La creciente población joven de MENA es una enorme oportunidad, si sabemos aprovecharla

Boys jump into the river Nile during hot weather on the outskirts of Cairo, Egypt, August 12, 2015
MENA's imminent demographic dividend could be an enormous boost to the region's economic developmentImage: REUTERS/Mohamed Abd El Ghany
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Se prevé que la población de la región de Oriente Medio y el Norte de África se duplique en tamaño durante la primera mitad del siglo XXI, con cambios importantes en la estructura por edades. La población de adolescentes y jóvenes aumentará en casi todos los países de la región, ampliando la proporción de población en edad de trabajar, con menos dependientes a los que mantener.

Según un informe de UNICEF, esto podría generar un dividendo demográfico: con las inversiones y oportunidades adecuadas, la población en edad de trabajar dispondrá de más ingresos, lo que a su vez puede impulsar un mayor consumo, producción e inversión, acelerando en última instancia el crecimiento y la riqueza compartida. Los niños y los jóvenes son una poderosa fuerza de cambio para construir un futuro próspero y estable para ellos mismos, sus comunidades y sus países.

Ahora es una oportunidad histórica para invertir en el capital humano de los niños y los jóvenes, mejorando sus perspectivas de empleo productivo y de crecimiento económico. Inversión en la salud, la protección y la educación de quienes están pasando a su etapa más productiva desde el punto de vista económico: los niños, adolescentes y jóvenes de hoy. Esta oportunidad única de dividendo demográfico, es decir, de crecimiento económico derivado de los cambios demográficos, solo se presentará hasta 2040.

El dividendo demográfico no surge automáticamente: hay que cultivarlo. Los jóvenes sanos, bien nutridos y bien educados, apoyados por políticas inclusivas en un clima de paz y estabilidad, pueden aportar niveles de crecimiento y progreso social sin precedentes a la región. Pero si no invertimos lo suficiente en los niños y los jóvenes, un gran número seguirá quedando excluido. Prevalecerán el conflicto y la inestabilidad, y los cambios demográficos de la región se convertirán en una carga en lugar de una oportunidad.

Image: UNICEF

Los países de la región se encuentran en distintas etapas de sus transiciones demográficas. Mientras que, para algunos, la ventana de oportunidad para aprovechar el dividendo demográfico sigue completamente abierta, otros disponen de poco tiempo para aprovecharla. Si los países no invierten ahora en sus niños, adolescentes y jóvenes para prepararlos y encaminarlos hacia una vida adulta productiva, la oportunidad única del dividendo demográfico se les escapará de las manos.

Es necesario actuar ahora para invertir en los niños y los jóvenes, y ello requiere los esfuerzos, la energía, los recursos y el ingenio de todos, incluido el sector privado. Esto incluye inversiones en desarrollo infantil temprano, aprendizaje permanente, la transición de la educación al empleo, el desbloqueo del potencial de las niñas y las mujeres, y la participación de los adolescentes y jóvenes en las decisiones que les afectan. Se trata de un llamamiento al sector privado para que actúe no solo por caridad ni solo por responsabilidad social corporativa, sino, sobre todo, desde una perspectiva económica realista de inversión inteligente que permita desbloquear niveles sin precedentes de crecimiento y avances en el bienestar social.

Impulsada por el impacto transformador de las nuevas tecnologías y los datos, esta nueva generación es clave para crear un nuevo camino de progreso social y económico en la región. Tanto los gobiernos como el sector privado tienen un interés conjunto, y una responsabilidad compartida, en garantizar una fuerza laboral futura sana y bien educada.

Inversión en desarrollo infantil temprano

Durante la primera infancia, especialmente los primeros 1000 días de vida, se sientan las bases de la capacidad cognitiva de por vida de un niño. En los primeros años de la infancia, las conexiones neuronales se producen a una velocidad vertiginosa, una velocidad que nunca se volverá a alcanzar más adelante en la vida. Este proceso se nutre de una salud y una nutrición adecuadas, de la protección frente a daños y de una estimulación receptiva y un aprendizaje temprano.

El desarrollo infantil temprano se considera una de las inversiones más eficientes en términos de costes en capital humano, pues sienta las bases del desarrollo físico, emocional y cognitivo de un niño. Se estima que la tasa de rentabilidad de invertir en la primera infancia alcanza hasta 17 dólares por cada dólar invertido, y los posibles beneficios a largo plazo podrían incluso llegar hasta 34 dólares por cada dólar invertido. La ciencia ha demostrado que las intervenciones en la primera infancia son importantes para mitigar el impacto de las experiencias adversas tempranas.

Inversión en aprendizaje permanente

La adaptación a las nuevas tecnologías e innovaciones está creando nuevos tipos de empleo, y una gran proporción de niños y adolescentes trabajará en ocupaciones que todavía no existen. Este entorno social y económico, que cambia rápidamente, exige nuevas competencias casi de la noche a la mañana. Las competencias de «adaptabilidad», es decir, la capacidad de responder a nuevas circunstancias y de desaprender y reaprender con rapidez, son cada vez más demandadas. La capacidad de los países para afrontar la demanda de nuevas competencias laborales depende de la rapidez con que la oferta de esas competencias se adapte, ya sea dentro del propio sistema educativo o mediante oportunidades de formación en el puesto de trabajo.

Actualmente, para las personas, la tasa de rentabilidad privada de la inversión en educación se estima en un 9 % por cada año adicional de escolarización. Las tasas de rentabilidad social de la escolarización superan incluso el 10 % en los niveles de educación secundaria y superior. Los rendimientos económicos de las competencias socioconductuales, esas «competencias para la adaptabilidad» o, como las llamamos, «competencias para la vida», suelen ser tan grandes como los asociados a las competencias cognitivas. Los rendimientos de la educación son especialmente altos cuando la tecnología está cambiando: las personas con mayor capital humano se adaptan más rápido al cambio. El capital humano también importa a las sociedades; las personas más instruidas confían más en los demás y son más tolerantes, por lo que invertir en educación puede contribuir a una mayor cohesión social.

Facilitar la transición de la educación al empleo

La transición de la infancia a la edad adulta no consiste solo en adquirir competencias, sino en su aplicación real, como se refleja en la transición a la educación secundaria o terciaria, o en la transición de la educación al empleo o al emprendimiento.

Esto requiere un enfoque triple. En primer lugar, los sistemas educativos deben reflejar los contenidos y las competencias que exige el mercado laboral. En segundo lugar, el aprendizaje debe incluir competencias prácticas y contacto con el mundo laboral a través de prácticas, aprendizajes o oportunidades similares. En tercer lugar, el sector privado debe absorber a los nuevos integrantes de la fuerza laboral, ya sea creando empleo o proporcionando un entorno favorable para el emprendimiento juvenil.

Desbloquear el potencial de las niñas y las jóvenes

La participación de las mujeres en la fuerza laboral de la región MENA es notablemente baja. La brecha de participación laboral por género en la región es, de hecho, la mayor del mundo, lo que significa que la región renuncia a una parte importante de su capital humano y limita su crecimiento económico. Cerrar esta brecha de género liberaría capital humano y contribuiría al desarrollo económico y social, con un enorme potencial de crecimiento económico.

Implicar a los adolescentes y jóvenes en el proceso

En general, el primer paso para acelerar el debate en torno a la Generación MENA 2030 es simplemente preguntar a los propios jóvenes, creando espacios en los que los niños y los jóvenes puedan expresar sus inquietudes y compartir sus ideas, e implicándolos en las decisiones que afectan a sus vidas.

Invertir en niños y jóvenes para desbloquear el dividendo demográfico es un ámbito en el que los intereses de los gobiernos, el sector privado y las organizaciones internacionales coinciden plenamente. Esto exige una acción conjunta de todos para invertir hoy en los niños y los jóvenes de la región y asegurar mañana una región próspera.

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