Un nuevo informe del MIT examina cómo lograr que la tecnología sirva a la sociedad

New recruit "Pepper" the robot, a humanoid robot designed to welcome and take care of visitors and patients, holds the hand of a new born baby next to his mother at AZ Damiaan hospital in Ostend, Belgium June 16, 2016. REUTERS/Francois Lenoir TPX IMAGES OF THE DAY - D1AETKFZXJAA
The likelihood of robots, automation, and artificial intelligence (AI) wiping out huge sectors of the workforce in the near future is exaggerated, the task force concludes.Image: REUTERS/Francois Lenoir TPX IMAGES OF THE DAY - D1AETKFZXJAA
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El grupo de trabajo pide medidas públicas y privadas audaces para aprovechar la tecnología en favor de la prosperidad compartida.

Es poco probable que la automatización elimine millones de empleos en un futuro próximo, pero EE. UU. aún necesita políticas mucho mejores si los estadounidenses quieren construir mejores carreras profesionales y compartir la prosperidad a medida que se producen los cambios tecnológicos, según un nuevo informe del MIT sobre el lugar de trabajo.

El informe, que recoge las conclusiones iniciales del Grupo de Trabajo sobre el Trabajo del Futuro del MIT, desmiente algunas ideas convencionales y dibuja un panorama matizado de la evolución de la tecnología y el empleo, tema de intensos debates públicos.

La probabilidad de que los robots, la automatización y la inteligencia artificial (IA) eliminen grandes sectores de la fuerza laboral en un futuro cercano está exagerada, concluye el grupo de trabajo, pero existe motivo de preocupación por el impacto de las nuevas tecnologías en el mercado laboral. En las últimas décadas, la tecnología ha contribuido a la polarización del empleo, beneficiando de forma desproporcionada a los profesionales altamente cualificados mientras reduce las oportunidades de muchos otros trabajadores, y las nuevas tecnologías podrían agravar esta tendencia.

Además, el informe subraya que, en un momento de desigualdad de ingresos histórica, el desafío crítico no es necesariamente la falta de empleos, sino la baja calidad de muchos de ellos y la consiguiente falta de carreras viables para muchas personas, en particular para los trabajadores sin titulación universitaria. Con esto en mente, el trabajo del futuro puede configurarse de manera beneficiosa mediante nuevas políticas, un apoyo renovado al trabajo y instituciones reformadas, y no solo con nuevas tecnologías. En términos generales, concluye el grupo de trabajo, el capitalismo en EE. UU. debe atender tanto los intereses de los trabajadores como los de los accionistas.

“En el MIT nos inspira la idea de que la tecnología puede ser una fuerza para el bien. Pero si como nación queremos asegurarnos de que las tecnologías actuales evolucionen de forma que contribuyan a construir una sociedad más sana y equitativa, debemos actuar con rapidez para desarrollar e implementar respuestas políticas sólidas e ilustradas”, afirma L. Rafael Reif, presidente del MIT, que en 2017 pidió la creación del Grupo de Trabajo sobre el Trabajo del Futuro.

“Afortunadamente, las duras consecuencias sociales que nos preocupan a todos no son inevitables”, añade Reif. “Las tecnologías encarnan los valores de quienes las crean, y las políticas que construyamos en torno a ellas pueden dar forma de manera profunda a su impacto. Que el resultado sea inclusivo o excluyente, justo o de libre mercado sin restricciones, depende, por tanto, de todos nosotros. Estoy profundamente agradecido a los miembros del grupo de trabajo por sus últimas conclusiones y por sus esfuerzos constantes para allanar un camino de progreso.”

“Hay mucha retórica alarmista sobre la llegada de los robots”, añade Elisabeth Beck Reynolds, directora ejecutiva del grupo de trabajo y también directora ejecutiva del MIT Industrial Performance Center. “La labor del MIT es desmontar parte de este revuelo y aportar perspectiva a este debate.”

Reynolds también califica el interés del grupo de trabajo por nuevas orientaciones políticas como “clásicamente estadounidense en su disposición a considerar la innovación y la experimentación”.

Ansiedad y desigualdad

El núcleo del grupo de trabajo está formado por un grupo de académicos del MIT. Su investigación se ha basado en nuevos datos, en el conocimiento experto de numerosos sectores tecnológicos y en un análisis detallado tanto de empresas centradas en la tecnología como de datos económicos que abarcan la era de la posguerra.

El informe aborda varias complejidades del lugar de trabajo. El desempleo en EE. UU. es bajo, pero los trabajadores sienten una ansiedad considerable, procedente de múltiples fuentes. Una de ellas es la tecnología: una encuesta de 2018 del Pew Research Center reveló que entre el 65 y el 90 por ciento de los encuestados en países industrializados piensan que los ordenadores y los robots se harán cargo de muchos de los empleos que hoy realizan personas, mientras que menos de un tercio cree que estas tecnologías generarán empleos mejor remunerados.

Otra preocupación para los trabajadores es el estancamiento de los ingresos: ajustado por inflación, el 92 por ciento de los estadounidenses nacidos en 1940 ganaba más dinero que sus padres, pero solo alrededor de la mitad de las personas nacidas en 1980 puede afirmar lo mismo.

“El crecimiento persistente en la cantidad de empleos no se ha visto igualado por un crecimiento equivalente en la calidad del empleo”, afirma el informe del grupo de trabajo.

Las aplicaciones de la tecnología han alimentado la desigualdad en las últimas décadas. Las innovaciones de alta tecnología han desplazado a los trabajadores de “cualificación media” que realizan tareas rutinarias, desde asistentes de oficina hasta operarios de cadenas de montaje, pero estas innovaciones han complementado las actividades de muchos trabajadores de cuello blanco en medicina, ciencia e ingeniería, finanzas y otros campos. La tecnología tampoco ha desplazado a los trabajadores de servicios de menor cualificación, lo que ha dado lugar a una fuerza laboral polarizada. Los empleos de cualificación alta y baja han crecido, los de cualificación media se han reducido y los aumentos de ingresos se han concentrado entre los trabajadores de cuello blanco.

“Los avances tecnológicos sí generaron crecimiento de la productividad durante las últimas cuatro décadas”, afirma el informe. “Pero el crecimiento de la productividad no se tradujo en prosperidad compartida.”

De hecho, afirma David Autor, catedrático Ford de Economía en el MIT, subjefe del Departamento de Economía del MIT y copresidente del grupo de trabajo: “Creemos que la gente es pesimista porque intuye algo. Aunque no faltan empleos, los beneficios se han distribuido de forma tan desigual que la mayoría de las personas apenas se ha beneficiado. Si las próximas cuatro décadas de automatización van a parecerse a las cuatro últimas, la gente tiene motivos para preocuparse.”

Innovaciones productivas frente a la “tecnología mediocre”

Una gran pregunta, por tanto, es qué le depara a las próximas décadas de automatización. Como explica el informe, algunas innovaciones tecnológicas son ampliamente productivas, mientras que otras son simplemente “tecnologías mediocres”, un término acuñado por los economistas Daron Acemoglu, del MIT, y Pascual Restrepo, de la Universidad de Boston, para describir tecnologías que sustituyen a los trabajadores sin mejorar notablemente los servicios ni aumentar la productividad.

Por ejemplo, la electricidad y las bombillas fueron ampliamente productivas, pues permitieron la expansión de otros tipos de trabajo. Pero la tecnología automatizada que permite la autocaja en farmacias o supermercados simplemente sustituye a los trabajadores sin aumentar de forma notable la eficiencia para el cliente ni la productividad.

“Es una tecnología que sustituye mucho trabajo, pero que tiene un valor de productividad muy modesto”, dice Autor sobre estos sistemas automatizados. “Esa es una ‘tecnología mediocre’. La era digital ha traído tecnologías fabulosas para la complementariedad de competencias [para los trabajadores de cuello blanco], pero tecnologías mediocres para todos los demás. No todas las innovaciones que elevan la productividad desplazan a los trabajadores, y no todas las innovaciones que desplazan a los trabajadores aportan mucho a la productividad.”

Según el informe, varias fuerzas han contribuido a este desequilibrio. “Los ordenadores e internet permitieron una digitalización del trabajo que hizo más productivos a los trabajadores altamente cualificados y facilitó la sustitución por maquinaria de los trabajadores con menor formación”, escriben los autores.

Dado el balance desigual de las últimas cuatro décadas, ¿la llegada de la robótica y la IA anuncia un futuro más prometedor o uno más sombrío? El grupo de trabajo sugiere que la respuesta depende de cómo los seres humanos den forma a ese futuro. Las tecnologías nuevas y emergentes aumentarán la producción económica agregada e impulsarán la riqueza, y ofrecerán a las personas el potencial de mejores niveles de vida, mejores condiciones laborales, mayor seguridad económica y una mejor salud y longevidad. Pero que la sociedad aproveche este potencial, señala el informe, depende de manera decisiva de las instituciones que transformen la riqueza agregada en una mayor prosperidad compartida y no en una desigualdad creciente.

Algo que el grupo de trabajo no prevé es un futuro en el que la experiencia, el juicio y la creatividad humanos sean menos esenciales de lo que son hoy.

“La historia reciente demuestra que los avances clave en robótica laboral —aquellos que aumentan radicalmente la productividad— dependen de avances en el diseño del trabajo que a menudo tardan años o incluso décadas en lograrse”, afirma el informe.

A medida que los robots ganen flexibilidad y capacidad de adaptación a situaciones concretas, asumirán sin duda un conjunto mayor de tareas en almacenes, hospitales y tiendas, como levantar, reponer, transportar, limpiar, así como tareas físicas incómodas que requieren recoger, cosechar, agacharse o ponerse en cuclillas.

Los miembros del grupo de trabajo creen que estos avances en robótica desplazarán tareas humanas relativamente mal pagadas y aumentarán la productividad de los trabajadores, cuya atención quedará liberada para centrarse en trabajos de mayor valor añadido. El ritmo al que estas tareas se delegarán en máquinas se acelerará por el crecimiento lento, los mercados laborales ajustados y el rápido envejecimiento de la población activa en la mayoría de los países industrializados, incluido EE. UU.

Y aunque el aprendizaje automático —clasificación de imágenes, análisis en tiempo real, previsión de datos y más— ha mejorado, puede que simplemente altere los empleos en lugar de eliminarlos: los radiólogos, por ejemplo, hacen mucho más que interpretar radiografías. El grupo de trabajo también observa que los desarrolladores de vehículos autónomos, otro tema candente en los medios, han estado “dando marcha atrás” en sus plazos y ambiciones durante el último año.

“El reciente replanteamiento de las expectativas sobre los coches sin conductor es un indicador adelantado de otros tipos de sistemas basados en IA”, afirma David A. Mindell, copresidente del grupo de trabajo, catedrático de aeronáutica y astronáutica y catedrático Dibner de Historia de la Ingeniería y la Manufactura en el MIT. “Estas tecnologías son muy prometedoras, pero se necesita tiempo para entender la combinación óptima de personas y máquinas. Y el momento de la adopción es crucial para comprender el impacto en los trabajadores.”

Propuestas de política para el futuro

Aun así, si el peor escenario de un “apocalipsis laboral” es poco probable, el despliegue continuado de tecnologías mediocres podría empeorar el futuro del trabajo para muchas personas.

Si las personas temen que las tecnologías puedan limitar las oportunidades, la movilidad social y la prosperidad compartida, el informe señala: “La historia económica confirma que este sentimiento no es ni infundado ni equivocado. Hay sobradas razones para preocuparse por si los avances tecnológicos mejorarán o erosionarán las perspectivas de empleo e ingresos de la mayor parte de la fuerza laboral.”

Al mismo tiempo, el informe del grupo de trabajo encuentra motivos para un “optimismo moderado”, al afirmar que mejores políticas pueden mejorar significativamente el trabajo del mañana.

“La tecnología es un producto humano”, dice Mindell. “Damos forma al cambio tecnológico a través de nuestras decisiones sobre inversiones, incentivos, valores culturales y objetivos políticos.”

Con este fin, el grupo de trabajo se centra en algunas áreas políticas clave. Una es la inversión renovada en formación postsecundaria para el empleo fuera del sistema universitario de cuatro años, y no solo en las competencias STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas), sino también en lectura, escritura y las “habilidades sociales” de trabajo en equipo y juicio.

Los colegios comunitarios son los mayores proveedores de formación del país, con 12 millones de estudiantes, con y sin créditos, y constituyen un lugar natural para reforzar la formación para el empleo. El grupo de trabajo señala también que están surgiendo numerosos modelos nuevos para obtener titulaciones educativas. El informe destaca además el valor de los múltiples tipos de programas de formación en el puesto de trabajo para los trabajadores.

Sin embargo, advierte el informe, las inversiones en educación pueden ser necesarias pero no suficientes para los trabajadores: “Confiar en que ‘si les damos formación, llegarán los empleos’ es una base insuficiente para construir un mercado laboral más productivo y económicamente seguro.”

De forma más amplia, por tanto, el informe sostiene que hay que reequilibrar los intereses del capital y del trabajo. EE. UU., señala, “es único entre las economías de mercado por venerar el capitalismo puro de accionistas”, aunque los trabajadores y las comunidades también son partes interesadas de las empresas.

“Dentro de este paradigma [del capitalismo puro de accionistas], los costes personales, sociales y públicos de los despidos y los cierres de plantas no deberían desempeñar un papel fundamental en la toma de decisiones de las empresas”, afirma el informe.

El grupo de trabajo recomienda un mayor reconocimiento de los trabajadores como partes interesadas en la toma de decisiones corporativas. Revertir la erosión, de décadas, del poder de negociación de los trabajadores exigirá nuevas instituciones que orienten la trayectoria de la innovación hacia hacer a los trabajadores más productivos en lugar de menos necesarios. El informe sostiene que el sistema adversarial de negociación colectiva, consagrado en la legislación laboral estadounidense adoptada durante la Gran Depresión, necesita con urgencia una reforma.

El código tributario de EE. UU. también puede modificarse para ayudar a los trabajadores. En la actualidad favorece las inversiones en capital frente al trabajo: por ejemplo, la depreciación del capital puede deducirse, y la inversión en I+D recibe un crédito fiscal, mientras que las inversiones en los trabajadores no producen beneficios equivalentes. El grupo de trabajo recomienda una nueva política fiscal que también incentive las inversiones en capital humano, por ejemplo mediante programas de formación.

Además, el grupo de trabajo recomienda restablecer el apoyo a la I+D a niveles anteriores y reconstruir el liderazgo de EE. UU. en el desarrollo de nuevas tecnologías relacionadas con la IA, “no solo para ganar, sino para liderar la innovación en direcciones que beneficien a la nación: complementando a los trabajadores, impulsando la productividad y fortaleciendo la base económica de la prosperidad compartida”.

En última instancia, el objetivo del grupo de trabajo es fomentar la inversión en tecnologías que mejoren la productividad y garantizar que los trabajadores compartan la prosperidad que podría derivarse de ello.

“No cabe duda de que el progreso tecnológico que eleva la productividad crea oportunidades”, afirma Autor. “Amplía el conjunto de posibilidades que se pueden hacer realidad. Pero no garantiza que se tomen buenas decisiones.”

Reynolds añade: “La pregunta para las empresas de cara al futuro es: ¿cómo van a mejorar su productividad de formas que permitan una mayor calidad y eficiencia, y que no se limiten a recortar costes e incorporar tecnología marginalmente mejor?”

Más investigación y análisis

Además de Reynolds, Autor y Mindell, el grupo central del Grupo de Trabajo sobre el Trabajo del Futuro del MIT está formado por 18 profesores del MIT que representan a las cinco escuelas del Instituto. Asimismo, el proyecto cuenta con un consejo asesor de 22 miembros, procedentes de las filas de líderes empresariales, antiguos funcionarios gubernamentales y el mundo académico; un consejo de investigación de 14 académicos, y ocho estudiantes de posgrado. El grupo de trabajo también consultó a directivos empresariales, líderes sindicales y responsables de colegios comunitarios, entre otros.

El grupo de trabajo continúa otros proyectos influyentes del MIT, como la Comisión de Productividad Industrial, un estudio intensivo y plurianual de la industria estadounidense en la década de 1980. Ese esfuerzo dio lugar al libro de amplia difusión “Made in America”, así como a la creación del MIT Industrial Performance Center.

El grupo de trabajo actual aprovecha la profunda base de conocimiento del MIT en una amplia gama de tecnologías, así como sus fortalezas en las ciencias sociales.

“El MIT está desarrollando tecnología de vanguardia”, afirma Reynolds. “No necesariamente lo que se introducirá mañana, sino lo que llegará dentro de cinco, diez o veinticinco años. Vemos lo que se vislumbra en el horizonte, y nuestros investigadores quieren aportar realismo y contexto al debate público.”

El informe actual es un avance del grupo de trabajo; el grupo prevé realizar investigaciones adicionales durante el próximo año y, después, publicará una versión final del informe.

“Lo que intentamos hacer con este trabajo”, concluye Reynolds, “es ofrecer una perspectiva holística, que no solo trate del mercado laboral ni solo de la tecnología, sino que lo integre todo, para un debate más racional y productivo en la esfera pública.”

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