Las investigaciones sugieren que muchos trabajadores esenciales tienen una «vocación» por la carrera profesional que han elegido.
Las personas con «vocación» suelen tener dificultades para mantener el equilibrio entre la vida laboral y personal, y sus funciones profesionales afectan negativamente a sus familias.
Esta presión puede deberse a factores como las horas extraordinarias habituales, los salarios bajos y la falta de personal en las empresas.
Para garantizar el bienestar, las organizaciones deben apoyar activamente a los empleados, así como a sus familias.
La pandemia de COVID-19 ha puesto de manifiesto que muchas personas que desempeñan funciones esenciales, como médicos, enfermeros, agentes de policía y docentes, han trabajado incansablemente, yendo mucho más allá de sus contratos para que todo siguiera funcionando.
Las investigaciones muestran que muchas personas que trabajan en este tipo de empleos afirman haber sentido “una vocación” para dedicarse a su concreta profesión , es decir, un sentimiento interior de que su “trabajo” se convertiría en el propósito de su vida.trabajo se convertiría en el propósito de su vida. Esta idea de tener vocación suele surgir de un fuerte sentido del deber y se encuentra con frecuencia entre el clero, los profesionales de la sanidad y los servicios sociales, los docentes y los agentes de policía, es decir, en funciones que a menudo exigen horas extraordinarias y horarios laborales atípicos.
Las investigaciones también revelan que las personas que siguen una vocación tienden a tener un mayor nivel de resiliencia frente a los efectos negativos del exceso de trabajo y el estrés, y es menos probable que sufran agotamiento. En este sentido, tener vocación puede servir de escudo frente a la presión de las jornadas largas y del trabajo emocional.
Esto es muy positivo para las personas con «vocación». También es una buena noticia para los empleadores, ya que cuentan con empleados muy motivados que suelen ir más allá de lo que se espera de ellos y que son menos propensos a ponerse enfermos. No es de extrañar que las empresas recurran cada vez más a la idea de la vocación para atraer a posibles empleados.
Pero este trabajo, profundamente gratificante, puede tener un alto coste. Muchos trabajadores que siguen una vocación mantienen relaciones disfuncionales o carecen de relaciones estrechas en absoluto. Las personas con vocación también suelen trabajar en exceso y pueden quedarse atrás en cuanto a progreso profesional, ya que a menudo pasan por alto las oportunidades de ascenso y de promoción.
Familias bajo presión
En nuestro artículo publicado recientemente, defendemos que las familias de las personas que desempeñan este tipo de funciones también sufren enormemente. Las personas con vocación pueden tener dificultades para desconectar después del trabajo y les cuesta más equilibrar el trabajo y la vida privada. No son infrecuentes los divorcios ni las relaciones difíciles con los hijos, como tampoco lo son los familiares agotados.
Esto no significa que las personas con vocación no deban seguir sus sueños; por supuesto que deben hacerlo. Como hemos visto a lo largo de la pandemia, personas de multitud de profesiones han ido mucho más allá de sus contratos a pesar de las grandes adversidades. Pero no es justo que las familias tengan que pagar el precio del sacrificio personal de sus seres queridos.
Es injusto que muchos empleados tengan que sacrificarse en organizaciones como el NHS, las universidades, los colegios o el cuerpo de policía. Y que lo hagan pone de manifiesto hasta qué punto muchos empleadores dependen del sentido del deber de las personas para mantener el funcionamiento de las cosas, algo que de otro modo no podrían garantizar.
En efecto, existe una gran diferencia entre un empleado que hace horas extraordinarias (por voluntad propia) en una organización que no las necesita ni las espera y otro que las hace en una organización donde es lo habitual y cuyo modelo operativo depende de ellas. Este tipo de organizaciones suelen pagar salarios que están por debajo del valor de mercado por trabajos comparables y tienen niveles de dotación de personal crónicamente bajos.
Deber de diligencia
Por ello, consideramos que los empleadores que dependen del sacrificio personal tienen un deber de diligencia con las personas con vocación y con sus familias que va más allá del contrato laboral estándar. Las organizaciones deben tener en cuenta explícitamente las relaciones y las personas a cargo de sus empleados, y asegurarse de que su personal no esté perjudicando, en el lugar de trabajo, sus relaciones personales y su vida familiar. Tanto los empleados como sus familias necesitan sentirse escuchados y apoyados en este sentido.
Incluso antes de la pandemia, muchas personas de profesiones vocacionales ya se sacrificaban de forma habitual en su vida laboral. Y, por supuesto, la pandemia no ha hecho sino agravar las exigencias laborales, al mismo tiempo que ha generado preocupaciones para las familias en materia de salud y de cuidado de los hijos.
En tiempos más normales, las personas no deberían necesitar hacer horas extraordinarias, con salarios bajos, para que una organización alcance sus objetivos, sin importar lo nobles que sean dichos objetivos. Aprovechemos la pandemia para replantear las prácticas laborales y sus costes para la vida familiar.

