¿Pueden adquirirse nuevas habilidades lo bastante rápido para adelantarse a las máquinas? Al menos podemos intentarlo

The future of work is here ... but people still require better trainingImage: REUTERS/Toru Hanai
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Rara vez pasa una semana sin que se publique una nueva predicción distópica sobre el desempleo masivo provocado por la tecnología. A medida que la inteligencia artificial (IA) y las tecnologías robóticas avanzan más rápido de lo que incluso sus propios desarrolladores esperaban, los estudios revelan que muchas de las tareas y ocupaciones que emplean a personas ya pueden automatizarse.

Las estimaciones de la proporción del empleo que puede automatizarse varían mucho: desde el 14 % de todos los empleos en los países de la OCDE hasta casi el 50 % de todos los empleos en Estados Unidos. Según el McKinsey Global Institute, entre el 9 % y el 32 % de la fuerza laboral de las economías desarrolladas podría verse desplazada durante la próxima década.

El potencial de la automatización en el lugar de trabajo.Image: McKinsey

En todos los países, las ocupaciones de baja cualificación que requieren menos educación formal serán las más expuestas a la automatización, mientras que los empleos que requieren formación profesional y/o educación terciaria estarán menos amenazados, al menos por ahora. En cualquier caso, debemos empezar urgentemente a dotar a los trabajadores de nuevas habilidades para satisfacer las futuras demandas del mercado laboral.

Con ese fin, empresas, instituciones educativas, organizaciones no gubernamentales y gobiernos estatales y locales de Estados Unidos han empezado a replantearse las políticas de educación y formación. La urgencia de su labor aumenta porque el Gobierno federal del presidente Donald Trump está eludiendo sus responsabilidades en este ámbito.

Para afrontar el reto de las habilidades será necesaria una reinvenciónépica del aprendizaje y la formación de la fuerza laboral. La respuesta debe estar a la altura de la instauración de la educación secundaria universal hace un siglo o del movimiento «universidad para todos», que comenzó en la década de 1960. Pero debe ser mucho más rápida y estar encabezada por alianzas público-privadas.

No es la primera vez que Estados Unidos debe adaptarse a grandes disrupciones del mercado laboral. Hace más de 150 años, la Ley Morrill de 1862 creó y dotó de fondos a las «universidades con concesión de tierras» para formar a los estadounidenses en agricultura, ciencias, ingeniería y otros campos pertinentes para la Revolución Industrial. Tras la Guerra Civil, la Ley Morrill se extendió a los antiguos estados confederados. El sistema que creó acabaría convirtiéndose en el mayor sistema de educación postsecundaria del mundo, con más de 100 colegios universitarios y universidades.

Los economistas predicen que el cambio tecnológico acabará creando tantos empleos como los que destruye. Pero por el camino habrá obstáculos importantes. En la situación actual, demasiados trabajadores estadounidenses carecen de las habilidades necesarias para acceder a los buenos empleos del futuro. Aunque alrededor de un tercio de los adultos estadounidenses tiene un título universitario de cuatro años —la proporción más alta registrada—, una proporción igual no tiene más que un diploma de secundaria. Para los trabajadores de todos los niveles educativos, adquirir habilidades adicionales para mantenerse al día con los cambios ocupacionales impulsados por la tecnología requerirá pasar menos «tiempo en el aula» tradicional y recurrir a formas más dinámicas de formación laboral.

Un buen ejemplo de este tipo de formación lo ofrece Skillful, una iniciativa sin fines de lucro respaldada por la Fundación Markle, Microsoft, LinkedIn y el estado de Colorado. Skillful lleva a cabo un proyecto piloto en Colorado para ayudar a los trabajadores sin título universitario a mejorar y promocionar sus habilidades. La idea es centrarse tanto en quienes buscan empleo como en los empleadores, y en las habilidades en lugar de los títulos.

Para Beth Cobert, directora ejecutiva de Skillful, el objetivo es lograr que los empleadores empiecen a valorar las habilidades «duras», como la carpintería o el diseño web, y las «blandas», como la comunicación o el liderazgo, aunque no se hayan adquirido en un entorno formal, y que reconozcan el potencial de desarrollo futuro de los trabajadores. Estos pueden adquirir muchas de estas habilidades mediante nuevas modalidades de formación, como programas de certificación específicos, «campamentos intensivos» de tecnología, aprendizajes y cursos en el lugar de trabajo.

El enfoque de Skillful parte de la premisa de que un mercado laboral verdaderamente basado en las habilidades requiere la colaboración de muchos actores. Los empleadores y los grupos industriales deben mantener un contacto más estrecho con las instituciones educativas para que las habilidades que se ofrecen respondan a la demanda actual y futura. Además, los gobiernos estatales y locales deberían dar más visibilidad a las fortalezas competitivas y las oportunidades emergentes de sus jurisdicciones. «Intentamos integrar a todos estos participantes en el mercado laboral», afirma Cobert, y «por lo general no hablan mucho entre sí».

Según la OCDE, es menos probable que los trabajadores sin título universitario participen en algún tipo de formación laboral. Por eso Skillful aprovecha datos industriales y geográficos para ayudar a los trabajadores a descubrir qué habilidades comercializables ya tienen, qué carreras podrían interesarles y dónde pueden seguir desarrollándose profesionalmente o encontrar un nuevo empleo. Facilitar el acceso a esta información en línea es crucial para animar a los trabajadores cuyos empleos corren más riesgo a explorar sus opciones de formación.

Además, Skillful y el gobernador de Colorado, John Hickenlooper, han puesto en marcha un programa intensivo para formar a orientadores profesionales, que después ayudarán a cada trabajador a identificar las habilidades y la formación que necesita para los empleos que desea. Asimismo, 20 gobernadores estatales, tanto republicanos como demócratas, han creado una Red Estatal Skillful para colaborar en innovaciones en el desarrollo de la fuerza laboral.

En este momento, no hay estrategias correctas ni equivocadas, y resulta alentador ver que muchos estados experimentan con distintas iniciativas y comparten lo aprendido. Están demostrando que el federalismo progresista también puede funcionar en estados «rojos» (republicanos).

Por ejemplo, Carolina del Norte ha creado un programa de itinerarios formativos para apoyar la formación de adultos con pocas habilidades y jóvenes que no asisten a la escuela. En Ohio, los graduados de secundaria pueden obtener una certificación rigurosa de «preparación profesional» que abarca 15 áreas de habilidades. Montana ha introducido recientemente un programa de aprendizaje en el sector manufacturero. Y la iniciativa «NextLevel» de Indiana concede subvenciones a los empleadores para formar a trabajadores en ocupaciones de «cualificación intermedia» (que requieren más que un diploma de secundaria, pero menos que un título universitario asociado de dos años).

Hace veinte años, los gobernadores de 19 estados del oeste de Estados Unidos crearon la Universidad de Gobernadores del Oeste para impartir en línea competencias muy demandadas. Hoy hay casi 100 000 estudiantes matriculados, y el Gobierno de California también está proponiendo crear un colegio universitario comunitario en línea para atender a los «trabajadores sin salida laboral».

Dado lo mucho que está en juego para millones de trabajadores, no hay alternativa a este tipo de iniciativas. Los responsables de formular políticas deberían seguir el ejemplo de quienes ya están reforzando los programas de educación y aprendizaje para adultos, de modo que ningún trabajador se quede atrás ante el avance de la automatización.

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