Se da por sentado que el momento más feliz en la vida de una pareja es cuando descubre que espera un bebé, pero, a medida que avanza el embarazo, la desigualdad de género se hace más evidente.
Mi esposo y yo esperamos un bebé a finales de 2015. Yo estaba empezando un nuevo trabajo y mi esposo trabajaba en una fusión. Sentía miedo y preocupación por lo que diría mi nuevo jefe, mientras que mi esposo estaba tranquilo y feliz. Comunicó la noticia con alegría a todos en el trabajo, porque para los hombres esperar un bebé no tiene implicaciones para su carrera profesional.
Como les ocurre a muchas mujeres embarazadas, se me activó la «alerta de bebé». Cada vez que iba en el auto o caminaba, empecé a fijarme no solo en los bebés, sino también en la dura realidad de América Latina: de cada 30 bebés que veía, solo uno iba acompañado de un hombre. Los conté. Luego me di cuenta de que todos los anuncios estaban dirigidos a las futuras madres, no a los futuros padres. Y, cuando se acercaba el parto, descubrí que la licencia de maternidad en Colombia duraba 12 semanas (ahora dura 16), mientras que la licencia de paternidad es de solo 8 días.
«A mí me dijeron que renunciara; a mi esposo, que trabajara más»
Nació mi hijo y la realidad resultó peor que esas pequeñas señales. Mientras yo trabajaba a distancia apenas unas horas a la semana, mi esposo trabajaba más de 40 horas semanales. A menudo otras personas me sugerían que renunciara a mi carrera, mientras que a mi esposo le decían que trabajara más.
Así que empecé a hacerme muchas preguntas: ¿por qué, si lo hicimos juntos, estoy criando sola a mi hijo? ¿Por qué mi esposo no puede pasar más tiempo con nosotros? ¿Qué pasará con el vínculo entre padre e hijo? ¿Por qué han cambiado tantos aspectos de mi vida y mi carrera, mientras que la vida de él es casi igual? ¿Por qué, si quiero volver a trabajar, tengo que encontrar a alguien que críe a mi hijo? ¿Por qué no podemos hacerlo 50/50? Así comenzó nuestro camino hacia la paridad en la crianza.

El sistema laboral tradicional tiene muchas deficiencias que impiden la paridad de género, pero, en mi opinión, una de las mayores es la suposición de que las mujeres deben criar a sus hijos y los hombres deben desempeñar un papel de apoyo. Según esta suposición, todas las mujeres son madres potenciales, lo que implica todas las exigencias de tiempo que conlleva la maternidad. Así, en este sistema capitalista, donde el tiempo equivale a dinero, las mujeres se consideran un activo de mayor riesgo que los hombres y, por esta razón, tienen menos probabilidades de ser contratadas.
A pesar de ello, en el mundo empresarial hay algunos buenos ejemplos de políticas de licencia parental que rompen las reglas y ofrecen condiciones igualitarias tanto a las parejas heterosexuales como a las del mismo sexo. Por ejemplo, dos de los casos más destacados son Netflix y la Fundación Bill y Melinda Gates, que ofrecen a los nuevos padres hasta un año de licencia remunerada.
En países desarrollados como Suecia, Dinamarca y Noruega, existen iniciativas gubernamentales que promueven políticas equitativas de licencia parental; sin embargo, son pocas las que ofrecen las mismas condiciones a mujeres y hombres.
Lamentablemente, en países en desarrollo como Colombia y en la mayoría de las empresas del mundo, el sistema laboral está diseñado para excluir a las mujeres del mundo del trabajo y a los hombres de la crianza de sus hijos.
Replantear los roles de género
Después de enfrentarme a este mundo desigual y hacerme las muchas preguntas que enumeré antes, mi esposo y yo decidimos replantearnos nuestros roles, no solo como padres, sino también en nuestro sistema laboral y en la sociedad.
Mi esposo decidió dejar el mundo empresarial porque, entre otras razones, no era compatible con el tipo de familia que queríamos formar. Creó una nueva empresa, en la que aspira a establecer políticas de paridad de género para todos sus empleados.
Trabajo como consultora para poder administrar mi tiempo. Este año decidí empezar a trabajar más horas a la semana. Voy a la oficina tres días a la semana y los demás trabajo desde casa; mi esposo hace lo mismo. Mejoramos constantemente nuestro modelo de roles 50/50 para mantener nuestras carreras y construir nuestra familia juntos.
Lamentablemente, somos una excepción y no todo el mundo tiene la oportunidad de lograr este equilibrio. Por eso defendemos un sistema laboral que ofrezca a todas las mujeres y los hombres la posibilidad de decidir qué modelo de crianza quieren y con qué equilibrio.
Históricamente, el sistema laboral ha atravesado distintas reformas para responder a las necesidades de las personas. Ahora es el momento de reformar las políticas parentales para seguir construyendo una sociedad igualitaria. Esta es una deuda pendiente que, como sociedad, tenemos con los niños, las mujeres y los hombres que exigen un nuevo modelo familiar.
Si rompemos este paradigma en el sistema laboral, se producirá un cambio social importante: menos mujeres quedarán excluidas del mercado laboral y más hombres tendrán la oportunidad de participar activamente en el desarrollo de sus familias.


