El mundo necesita con urgencia mejores herramientas para gestionar la migración internacional. Pero pocos están de acuerdo sobre cómo crear esas herramientas o siquiera cuáles necesitamos.
Ahora tenemos una oportunidad excepcional para hacerlo. El mundo ha centrado su atención en la migración, mientras cientos de miles de personas se desplazan por Libia, Myanmar, México y otros lugares. La migración ha sacudido las elecciones y alianzas más influyentes del mundo. Y las Naciones Unidas han abierto negociaciones para un nuevo Pacto Mundial para una Migración Segura, Ordenada y Regular, cuya aprobación está prevista para 2018.
El mundo no puede aspirar a una migración «segura, ordenada y regular» sin innovar: necesita nuevas formas de migración legal.
No hay alternativa a la innovación
Sin duda, habrá más migración. Pensemos en los 800 millones de personas en edad de trabajar que se sumarán al África subsahariana para 2050. Ese aumento equivale a 24 veces toda la fuerza laboral actual del Reino Unido. Es una noticia maravillosa, una de las mejores de nuestro tiempo, porque se debe en gran medida al drástico descenso de la mortalidad infantil en África durante las últimas décadas.
Estas presiones, combinadas con el envejecimiento y, en ocasiones, la reducción de la fuerza laboral de muchas economías avanzadas, garantizan prácticamente que aumentará la presión migratoria. La pregunta no es si habrá más migración, sino si se producirá en condiciones que permitan desplegar el potencial de esos jóvenes o lo desperdicien.
El problema es que una mayor migración por las vías de siempre genera una gran controversia. No solo en los países de destino de los migrantes, sino también en los países de origen. De hecho, hay una fractura en el núcleo de las negociaciones actuales sobre un Pacto Mundial para la Migración: muchos países de destino consideran que sus intereses se atienden mejor con una migración de personas relativamente cualificadas, si es que la hay. Y muchos países de origen desconfían profundamente de la migración de personas altamente cualificadas y prefieren una migración de personas con cualificaciones relativamente bajas, si es que la hay.
El pacto mundial es una oportunidad excepcional para llegar a un acuerdo que beneficie a todos.

Una herramienta nueva entre muchas
Esta es una innovación que podría ayudar, entre muchas que necesitamos. Una Alianza Mundial de Competencias es un acuerdo bilateral concebido para compartir de manera sensata los beneficios y costes de la migración de personas cualificadas entre los países de destino y los de origen. Los empleadores y gobiernos de los países de destino apoyan la formación técnica de los migrantes en sus países de origen, antes de que se trasladen, con subvenciones cruzadas para formar a quienes no migran.
Bien concebida, una Alianza Mundial de Competencias puede beneficiar a todos los implicados. Los jóvenes que desean trabajar en el extranjero pueden aprovechar enormes oportunidades para sí mismos y sus familias. Los países de destino reciben migrantes con las competencias precisas que necesitan para contribuir al máximo e integrarse rápidamente. Los países de origen reciben financiación y transferencia de tecnología para apoyar la formación tanto de migrantes como de quienes no migran: un motor de financiación y creación de capital humano, no una sangría.
Por qué puede funcionar
El fundamento económico de una Alianza Mundial de Competencias es una doble oportunidad de arbitraje. Primero, trabajadores como el personal de enfermería, hostelería y mecánica pueden ser cientos de puntos porcentuales más valiosos, en términos estrictamente económicos, si prestan sus servicios en un país rico en vez de uno pobre. Segundo, formar a esos trabajadores en un país pobre puede costar una pequeña fracción de lo que costaría en uno rico. Esto significa que una Alianza Mundial de Competencias no supone quitar a unos para dar a otros. Como toda oportunidad de arbitraje, permite crear valor y agrandar el pastel en beneficio de todos.
Algunos aspectos de este enfoque se han probado en numerosos contextos. Entre los modelos del sector público figuran el Colegio Técnico Australia-Pacífico y la labor pionera de Alemania en la formación de personal de enfermería en el extranjero. Entre los modelos del sector privado figura el Centro de Formación y Contratación Porsche Asia. Estos programas forman a trabajadores en hostelería, salud, mecatrónica y otros campos durante periodos que van de unos meses a dos años. En todos estos acuerdos, los gobiernos o las empresas de los países de destino apoyan la formación de futuros migrantes en sus países de origen. Han superado muchos de los obstáculos logísticos previsibles de una iniciativa global de este tipo.
Una oportunidad excepcional
El Pacto Mundial para la Migración representa una oportunidad poco común para alcanzar consenso político y compromiso con una gobernanza migratoria segura, positiva y pragmática. Las Alianzas Mundiales de Competencias ofrecen una nueva forma de migración que responde a preocupaciones legítimas y generalizadas sobre algunas de las modalidades migratorias actuales.
Mientras los participantes del pacto se preparan para su reunión de balance de diciembre en México, el borrador y, en última instancia, el texto definitivo del pacto deberían comprometerse a poner a prueba acuerdos de Alianzas Mundiales de Competencias entre países en desarrollo de origen de migrantes y países desarrollados de destino. También deberían comprometerse con muchas otras innovaciones. El Sindicando de Investigación de Líderes sobre Migración de la Organización Internacional para las Migraciones ha propuesto varias innovaciones que podrían dar buenos resultados. Entre ellas figuran la propuesta de Anna Triandafyllidou de regular la migración laboral por sector económico para reflejar su alto grado de segmentación sectorial, y la propuesta de Jørgen Carling de usar la política de desarrollo para reducir el número de intentos fallidos de migración irregular.
Un pacto mundial que no considere nuevas vías legales de migración se verá desbordado por la realidad. Un pacto mundial que pida más migración por las mismas vías de siempre caerá en saco roto. Un pacto mundial que proponga formas de migración específicas, nuevas y mutuamente beneficiosas se convertirá en una herramienta importante para afrontar los desafíos que se avecinan.


