Según estimaciones oficiales, hasta 12 millones de japoneses podrían desaparecer de la fuerza laboral del país para 2040. Es una caída de alrededor del 20 %.

En comparación con los 65,3 millones de personas en edad de trabajar en 2017, el Ministerio de Salud, Trabajo y Bienestar prevé que solo haya 60,82 millones en 2025 y apenas 52,45 millones en 2040.
Estas previsiones se basan en los muchos años de descenso de la tasa de natalidad de Japón y el consiguiente envejecimiento de la población. En 2018 hubo 921.000 nacimientos y 1,37 millones de defunciones, lo que significa que la población de Japón se redujo en 448.000 personas. Fue la mayor disminución natural de la población registrada hasta la fecha en un año.
El número de trabajadores varones en 2040 disminuirá en 7,11 millones respecto a 2017, mientras que el número de mujeres trabajadoras se reducirá en 5,75 millones.

Combatir los estereotipos de género
Una de las contramedidas que el Gobierno japonés ha intentado poner en marcha es el cambio de las definiciones tradicionales de los roles de género. El estereotipo del «salaryman», entregado a su trabajo, que trabaja jornadas excepcionalmente largas mientras su esposa se queda en casa ocupándose de las tareas domésticas, se ha convertido en parte del problema.
En este contexto de actitudes arraigadas sobre a quién corresponde dejar de trabajar y quedarse en casa cuidando de los hijos, las mujeres japonesas se han mostrado reacias a renunciar a los avances en igualdad laboral que tanto les ha costado conseguir.
A principios de la década de 1970, había más de un millón de matrimonios al año – una tasa de más de 10 por cada 1.000 habitantes. Pero en 2017, 606.863 parejas contrajeron matrimonio, y la tasa de nupcialidad había descendido a solo 4,9. La igualdad en el lugar de trabajo es un concepto jurídico relativamente reciente en la fuerza laboral japonesa; la Ley de Igualdad de Oportunidades en el Empleo de 1986 dio a las mujeres acceso a las carreras profesionales sin barreras discriminatorias.
No es un problema exclusivo de la fuerza laboral japonesa
Varias otras economías desarrolladas se enfrentan a un conjunto de desafíos similares. Sus experiencias podrían ayudar a configurar nuevas decisiones políticas en Japón.
Polonia es uno de esos países. Al igual que Japón, su tasa de natalidad está disminuyendo y para 2050, la mitad de su población tendrá 50 años o más, mientras que la población total será un 10 % menor que en 2015. El número de polacos en edad de trabajar disminuirá un 28 % en ese periodo. Parte del desafío al que se enfrenta Polonia ha sido la gran proporción de jóvenes que emigraron tras la Ley de Ampliación Europea de 2004, que les concedió el derecho a vivir y trabajar en otros lugares de la UE. Según la Comisión Europea, el efecto de esta bomba de relojería demográfica sobre el PIB per cápita de Polonia será una caída del crecimiento del 4,7 % al 3 % (del PIB) a partir de 2021.

La adopción de políticas favorables a la familia, en especial para animar a las mujeres a reincorporarse al trabajo, es una de las estrategias más comunes frente al descenso de la población. Polonia se ha fijado el objetivo de invertir el 0,9 % del PIB en programas para animar a las personas a tener más hijos. Pero en comparación con la cantidad invertida en campañas similares en otros lugares de Europa, puede que no sea suficiente. Alemania invierte el 3,3 % del PIB, Francia el 3,4 % y Dinamarca el 3,9 %
En 2015, se lanzó una campaña destinada a impulsar la tasa de natalidad de Dinamarca con el lema «Hazlo por mamá». La campaña, con un tono humorístico, sugería que las personas mayores que desearían ser abuelos debían enviar a sus hijos adultos de vacaciones exóticas, ofreciendo descuentos a las parejas que reservaran el viaje juntas.
La opinión del Banco Mundial sobre la inversión de los gobiernos nacionales en las llamadas políticas de apoyo a la familia es que no existe una vía sencilla hacia el éxito. «La experiencia de otros países sugiere un enfoque de tres vertientes: lograr que las personas trabajen durante más tiempo; conseguir que más personas trabajen dentro del grupo de edad laboral; y lograr que quienes trabajan lo hagan mejor, para producir más», afirma en un informe sobre el envejecimiento de la población polaca.
Sin embargo, cambiar la percepción de lo que significa ser hombre en el Japón moderno es un proceso lento. Aunque los padres tienen derecho a 52 semanas de permiso parental, en 2017 solo el 7 % lo había utilizado. El Gobierno del primer ministro Shinzo Abe se ha fijado el ambicioso objetivo de elevar esa cifra al 13 % para 2020.
Aun así, Japón todavía tiene por delante el reto de mejorar la igualdad de género. El último Informe Global sobre la Brecha de Género situó al país en el puesto 110 de 149 economías, con la participación y las oportunidades económicas como un pilar especialmente bajo en puntuación.
Si no se revierten algunas de estas tendencias, Japón se enfrenta a la perspectiva de menores ingresos fiscales y de una fuerza laboral en descenso que deberá soportar la carga de los crecientes costes sanitarios de las personas mayores.


