¿Por qué algunas personas ganan más que otras? La investigación respalda la idea de que los trabajadores con mayor nivel educativo y más experiencia tienen salarios más altos. Y los economistas suelen explicar los salarios más elevados con el argumento de que estos trabajadores son más productivos.
Pero hay más. Es bastante probable que dos trabajadores con la misma educación, experiencia, género e incluso nivel de CI sigan ganando salarios muy distintos. La personalidad también influye: cada vez hay más investigaciones que muestran cómo se relaciona con la productividad y con las diferencias salariales que hasta ahora no se habían explicado.
Por ejemplo, los estudios han demostrado que los trabajadores con mayor estabilidad emocional ganan más dinero. Pero ¿ganan más porque realmente son más productivos o por otros motivos, como tener más habilidad para negociar un salario más alto?
Hace poco realizamos un estudio que muestra que rasgos de la personalidad como la responsabilidad y el neuroticismo están significativamente relacionados con la productividad de los trabajadores. Descubrimos que las personas más responsables y emocionalmente estables eran más productivas y, por tanto, recibían más por la tarea que se les asignaba.
Realizamos un estudio experimental con 350 participantes, a quienes se les pidió sumar secuencias de números de dos cifras en un plazo de 20 minutos. Las respuestas correctas se premiaban y las incorrectas se penalizaban, de modo que los ingresos reflejaran únicamente la productividad, y no la habilidad para negociar ni la calidad del supervisor. Después, completaron un cuestionario cuidadosamente diseñado para revelar algunos de sus rasgos de personalidad.
Condiciones controladas
El estudio se llevó a cabo en condiciones controladas para descartar otros mecanismos por los que la personalidad puede afectar los salarios, como la elección de ocupación, la capacidad de negociar un aumento, la evaluación del desempeño por parte de un supervisor o incluso la forma de relacionarse con los compañeros de trabajo. Esta distinción es importante. Por ejemplo, sabemos que los trabajadores más afables ganan salarios más bajos. Pero, dado que las personas más afables tienden a ser más confiadas, empáticas y altruistas, podrían ganar menos porque negocian peor, y no porque sean realmente menos productivas.
Sin embargo, el resultado de este estudio muestra que la relación entre los ingresos y la productividad está vinculada a la personalidad. Los participantes más responsables y emocionalmente estables recibieron una remuneración más alta, al igual que los trabajadores responsables y emocionalmente estables suelen tener salarios más altos en la vida real.
Se observaron diferencias notables según el género. Las mujeres tendían a ser más neuróticas que los hombres: eran menos estables emocionalmente y tenían más ansiedad o cambios de humor. Sin embargo, lo que perjudicó el desempeño de las mujeres frente al de los hombres fue su apertura a nuevas experiencias, y no el neuroticismo. En nuestro experimento, estas mujeres, que suelen ser imaginativas, artísticas y con inclinación intelectual, obtuvieron una remuneración más baja.
Por último, las mujeres más extrovertidas también fueron menos productivas, mientras que en los hombres ocurría lo contrario. Probablemente se deba a que ser extrovertido significa cosas distintas para hombres y mujeres, y a que cada rasgo de personalidad tiene diferentes facetas. Por ejemplo, los hombres extrovertidos suelen ser más ambiciosos y asertivos, mientras que las mujeres extrovertidas tienden a ser sociables y expansivas.
La personalidad en la contratación
¿Por qué es importante saber qué hace que ciertas personalidades sean más productivas? Como muchos habremos podido comprobar, la personalidad ha cobrado cada vez más importancia en la selección de personal. De hecho, los empleadores tanto de EE. UU. como del Reino Unido suelen citar la personalidad y la actitud como dos de los factores más importantes en la contratación.
Las políticas públicas también pueden influir en la personalidad. Las intervenciones destinadas a moldear la personalidad a una edad temprana resultan cada vez más atractivas para los responsables de formular políticas. En general, los padres y los educadores pueden influir en la inteligencia y las habilidades cognitivas durante un período relativamente breve. Pero, una vez que los niños cumplen diez años, es mucho menos probable que cualquier intervención cognitiva en la escuela o en otro lugar tenga un impacto significativo.
En cambio, la personalidad puede moldearse durante un período más prolongado. Para fundamentar adecuadamente estas políticas, necesitamos entender mejor qué estamos logrando con ellas: ¿estamos creando trabajadores más productivos? ¿O simplemente mejores negociadores salariales? Conviene saber si estamos haciendo crecer el pastel o si solo lo estamos repartiendo de otra manera.
Este artículo se publica en colaboración con The Conversation. Lee el artículo original.
La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde las opiniones expresadas.
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Autoría: Ana Nuevo-Chiquero es investigadora del InstEAD en la Universidad de Sheffield. Maria Cubel es profesora de Economía en la Universidad de Barcelona. Marian Vidal-Fernandez es profesora de Economía en UNSW Australia. Santiago Sánchez-Pagés es profesor titular de Economía en la Universidad de Edimburgo.
Imagen: Los operadores bursátiles se ríen mientras trabajan en la sala de negociación de la Bolsa de Nueva York al cierre del mercado en Nueva York. REUTERS/Lucas Jackson
