La mayoría de nosotros, especialmente en los países desarrollados, espera ganar más que sus padres al llegar a la edad adulta. Pero, como muestra un nuevo informe exhaustivo de la OCDE, esto es cada vez menos probable. De hecho, esta tendencia se mantiene desde hace décadas.
Como consecuencia, la movilidad social entre países y generaciones se ha estancado.

La trampa de los bajos ingresos
Según el informe, las familias y comunidades de muchos países están cada vez más atrapadas en los peldaños más bajos de la escala social.
Los niños nacidos en familias de bajos ingresos tienen menos posibilidades de progresar en la vida y mejorar su situación profesional.
Mientras tanto, quienes están en lo más alto de la escala de ingresos conservan su riqueza.

Una forma de intentar comprender la falta de movilidad de ingresos consiste en observar cuánto tardaría una persona de una familia pobre en alcanzar el ingreso medio de su país.
La respuesta varía enormemente según el lugar donde viva esa persona.
Al ritmo actual de movilidad de ingresos en Colombia, por ejemplo, una persona nacida en una familia de bajos ingresos tardaría 11 generaciones en alcanzar un salario medio.
En Dinamarca, en cambio, solo tardaría dos generaciones, mientras que el promedio de los países de la OCDE es de 4,5 generaciones.
Al analizar los patrones de ingresos de padres e hijos, la OCDE constató que quienes nacen de padres con bajos ingresos probablemente seguirán siendo pobres, mientras que quienes nacen de padres con ingresos altos probablemente conservarán esa riqueza.
La brecha era más pronunciada en Estados Unidos: menos del 10% de los hijos de padres con bajos ingresos logró situarse entre el 25% más rico de la población, mientras que casi el 50% de quienes tenían padres con los ingresos más altos llegó a tener ingresos elevados al alcanzar la edad adulta.
La brecha era más estrecha en España: algo menos del 20% de los hijos de padres con bajos ingresos logró situarse entre el 25% más rico, y menos del 35% de quienes nacieron de padres con los ingresos más altos permaneció en ese grupo.
En general, uno de cada tres hijos de un padre con bajos ingresos seguirá atrapado en un nivel de ingresos bajo, mientras que la mayoría de los dos tercios restantes solo ascenderá un peldaño en la escala de ingresos a lo largo de su vida.
Los ricos también son cada vez más ricos.
En los países de la OCDE, el ingreso disponible promedio del 10% más rico de la población equivale ahora a unas nueve veces y media el del 10% más pobre, frente a siete veces hace 25 años.
¿Por qué es importante la movilidad social?
Todo el mundo quiere tener la oportunidad de prosperar en la vida. La falta de movilidad social puede poner a prueba la resiliencia de una sociedad: las personas pueden sentirse atrapadas en una situación de bajos ingresos y preocuparse por la falta de oportunidades para que sus hijos progresen. Esto repercute en la cohesión social, así como en la economía y la política.
Por ejemplo, el sentimiento nacionalista está en auge en muchos países, a medida que la gente siente cada vez más que queda excluida de la riqueza que generan las economías capitalistas.
Pero eso no es todo. Si las personas no pueden progresar en su carrera o mejorar su nivel de vida, se pierde mucho talento potencial o este queda sin desarrollar. Además, saber que se tiene la oportunidad de mejorar la situación de la propia familia respecto a generaciones anteriores influye positivamente en la satisfacción con la vida y el bienestar.
Crecimiento inclusivo

El hecho de que algunos países —por ejemplo, los países nórdicos— obtengan resultados mucho mejores que otros en materia de desarrollo inclusivo indica que se puede hacer mucho para mejorar la movilidad de ingresos.
El informe de la OCDE recomienda medidas como políticas laborales favorables a las familias, sistemas tributarios y de prestaciones que reduzcan la desigualdad, y políticas que protejan a las personas frente a sobresaltos vitales como el divorcio, el desempleo o el nacimiento de un hijo.
«Lo que importa no es solo el volumen total de recursos públicos destinados a la educación y la salud, sino también su calidad, su uso eficaz y su orientación a los grupos desfavorecidos. Por tanto, la respuesta política no consiste simplemente en aumentar el gasto total, sino en destinarlo a programas eficaces y garantizar su calidad y el acceso equitativo», explica el informe.
El crecimiento inclusivo se está convirtiendo en un indicador importante del éxito económico nacional. En la Reunión Anual de 2018 en Davos, el Foro Económico Mundial presentó el Índice de Desarrollo Inclusivo (IDI).
El IDI tiene en cuenta el nivel de vida, en lugar de evaluar el desempeño de los países desde una perspectiva puramente económica. Esto incluye medir los ingresos, las oportunidades de empleo, la seguridad económica y la calidad de vida.
Los países del norte de Europa encabezan el índice: Noruega, Islandia, Luxemburgo, Suiza y Dinamarca ocupan los cinco primeros puestos.


