Investigaciones recientes demuestran que las personas que aprenden eficazmente de sus errores comparten una característica común: la humildad.
Las personas humildes ven valor en los errores y en la información que estos les proporcionan para su propio aprendizaje, lo que les da ventaja sobre los demás.
Debemos crear una actitud positiva hacia la humildad y hacia el aprendizaje de nuestros errores.
Aprender de los errores y las equivocaciones parece ser el lema de nuestro tiempo. Enfoques populares como Agile, Scrum o Lean Startup han convertido la capacidad de experimentar y aprender rápidamente de los errores en una competencia esencial para el siglo XXI. Los estudios también demuestran que las personas que aprenden de los errores son más creativas, más resilientes y muestran un mayor rendimiento en entornos laborales volátiles.
Pero aprender de los errores es más fácil de decir que de hacer. Desde la primera infancia, se nos socializa para evitar cometer equivocaciones. ¿Recuerda las anotaciones en rojo en la escuela? Muchas personas se vuelven defensivas cuando algo sale mal y evitan hablar de ello. El temor a parecer tontos o a que se les culpe por el error es demasiado grande. Como resultado, preferimos analizar los éxitos antes que los fracasos, lo que obstaculiza el aprendizaje de los errores.
Pero hay esperanza. En un trabajo de investigación que corcoauticé recientemente, mis colegas y yo descubrimos que las personas que aprenden eficazmente de sus errores comparten una característica común: la humildad. La humildad es la disposición a verse a uno mismo con precisión, a reconocer de forma manifiesta las fortalezas y contribuciones de los demás, y a estar abierto a aprender.
Pero ¿por qué las personas humildes son más eficaces para aprender de sus errores? Las personas humildes están dispuestas a verse a sí mismas con precisión y a valorar la retroalimentación. Los errores y las equivocaciones proporcionan retroalimentación sobre las propias acciones. Por eso, las personas humildes ven valor en los errores y en la información que estos les proporcionan para su propio aprendizaje. Esto les da ventaja sobre los demás.
¿Le interesa mejorar el aprendizaje de los errores en su empresa fomentando un poco más de humildad? Estos son tres consejos basados en la evidencia:
1. Crear una actitud positiva hacia la humildad
La actitud hacia la humildad es el grado en que las personas consideran la humildad como algo bueno o deseable. Si consideramos algo como bueno, es también probable que nos involucremos en comportamientos relacionados. Lamentablemente, en el lenguaje cotidiano actual, la humildad suele asociarse con aspectos negativos, como una baja autoestima o un sentido de valía inferior.
Cuestione esta visión de sentido común explicando por qué la humildad es en realidad una fortaleza de carácter o incluso una virtud. Los académicos del liderazgo han aportado pruebas convincentes de que la humildad está relacionada con el desempeño de los directores ejecutivos. Y aún hay más: la humildad del director ejecutivo se traduce en rendimiento organizativo al crear un entorno de trabajo que empodera. Por eso algunos sostienen que los líderes humildes son los mejores líderes.
¿Quiere ir aún más lejos? Los filósofos han considerado desde hace tiempo la humildad como una metavirtud fundamental para otras virtudes, como el valor, la sabiduría y el perdón. Además, la humildad se ha relacionado con el Término medio de Aristóteles, Camino del Medio del budismo, y Zhong Yong del confucianismo (Doctrina del Medio).
Así pues, parece haber razones convincentes para repensar cómo vemos la humildad.
Las personas humildes ven valor en los errores y en la información que estos les proporcionan para su propio aprendizaje. Esto les da ventaja sobre los demás.
Christoph Seckler
2. Establecer normas culturales que favorezcan los comportamientos humildes
Las normas sociales ejercen una fuerte influencia en nuestra forma de comportarnos. Las normas sociales orientan a las personas sobre los comportamientos que se esperan de ellas. Sin embargo, en muchas empresas es poco probable que la humildad figure entre las normas culturales más valoradas.
Puede fomentar normas culturales pertinentes elogiando los comportamientos asociados a la humildad. Reconozca a los empleados cuando busquen activamente la retroalimentación, incluso en una situación crítica. Honre a las personas cuando reconozcan las fortalezas de los demás. Y apoye a quienes estén deseosos de aprender cosas nuevas. De este modo, indica a los demás cuál debe ser la norma cultural.
Además, destaque a los empleados que sirvan de modelo. Por ejemplo, puede establecer un premio a los valores con el que reconozca a los empleados que demuestren humildad. Por supuesto, esto también significa que usted debe ser un modelo a seguir. Admita abiertamente cuando no sepa algo o cuando necesite ayuda, y valore las contribuciones de los demás. Más allá de modelar la humildad, se ha comprobado que frases tan sencillas empoderan a quienes le rodean.
3. Facilitar que las personas sean humildes
Las personas adoptan un comportamiento cuando perciben que les resulta fácil hacerlo. En otras palabras, cuando algo es fácil de hacer, es más probable que las personas también muestren ese comportamiento. Aunque mostrar aprecio por los demás y estar abiertos a aprender puede no ser tan difícil, verse a uno mismo con precisión puede resultar más complicado, sobre todo cuando las cosas salen mal.
Por ello, procure facilitar que las personas se vean a sí mismas con precisión. Una forma de lograrlo es proporcionar retroalimentación que sea verificable, predecible y controlable. La retroalimentación sobre aspectos que no han funcionado tan bien puede hacer que algunas personas se pongan a la defensiva, lo que obstaculiza el aprendizaje. Cuando la retroalimentación es verificable, predecible y controlable, es mucho menos probable que cruce esa línea, lo que facilita aprender de ella.
Además, puede resultar útil emplear un pequeño truco al pedir retroalimentación: en lugar de pedirla sin más, invite a sus colegas a indicar cuál es su punto ciego. La pregunta aquí es: «¿Qué saben otras personas sobre mí que yo podría no darme cuenta?». De este modo, recibirá respuestas más sinceras, lo que le ayuda a verse a sí mismo con mayor precisión.


