La clave de una democracia vibrante podría estar en tu lugar de trabajo

People sing the Maltese national anthem as they show a peace sign while attending a funeral ceremony of journalist Daphne Caruana Galizia, who was murdered in a car bomb attack, at the Rotunda Parish Church in Mosta, Malta, November 3, 2017. REUTERS/Alessandro Bianchi
When bosses actively listen to their employees opinions, they help benefit their countries democracy.Image: REUTERS/Alessandro Bianchi
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Cuando vas al trabajo, ¿tu empleador te dice qué hacer y espera que lo hagas? ¿O, en cambio, te pregunta qué opinas que debería hacer la empresa para mejorar sus operaciones y ser más eficiente?

Resulta que los jefes que se toman el tiempo de escuchar a sus empleados e implicarlos en las decisiones de la organización pueden estar fortaleciendo inadvertidamente la democracia de su país.

En un nuevo artículo académico, mis colegas y yo mostramos que la clave de una democracia vibrante puede ser tan sencilla como dar «voz» a los empleados en el lugar de trabajo.

Cuando los trabajadores sienten que tienen poder de decisión sobre los asuntos que les afectan en el trabajo, es más probable que participen en la política fuera del trabajo. Así, los empleados pueden aprender las ventajas de la democracia en el lugar de trabajo y llevar esas habilidades y actitudes positivas a la sociedad civil.

A partir de una muestra de más de 14.000 trabajadores de 27 países, descubrimos que los empleados cuyos jefes les conceden cierto margen de decisión sobre sus tareas tienen muchas más probabilidades de votar en elecciones, pertenecer a un partido político, firmar peticiones, boicotear productos y ponerse en contacto con políticos, entre otras formas de participación política.

En cambio, los empleados que no tienen ningún control sobre su trabajo son mucho más propensos a mostrarse políticamente apáticos fuera del lugar de trabajo.

Los empleados silenciados pueden perjudicar a la comunidad

Ahora más que nunca, las sociedades democráticas deben actuar para salvaguardar nuestras libertades políticas.

Nuestra investigación muestra que una forma sencilla y eficaz de inculcar el amor por la democracia es poner en práctica en el lugar de trabajo lo que predicamos. Esto implica un cambio radical en la forma de gestionar a la fuerza laboral.

Los resultados de nuestra investigación sugieren que tratar a los trabajadores como soldados cuya única tarea es ejecutar las órdenes de la dirección sin cuestionarlas puede tener consecuencias peligrosas para las sociedades y comunidades en las que vivimos.

Los directivos autoritarios suelen sofocar el debate, silenciar a quienes los critican y restar valor a las opiniones de sus subordinados. Los empleados que se atreven a alzar la voz son silenciados rápidamente y aprenden a no volver a hacerlo, sino simplemente a cumplir las órdenes que reciben.

Fuera del trabajo, se sienten desmoralizados y es mucho menos probable que participen en la política local, regional o nacional. Estos empleados, aunque quizá sean más fáciles de gestionar que los que participan activamente, no son buenos ciudadanos.

Otros beneficios de dar «voz» a los trabajadores

Dar «voz» a los trabajadores es fácil y ya se ha demostrado que es una técnica de gestión eficaz. Por ejemplo, esto puede consistir en compartir información estratégica con los empleadosy pedirles sus aportaciones o ideas. También puede significar consultar a los empleados (o a sus representantes) sobre la dirección estratégica de la empresa y darles la oportunidad de hacer sugerencias o recomendaciones.

Puede ser tan sencillo como permitirles decidir dónde celebrar la fiesta de Navidad del personal, o quizá algo más complejo, como organizar la producción en torno a equipos autogestionados.

La propiedad de los empleados es otra forma organizativa innovadora que fomenta la participación de los trabajadores en la toma de decisiones de gestión.

Iniciativas como estas empoderan a los trabajadores y hacen que sientan que se les escucha en el trabajo. Nuestra investigación muestra que trasladarán ese aprecio por el proceso político a sus comunidades, lo que dará lugar a un renovado entusiasmo por la política electoral.

La voz de los empleados puede beneficiar no solo al país, sino también al extranjero. Los intentos anteriores de extender la democracia mediante la guerra han sido costosos y de éxito cuestionable.

Quizá una forma más eficiente de extender la democracia no sea de arriba abajo, sino de abajo arriba. Al promover prácticas de gestión participativa en el extranjero, podríamos sembrar las semillas de un cambio no violento hacia sociedades más libres y democráticas.

Así que, si eres empleado, comparte este artículo con tus compañeros de trabajo y con tu jefe. El futuro político de tu país podría depender de ello.

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