Es hora de sumarte a tu propia causa, sostiene la autora de Necesitas un manifiesto: cómo definir tus convicciones y ponerlas en práctica.
El «viaje interior por carretera» consiste en reflexionar sobre tu propio poder para crear y generar cambios positivos en un mundo que los necesita con urgencia.
Aquí explica cómo elaborar tu manifiesto personal.
Charlotte Burgess-Auburn es diseñadora, artista y educadora. Desde 2005 es directora de la comunidad de Stanford d.school, donde imparte clases sobre el papel del autoconocimiento en la creatividad y el diseño. También es autora de «Necesitas un manifiesto: cómo definir tus convicciones y ponerlas en práctica.»
Los manifiestos han servido para sumar personas a causas colectivas, ya sean políticas, religiosas o artísticas. Pero en esta época, en la que parece que todo el mundo intenta reclutar a los demás a cada momento del día, necesitas una forma de sumarte a tu propia causa: un método para reflexionar sobre tu propio poder para crear y generar cambios positivos en un mundo que los necesita con urgencia.
Ha llegado el momento de redefinir el manifiesto como algo personal y adaptado al presente. Entonces, ¿cómo elaboras ese manifiesto y lo pones en práctica? Prueba a emprender un viaje interior por carretera.
El viaje interior por carretera
La práctica del autoconocimiento proporciona a toda persona que crea, diseña o resuelve problemas una comprensión esencial de su propia relación con el proceso de hacer el trabajo. Conócete, y todo funcionará mejor.
En este panorama, puedes pensar en los objetivos como destinos, los valores como la gasolina que necesitas para llegar, la ética como el volante y los sesgos como caminos muy transitados y surcos en la carretera.
Conoce tus destinos
Los objetivos son destinos. El trayecto hacia ellos puede ser más bien a corto plazo, como «escribir mi libro», o a más largo plazo, como «criar a mis hijos para que sean adultos sanos, reflexivos y productivos». Son una representación conceptual de un lugar, un momento o un estado al que quieres llegar. Sin embargo, como ocurre con todo lo que se sitúa en el futuro, debemos revisar periódicamente ese rumbo en relación con el presente.
Como han dicho Andrea Small y Kelly Schmutte en su libro, Navegar la ambigüedad, orientarse consiste en prestar atención y cultivar la conciencia de dónde estás y qué está ocurriendo. Puede que tengas un destino en mente, pero hay muchas formas de llegar. Y, mientras encuentras el camino, puede que otros destinos te atraigan con más fuerza. Así que, aunque un objetivo te da dirección y estructura para el trayecto, no siempre es el punto al que acabas llegando.
Dedicar tiempo a considerar tus objetivos, tanto los que te gustaría tener como los que persigues activamente, puede ayudarte a orientarte hacia un trabajo que tenga sentido para ti. La única forma de conocer de verdad tus objetivos es mirar hacia dentro. Conócete. Rebusca para ver qué objetivos quizá ya llevas en la mochila.
Pon gasolina en el depósito
Los valores son, sencillamente, aquello que valoras en tu vida. Te ayudan a determinar qué es importante para ti, tanto a largo como a corto plazo. Algunos derivan de tus experiencias personales; otros los heredas de tu familia o cultura, y otros los adoptas como parte de tu aprendizaje. Tus valores pueden cambiar. Lo que valoras hoy quizá no lo valores dentro de diez años. (De hecho, esperemos que así sea.) Tus valores también son personales. No puedo decirte qué valores debes tener: son tuyos, no míos. Lo que sí puedo decirte es que los necesitas. ¿Por qué? Son la gasolina del depósito. Los valores te motivan. Te impulsan. Déjalos hacerlo.
Los valores importan porque están presentes en todo lo que hacemos, pero también se esconden en nuestras acciones: no siempre son evidentes ni solemos examinarlos. Al poner tus valores sobre la mesa mientras elaboras tu manifiesto, tienes la oportunidad de examinar y desarrollar tu sentido del propósito a medida que adquieres experiencia y sabiduría. Examina tus actividades cotidianas para descubrir qué valoras más allá de lo obvio. Empieza por los comportamientos, las acciones y los objetos que son importantes para ti y extrae de ellos tus valores.
¿Dónde está el volante de este vehículo?
Si los valores son el acelerador que te impulsa hacia tus objetivos, la ética se parece más a los frenos, la dirección o las líneas de la carretera. La ética consiste en las reglas y restricciones que establecemos para evitar ir por todas partes arrasando con todo lo que encontramos a nuestro paso. Sin un conjunto de normas de circulación aceptadas, puede costarte saber cómo y dónde detenerte, sobre todo cuando tu vehículo puede llevarte mucho más allá de donde es seguro llegar.
La ética son tus reglas, ya sean pautas personales para tu propio comportamiento o un conjunto colectivo de leyes que nos mantienen a todos en el camino con seguridad. Formuladas de acuerdo con tus valores y adaptadas a tus experiencias, señalan tus límites y las formas de llegar a tu destino.
Al elaborar tu manifiesto, aprovecha la oportunidad para preguntarte si incluye barreras de seguridad, frenos o límites. Si tienes clara tu ética personal, podrás reconocer mejor cuándo tú, tu organización o tu sector se dirigen en la dirección equivocada.
Los surcos de la carretera
Los sesgos son las preferencias preconcebidas que tenemos; pueden ser rutas que preferimos recorrer o surcos en la carretera. A menudo tomamos decisiones por instinto, pero es importante comprender y examinar cómo se han desarrollado nuestras preferencias. Entenderlas puede ayudarte a ver dónde debes superar límites innecesarios o injustos impuestos por las convenciones, las influencias negativas y los prejuicios sistémicos o estructurales.
Los sesgos son tendencias a favorecer o desfavorecer algo basadas en tus experiencias previas o en normas culturales. Todo el mundo tiene sesgos: son producto de un cerebro que aprende. Se forman porque el cerebro clasifica las experiencias nuevas según los conocimientos previos. Nuestro cerebro conecta ideas, personas y cosas nuevas con categorías que ha formado a partir de todas nuestras experiencias anteriores, y luego responde a ellas del mismo modo que a otras cosas de esa categoría.
Algunos de estos sesgos son muy útiles (por ejemplo, para evitar que nos pongamos delante de un vehículo que se aproxima) y otros son inofensivos (como pensar que las patatas fritas con crema agria y cebolla son mucho mejores que las de sabor barbacoa), pero algunos perjudican enormemente tanto a los demás como a nosotros. Los estereotipos que heredamos de nuestras familias, de las culturas en las que crecimos o vivimos y de los medios y la información que consumimos pueden predisponer nuestras ideas sobre nosotros mismos y otras personas según la raza, el origen cultural, la religión, el género, la orientación sexual y muchos otros aspectos. Aunque no es posible vivir sin ningún sesgo, es fundamental saber que existen, tomar conciencia de cuáles son los tuyos y sacarlos a la luz para dedicar tiempo y esfuerzo a cambiarlos cuando sea necesario. Al hacer visibles tus sesgos implícitos, puedes tomar decisiones más deliberadas.
Manos a la obra
Hablar tanto de valores, ética y objetivos puede hacer que escribir tu propio manifiesto parezca demasiado trascendental. Pero lo bueno del método que estás a punto de probar es que es flexible. No estás grabando nada en piedra. Tu primer manifiesto será un prototipo, igual que el segundo y el tercero. Libérate de cualquier obligación: no le debes nada a nadie. Confía en tu intuición. Solo hay una persona para quien tu manifiesto puede y debe ser totalmente fiel: tú, ahora mismo.
Reproducido con permiso de «Necesitas un manifiesto: cómo definir tus convicciones y ponerlas en práctica», de Charlotte Burgess-Auburn y Stanford d.school, publicado por Ten Speed Press, un sello de Penguin Random House.
«Necesitas un manifiesto» forma parte de la nueva serie de guías de Stanford d.school sobre los métodos y las mentalidades que sustentan la creatividad y el diseño.


