Estadounidenses que se quedan en casa.
No cabe duda del poder transformador de la tecnología. Los avances tecnológicos han dado lugar a experiencias de entretenimiento nuevas y mejoradas: desde permitirnos ver en streaming nuestros programas favoritos cuando queremos hasta sumergirnos en mundos virtuales. Están cambiando nuestra forma de ganarnos la vida al facilitar el trabajo a distancia y, ahora, en vez de salir a comprar cosas, compramos por internet. Los estadounidenses pasan más tiempo en casa y, según un nuevo estudio, ese cambio de estilo de vida está afectando al consumo de energía.
Para el estudio, que fue publicado en la revista científica Joule, investigadores de la Universidad de Texas en Austin y del Instituto de Tecnología de Rochester analizaron datos de 2003 a 2012 de la Encuesta estadounidense sobre el uso del tiempo (ATUS), una encuesta de la Oficina de Estadísticas Laborales de Estados Unidos que recopila información sobre los horarios diarios de unos 11.000 estadounidenses.
Los investigadores descubrieron que, en 2012, los estadounidenses pasaban en casa una media de ocho días más que en 2003. A la inversa, al pasar más tiempo en casa, en 2012 dedicaron menos tiempo a desplazarse (1,2 días) y a permanecer en edificios o espacios no residenciales (6,7 días) que en 2003.
Según el análisis de los investigadores, la edad de los encuestados influía en el tiempo que pasaban en casa. Las personas de entre 18 y 24 años pasaron en promedio dos semanas más en casa en 2012 que en 2002, un cambio un 70 por ciento mayor que el del resto de la población.
En cuanto a lo que hacían en casa, la mayoría dedicaba el tiempo a trabajar, ver vídeos y usar computadoras. Al mismo tiempo, también pasaban más tiempo atendiendo las «necesidades básicas», como dormir, preparar comidas y comer.
Sin embargo, los investigadores no se limitaron a centrarse en el hecho de que los estadounidenses pasan más tiempo en casa: también estudiaron cómo ese cambio de estilo de vida afectaba al consumo de energía. Lo que descubrieron les sorprendió: quedarse en casa redujo la demanda nacional media de energía en una cifra estimada de 1.700 billones de BTU en 2012. Eso equivale aproximadamente al 1,8 por ciento de la demanda nacional total de energía de ese año.
«Esperábamos que el consumo neto de energía disminuyera, pero no teníamos idea de la magnitud», declaró el investigador principal Ashok Sekar, de la Universidad de Texas en Austin, en un comunicado de prensa.

Como explicó Sekar a Futurism, esa cantidad de energía equivale aproximadamente al consumo total de energía del estado de Kentucky en 2015. Es más de lo que Connecticut, Hawái y Nevada consumieron en conjunto ese mismo año, y casi la mitad de toda la energía consumida por el estado de Nueva York en 2015.
«También se podría comparar [con el] consumo anual de energía de un automóvil», explicó a Futurism el coautor Eric Williams. «1.700 billones de BTU equivalen a la gasolina que consumirían 30 millones de automóviles en un año».
Beneficios ambientales.
Este cambio de estilo de vida podría tener un impacto ambiental notable.
Si los estadounidenses se quedan en casa con más frecuencia, consumen menos combustible para el transporte, que sigue siendo una de las principales fuentes de gases de efecto invernadero. En 2015, alrededor del 27 por ciento de las emisiones de carbono en Estados Unidos procedían del transporte, según la Agencia de Protección Ambiental (EPA). Es de suponer que esa cifra podría haber sido más alta si la tecnología no hubiera permitido a los estadounidenses trabajar o comprar a distancia.
El equipo señaló que su estudio no tiene en cuenta las diferencias de ubicación, mercados laborales o características demográficas que podrían afectar a las actividades y, por tanto, a las emisiones.
«La tendencia que presentamos en el estudio corresponde a la población media», explicó Sekar a Futurism. «Los resultados pueden variar mucho entre quienes viven en zonas urbanas y quienes viven en zonas rurales. [Por ejemplo], las personas que viven en la ciudad pueden usar el transporte público, cuyo consumo de energía es relativamente mucho menor que el de quienes conducen sus automóviles».
Sin embargo, el estudio del equipo deja algo claro: la tecnología sí influye en el estilo de vida y esa influencia está reduciendo actualmente el consumo de energía. Si el cambio de hábitos y estilo de vida continúa su trayectoria actual, podría desempeñar un papel importante en la lucha contra el cambio climático, junto con la reducción del consumo de combustibles fósiles y el aumento del uso de alternativas de energía limpia.


