En su artículo Growing Old and Living Long: Take Your Pick, Laura Carstensen analiza cómo, como resultado de estilos de vida más saludables, mejores prácticas sanitarias y una tasa de natalidad en descenso, la población trabajadora de edad avanzada en los países desarrollados crece lenta pero constantemente. Carstensen, directora del Stanford Center on Longevity, afirma: «Los seres humanos somos extraordinariamente sensibles a las normas sociales. Nos indican cuándo estudiar, cuándo casarnos, cuándo jubilarnos y cuándo tener hijos.» Es esta cultura la que nos guía a lo largo de la vida; pero la cultura no siempre avanza al mismo ritmo que el cambio tecnológico y el consiguiente aumento de la longevidad humana. ¿El resultado? Los años se van sumando gradualmente a la vida laboral de las personas.
Pensar en este fenómeno como «vivir más» (en lugar de «envejecer») nos permite ver en él una oportunidad de avance intelectual y no una carga para la sociedad. Hacerlo abre la puerta a nuevas oportunidades en el capital humano. De hecho, esta mentalidad puede adoptarla no solo la alta dirección, sino también la generación «millennial», que actualmente es objeto de amplios comentarios en los medios de comunicación.
Según Carstensen, entrevistada por Chip Castille, de BlackRock: «Por primera vez en la historia de la humanidad, disponemos de más tiempo. Así que podríamos prolongar la juventud adulta. Podríamos incorporarnos al mundo laboral de forma más gradual y salir de él también de forma más gradual. Podríamos alcanzar el punto álgido de nuestras carreras en los sesenta y los setenta años, en lugar de en los cuarenta y los cincuenta.» El potencial de los empleados con experiencia es hoy mucho mayor que nunca, ya que la sociedad reconoce cada vez más que las empresas deben ofrecer oportunidades de aprendizaje continuo durante toda la trayectoria profesional de una persona.
Elegir una carrera a los veinte años, formar una familia en la treintena y trabajar y ahorrar durante los cuarenta y los sesenta años para jubilarse poco después resulta mucho menos atractivo para la nueva generación de trabajadores, que valora la seguridad laboral, pero que constituye una cohorte especialmente individualista. Además, limita el potencial de los trabajadores más experimentados, en particular de quienes se encuentran en las últimas etapas de su carrera, con intereses y talentos diversos. Carstensen lo expresa así: «Los trabajadores mayores tienden a tener un mayor equilibrio emocional; les importa el sentido de las cosas y orientar a los más jóvenes. De hecho, existen muchas pruebas de que la productividad aumenta con la edad.» Desechar ese valor por la edad de una persona es un derroche y un coste para las empresas que buscan empoderar a su personal y obtener una ventaja competitiva.
Para adaptarse a ello, y permitir que los miembros del equipo alcancen plenamente su potencial tanto a nivel personal como profesional, las empresas deben considerar la posibilidad de ofrecer opciones flexibles a sus empleados en las distintas etapas de la vida. Ya sea ayudando a un empleado consolidado y con experiencia a asumir un nuevo puesto con responsabilidades distintas o a cursar más estudios, estas nuevas trayectorias pueden infundir confianza a las personas.
Un mayor tiempo de vida y de permanencia en el lugar de trabajo ofrece varias oportunidades importantes. Son las siguientes:
Los directivos superiores, o quienes tienen muchos años de experiencia, pueden dedicar más tiempo a orientar a sus colegas.
Amplía el grupo de talento del que pueden disponer las empresas, ya que las nuevas contrataciones procederán de fuera de los mercados de «alto potencial» y «juveniles» disponibles actualmente. En este sentido, es importante que las empresas vayan más allá de la cuestión de cómo captar mejor a los millennials e incluyan a empleados que cumplen los requisitos para jubilarse o se acercan a la edad de jubilación.
Los miembros del equipo tendrán una variedad más amplia de competencias, ya que aumentan las oportunidades de formación continua y de experiencia laboral diversa.
Permite contar con un equipo más diverso e intergeneracional, que aporta perspectivas, capacidad para resolver problemas y experiencia de distintos grupos de edad.
Para que se pueda aprovechar que las personas vivan más años, no obstante, recomendamos a las empresas que lleven a cabo lo siguiente:
Crear una estructura de trabajo flexible, desde horarios adaptables hasta la posibilidad de trabajar desde ubicaciones remotas.
Mantener un diálogo continuo con los miembros del equipo sobre sus ambiciones y objetivos, mucho después de dejar de ser «nuevas contrataciones» en la empresa
Crear programas de apoyo para los miembros del equipo interesados en continuar su formación o en seguir una trayectoria profesional distinta, que van desde la ayuda económica o los horarios modificados hasta opciones flexibles de carrera.
Fomentar la posibilidad de estos cambios dentro de la empresa y propiciar un entorno abierto y de apoyo para quienes deseen perseguir sus objetivos sin temor a represalias que afecten a su bienestar profesional.
Las personas que pasan más tiempo en el lugar de trabajo pueden convertirse en una ventaja competitiva, pero las empresas deben abordar esta cuestión de forma estratégica. Para los millennials, esta cuestión es de importancia directa, ya que realizarán varios cambios de rumbo profesional a lo largo de su vida, sobre todo porque los avances médicos les permitirán vivir más que sus predecesores. Afortunadamente, un creciente grupo de altos directivos empresariales, como el ex consejero delegado de The Walt Disney Company, Michael Eisner, respalda este cambio de mentalidad.
Para aprovechar esta situación, las empresas deben partir del apoyo y del diálogo. De hecho, las oportunidades que presenta el cambio conceptual de «envejecer» a «vivir más años» son enormes. Carstensen, Eisner, el Stanford Centre on Longevity y otros han impulsado este debate. Ahora le toca a la sociedad en su conjunto, incluidos los millennials, sumarse a él.
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Autor: Josh Vanderleest es Project Lead en Gen Y Inc
Imagen: El asistente ejecutivo Mario Rebellato, de 68 años, trabaja con una hoja de cálculo en su escritorio de Pimlico Plumbers, en Londres, el 29 de julio de 2010. REUTERS/Suzanne Plunkett
