Qué podría suponer un día «sin hablar» para su productividad

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Banishing talking or implementing work from home days could create better productivity in the workplace.Image: REUTERS/Aly Song
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A continuación se incluye un extracto de 'The Little Book of Lykke' de Meik Wiking:

Imagine tener un día entero para usted solo en el trabajo. No hay reuniones. No se encontrará en una sala de conferencias con ocho compañeros, escuchando cómo solo dos de ellos debaten cuál es la solución correcta a algún problema. Su jefe no le llamará para pedirle un informe de avance del proyecto de TI, y ningún correo electrónico llegará con «URGENTE» en el asunto.

Es un sueño muy bonito, ¿verdad?

Imagine lo que podría hacer con ese nivel de libertad. Imagine cuánto trabajo podría completar ese día. Trabajo profundo, que requiere toda su atención y concentración. Trabajo que usted ha elegido hacer y que disfruta realizando.

En términos generales, hay tres cosas que nos quitan la libertad en el trabajo: las reuniones, los jefes y el correo. Muchos intentamos llenar los huecos de diez o veinte minutos entre reuniones con tareas que requieren concentración y periodos largos e ininterrumpidos para poder hacerse bien.

Según Jason Fried, emprendedor en serie y autor de Remote: Office Not Required, las reuniones y los jefes socavan nuestra productividad.

En resumen, las reuniones son empleados que hablan sobre el trabajo que han hecho o que van a hacer, y los jefes son personas cuya función es interrumpir a los demás. Ambos están acabando con nuestra productividad.

Instaurar días de «no se permite hablar en el trabajo»

Como solución, Fried sugiere que, en lugar de los viernes informales, se instauren los «jueves sin palabras». Deberían ser días en los que a su equipo no se le permita hablar en el trabajo. Elija un jueves —por ejemplo, el primero o el último de cada mes— y establezca la norma de que nadie de la oficina pueda hablar con los demás ese día. Sin interrupciones. Sin llamadas telefónicas. Sin reuniones. Solo silencio. Ahora dedíquese a lo que tenga que hacer.

Lo probamos en el Happiness Research Institute. En nuestro caso, no funcionó tener un día completo, ni siquiera una tarde, en el que no pudiéramos hablar entre nosotros, así que lo modificamos e introdujimos «zonas creativas» diarias. Dos horas de tiempo ininterrumpido para completar tareas que requerían plena concentración.

Más tarde descubrí que Intel había experimentado con un modelo similar, de «señal de no molestar en la puerta»: el tiempo de silencio de los martes por la mañana. En dos centros de Estados Unidos, trescientos ingenieros y directivos acordaron reducir al mínimo las interrupciones los martes por la mañana. No se programaron reuniones, las llamadas telefónicas pasaban al buzón de voz y se desactivaron el correo electrónico y la mensajería instantánea. El objetivo era garantizar cuatro horas de «tiempo de reflexión» y medir el efecto que esto tenía. El piloto duró siete meses, el 71 % de los participantes recomendó extenderlo a otros departamentos y Intel concluyó que la prueba había sido «exitosa para mejorar la eficacia, la eficiencia y la calidad de vida de numerosos empleados con funciones diversas».

Al igual que Intel, comprobé que disponer de tiempo sin interrupciones es útil y productivo, pero, como en el Happiness Research Institute, es posible que su lugar de trabajo necesite otra modificación distinta. Para algunas personas, los jueves sin palabras o las mañanas tranquilas de los martes son similares, en concepto, al teletrabajo. Sin reuniones, sin interrupciones.

En Dinamarca existe un alto nivel de autonomía y flexibilidad en el lugar de trabajo, y a menudo se permite a las personas realizar parte de su trabajo desde casa. Esta es una de las razones por las que el 94 % de los daneses afirma estar contento con sus condiciones laborales, al menos según el Eurobarómetro, que mide la opinión pública en nombre de la Comisión Europea desde 1973. Sin embargo, creo que una razón aún mayor de esta felicidad es que el 58 % de los daneses (según YouGov) afirma que seguiría trabajando aunque ya no tuviera que hacerlo por motivos económicos, por ejemplo, si ganara 10 millones de coronas danesas en la lotería.

El trabajo puede —y debe— ser una fuente de felicidad, y el diseño y el funcionamiento adecuados del lugar de trabajo pueden acercar a más personas a este objetivo. Y una parte de este diseño adecuado consiste en ofrecer a las personas un elemento de libertad: tiempo libre sin interrupciones. Esto también puede implicar no acudir a la oficina.

Consejo para la felicidad: iniciativas de «no molestar»

Pruebe iniciativas como las mañanas tranquilas de los martes, que pueden mejorar su sensación de libertad en el trabajo. Inicie una conversación en el trabajo sobre las formas en que la flexibilidad y la autonomía podrían mejorar la satisfacción y la productividad de los empleados. ¿Podría usted o su jefe introducir conceptos como las mañanas tranquilas de los martes? Reserve dos o tres horas cada martes por la mañana en las que no se programen reuniones, no se hagan llamadas telefónicas ni se envíen correos electrónicos. Convénzalos de realizar un periodo de prueba de uno o dos meses y, después, evalúenlo en función de la satisfacción y la productividad de los empleados. O bien, puede proponer los miércoles de teletrabajo. Si un empleado ahorra dos horas de desplazamiento al trabajo, incluso podría dedicar una hora extra a la empresa y, aun así, ganar una hora de tiempo libre.

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