrecer prácticas remuneradas. Las prácticas no remuneradas pueden dejar fuera a personas con menos recursos o sin contactos. De hecho, un candidato que ha tenido que trabajar mientras estudiaba puede demostrar cualidades como la perseverancia y la adaptabilidad. Es importante preguntarse si el proceso de solicitud tiene en cuenta este tipo de experiencias.
Por último, las empresas pueden buscar formas de ofrecer el trabajo a distancia para llegar a una plantilla más diversa desde el punto de vista socioeconómico.
Algunas empresas están haciendo esfuerzos de este tipo y observando beneficios tangibles. Una compañía global de seguros desarrolló programas de aprendizaje y experiencia laboral dirigidos específicamente a personas de entornos socioeconómicos más bajos. Entre 2020 y 2022, el porcentaje de contrataciones de este grupo aumentó 8 puntos porcentuales. En el sector minorista, otro líder del sector ofrece un reembolso del 100 % de la formación y programas de capacitación para mejorar las competencias de su personal. El resultado es una retención un 75 % mayor entre quienes participan.
McKinsey amplió los lugares donde recluta y, en 2015, lanzó Generation, una organización sin ánimo de lucro que ha formado y colocado a más de 100 000 jóvenes adultos de 18 países (incluidos cinco de Europa) en carreras de alta demanda.
En términos estrictamente económicos, una movilidad social saludable tiene valor. El Foro Económico Mundial constató que una mejora moderada de la movilidad social podría añadir 13 000 millones de dólares al año a la economía del Reino Unido, 12 600 millones de dólares a Francia y 10 200 millones de dólares a Italia. Pero lo más importante es que contribuye a la estabilidad y al bienestar. En el fondo, la movilidad social es un barómetro de esperanza.
Por esa razón y por su propio bien, los líderes empresariales harían bien en buscar formas de avanzar en la movilidad social dentro de sus organizaciones y más allá.


