Más allá del arcoíris: por qué las empresas deben luchar por los derechos LGBTI fuera del lugar de trabajo

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• Las campañas arcoíris son solo el primer paso en el apoyo del sector privado a la igualdad de las personas LGBTI.

• La influencia corporativa global podría utilizarse en apoyo de las personas LGBTI marginadas.

• Las Normas de la ONU recomiendan la cooperación con organizaciones de la sociedad civil.

Cada año, un número creciente de empresas incluye el mes del Orgullo en sus calendarios, lanzando campañas de marketing y productos arcoíris para mostrar su apoyo a la igualdad de las personas lesbianas, gais, bisexuales, trans e intersexuales. Las personas LGBTI de todo el mundo constituyen un segmento de mercado de cientos de millones de consumidores, y, sin embargo, hasta hace poco se nos olvidaba por completo en el mundo empresarial.

Huelga decir que esta abundancia de arcoíris es motivo de celebración. Para una comunidad que durante mucho tiempo se ha visto obligada a ocultarse por miedo a la violencia y la discriminación –y que aún lo está en muchas partes del mundo–, las campañas arcoíris son un rayo de esperanza que sugiere que quizá avancemos a escala mundial en la dirección correcta hacia la garantía de la igualdad, la visibilidad y el respeto para todas las personas, independientemente de su orientación sexual, identidad y expresión de género y características sexuales.

¿Cómo puede este colorido rayo de esperanza convertirse en un cambio real para las personas LGBTI? ¿Y qué papel puede desempeñar el sector privado en la promoción y la garantía de la inclusión, el respeto y los derechos humanos de las personas LGBTI, no solo durante el mes del Orgullo, sino durante todo el año?

Aliados contra la marginación

El sector privado debe desempeñar un papel en la lucha por la igualdad de las personas LGBTI. Necesitamos su apoyo. Nuestras comunidades están profundamente arraigadas en la exclusión social y económica. De hecho, en lugar de ser aceptadas, las diversas sexualidades, identidades de género o características sexuales se cruzan con otras formas de discriminación para formar barreras al acceder al mercado laboral, especialmente al empleo formal.

Incluso cuando las personas logran superar estas barreras, están sistemáticamente sometidas a discriminación en el empleo, son objeto de acoso o intimidación por ser LGBTI, reciben menos beneficios laborales y pueden incluso ser despedidas simplemente por ser quienes son.

Este escenario de marginación se ha agravado por los efectos económicos de la pandemia mundial de COVID-19, cuando las personas LGBTI no pudieron acceder a las medidas de protección social en lugares donde las leyes no reconocen sus derechos. Además, nuestras comunidades están representadas de forma desproporcionada en el sector del trabajo informal y en determinadas profesiones, entre ellas el trabajo sexual, además de sufrir tasas más elevadas de pobreza. Asimismo, los estudios demostraron que las personas LGBTI también están sobrerrepresentadas entre quienes perdieron sus empleos durante esta pandemia.

Si bien esta situación puede y debe abordarse mediante políticas públicas aplicadas por los gobiernos, no se puede negar el papel crucial que desempeña el sector privado en lo que respecta a la inclusión social y económica.

Las empresas tienen una responsabilidad general de actuar para promover los derechos humanos y el desarrollo, y las mayores empresas están bien posicionadas para hacerlo: muchas tienen ingresos superiores a los de algunos gobiernos. No solo tienen una gran responsabilidad al desarrollar políticas que se aplican a sus lugares de trabajo y cadenas de suministro, sino que también son actores influyentes en la esfera pública –a nivel local, nacional e internacional–, lo que significa que son uno de los agentes más importantes que trabajan para alcanzar los derechos humanos y los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

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¿Cómo puede participar el sector privado?

En 2011, el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas respaldó los Principios Rectores sobre las Empresas y los Derechos Humanos. Estos principios dejan claro que, si bien los Estados son los principales titulares de obligaciones en materia de derechos humanos, el sector privado tiene el deber de respetar todos los derechos humanos reconocidos internacionalmente, incluido el derecho a estar libre de violencia y discriminación por motivos de orientación sexual, identidad y expresión de género y características sexuales. Para las personas LGBTI, esto significa, en primer lugar, garantizar que los lugares de trabajo adopten políticas inclusivas; lamentablemente, muchas empresas aún tienen un largo camino por recorrer.

Pero si queremos lograr un verdadero cambio social, necesitamos que el sector privado vaya más allá de simplemente respetar los derechos humanos en el lugar de trabajo: necesitamos que también los promueva y defienda, especialmente dada la influencia que las empresas y otras instituciones privadas, como los organismos reguladores del deporte, tienen en el mundo globalizado actual. Ya es hora de utilizarla para alcanzar la justicia social. Con esto en mente, se establecieron las Normas de Conducta de la ONU para combatir la discriminación contra las personas LGBTI que no solo ofrecen orientación sobre cómo abordar la discriminación en el lugar de trabajo, sino también sobre cómo llevar el compromiso empresarial más lejos, utilizando su influencia para promover el cambio en el mercado y en la esfera pública.

Las normas ofrecen recomendaciones valiosas para el sector privado; uno de sus puntos centrales es reconocer que el compromiso empresarial debe impulsarse en colaboración con la sociedad civil. Cada contexto local y nacional tendrá sus propios desafíos, con los que los activistas locales estarán familiarizados y, por tanto, podrán ofrecer orientación. La sociedad civil también es fundamental para exigir responsabilidades y reparaciones en aquellos casos en que el sector privado, lamentablemente, no respeta los derechos humanos. Las personas LGBTI han sido y siguen siendo de las afectadas por las violaciones de derechos humanos relacionadas con las empresas. Asociarse con activistas LGBTI locales al participar en la esfera pública es esencial: les pedimos que nos incluyan de forma continua al emprender acciones.

Y, por favor, apóyennos también económicamente. Los mercados están más abiertos a los consumidores LGBTI como consecuencia de los esfuerzos de la sociedad civil de base por cambiar las leyes y las actitudes sobre el terreno. No habría banderas arcoíris en las calles comerciales sin los cambios legales conseguidos con esfuerzo en países que hoy son liberales y abiertos, pero que hace no mucho tiempo criminalizaban y cerraban sus puertas. Las organizaciones LGBTI están enormemente infrafinanciadas y luchan por seguir abiertas durante la COVID-19. Las empresas representan menos del 5 % de la financiación total de las organizaciones LGBTI. Aquí hay una necesidad y una oportunidad.

¿Qué está haciendo el Foro para impulsar la inclusión de las personas LGBTI?

Ya sea mediante la financiación, la promoción en la esfera pública o la adopción de políticas inclusivas en el lugar de trabajo, existen muchas formas en que el sector privado puede apoyar a las comunidades LGBTI. Si queremos garantizar que para 2030 nadie se quede atrás, necesitamos que este apoyo vaya más allá de las banderas arcoíris bien intencionadas.

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