¿Cómo se detiene la reducción de la población de un país?
Si bien algunas sugerencias evidentes pueden venir a la mente, formular respuestas políticas rara vez es sencillo. En ningún lugar se siente esto con mayor intensidad que en Japón, donde la población ha disminuido en más de un cuarto de millón el año pasado.
Equivale a tres veces el número de personas necesarias para llenar el estadio de Wembley, en Londres, en tan solo 52 semanas, y no muestra signos de desaceleración. La población total fue de 126 millones en el año hasta octubre de 2018, una caída del 0,2 % respecto al año anterior, y la octava disminución consecutiva.
Los desafíos demográficos de Japón están bien documentados. Además de tener una de las poblaciones que más rápido disminuyen en el mundo, el envejecimiento es un tema clave. En conjunto, estos problemas subrayan los retos a los que se enfrenta el gobierno del país y plantean interrogantes sobre las políticas que podrían ayudar, entre ellas la flexibilización de las normas de inmigración y la mejora de la participación de la fuerza laboral.
Si bien el primer ministro de Japón, Shinzō Abe, ya ha llevado a cabo algunas reformas, organismos como la OCDE afirman que se necesitan más.
Si bien el envejecimiento se siente con intensidad en Japón en la actualidad, se convertirá en un desafío para todos los países, tanto en lo que respecta a la gestión de una población más envejecida como a la financiación de la atención sanitaria que requiere. Un Libro Blanco del Foro Económico Mundial analizó cómo puede representar una oportunidad, si se aplican las políticas adecuadas para retener a los trabajadores con experiencia. Destacó las empresas que ya están apostando por las plantillas de mayor edad y afirmó que el aprendizaje permanente y las políticas de envejecimiento saludable serán clave.
Según los datos del Ministerio de Asuntos Internos, el número de ciudadanos japoneses disminuyó en más de 430 000, una caída del 0,4 %, mientras que el número de extranjeros aumentó un 8 %. La población bajó en 40 de las 47 prefecturas del país y descendió más de un 1 % en las zonas septentrionales de Akita, Aomori e Iwate.
Impulsar la migración podría ayudar a aliviar algunas de las tensiones: en 2015, la tasa de migración de Japón fue de unas 0,5 por cada mil habitantes, frente a más de 5 por cada mil en Australia y Canadá, según el Fondo Monetario Internacional.
Las personas de 65 años o más representaban el 28 % de la población total, un máximo histórico, y una quinta parte tiene 70 años o más. También se produjo una fuerte caída de la población en edad de trabajar, es decir, de 15 a 64 años, lo que pone de manifiesto que la escasez de mano de obra probablemente seguirá afectando a Japón.
La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos prevé que en 2050 79 de cada 100 personas tendrán 65 años o más.
En su encuesta más reciente sobre el país, la OCDE afirma que se necesitan más reformas para adaptarse al panorama cambiante. Recomienda pasar a sistemas de empleo y salarios más flexibles, basados en el rendimiento y no en la antigüedad. También afirma que la nación debería abolir la jubilación obligatoria a los 60 años y redoblar esfuerzos para facilitar el acceso de las mujeres a los servicios de guardería, a fin de que puedan desempeñar un papel más importante en la fuerza laboral.
“Japón necesita avanzar hacia sistemas de empleo y salarios más flexibles, basados en el rendimiento y no en la edad, para aprovechar mejor su capital humano, incluidas las personas mayores”, afirma el secretario general de la OCDE, Angel Gurria.
“Aunque el empleo femenino ha aumentado significativamente debido a la escasez de mano de obra, las mujeres siguen estando insuficientemente representadas en los puestos de liderazgo. Promover el equilibrio entre vida laboral y personal y la flexibilidad, así como las medidas para erradicar la discriminación, daría lugar a un mayor protagonismo de las mujeres.”


