A lo largo de mi carrera, he hablado en más de 1.000 eventos. Aunque no me considero una oradora de cinco estrellas, se me da bastante bien. De hecho, durante una entrevista reciente, la Financial Women’s Association me preguntó qué consejo daría a quienes aspiran a hablar en público, en 100 palabras o menos. Mi respuesta terminó superando con creces el límite de palabras, pero la pregunta me hizo pensar en todo lo que he aprendido con los años. Con esto en mente, estos son mis principales consejos para convertirse en un gran orador público:
Céntrate en el privilegio, no en el «dolor». ¿Intimida hablar delante de un grupo? Sí, pero también tienes la oportunidad de compartir con otras personas un mensaje que te apasiona, lo cual es estupendo. Ese cambio de mentalidad contribuirá enormemente a calmar tus nervios y aumentar tu confianza.
Antes de empezar a prepararte, pregunta. Habla con quien te invita sobre quiénes integrarán el público; qué mensajes clave busca; cuál es el tema de la conferencia (si vas a hablar en una sesión); cuál será el formato de la sesión (por ejemplo, una conferencia o una charla informal); cuánto durará tu presentación; cómo se gestionará la parte de preguntas y respuestas (si la hay); y cómo estará dispuesta la sala, incluidos los equipos audiovisuales, el podio, los micrófonos, etc. Cuanto más sepas, más eficaz será tu mensaje a la hora de resultar pertinente. Por ejemplo, no querrás presentarte con una presentación de PowerPoint para descubrir que la sala está preparada para una charla informal y no cuenta con equipos audiovisuales.
Prepárate, practica y luego vuelve a prepararte y practicar un poco más. Llegar preparada es la mejor manera de calmar mis nervios. No solo preparo lo que voy a decir y cómo voy a decirlo, sino que también pienso en las posibles preguntas del público y en cómo responderé. Cuando practico, mi objetivo no es memorizar las palabras, sino asegurarme de tener bien grabados en la memoria el hilo narrativo, la estructura y el mensaje clave de cada sección. Sobre todo, recuerda que, al hablar en público, menos es más: creo que la capacidad media de atención auditiva ronda los 20 minutos.
Cuida tu imagen. En cuanto «reservo» una oportunidad para hablar en público, reviso cuándo tendrá lugar en relación con las citas de peluquería, manicura y otros cuidados estéticos que ya tenía programadas. Si hace falta, cambio esas citas para proyectar una imagen segura y bien arreglada. También planifico mi atuendo con bastante antelación para tenerlo listo el gran día.
Vive el momento. Siempre llego a los eventos en los que voy a hablar en público entre 30 y 45 minutos antes. Recorro la sala para confirmar cómo está dispuesta y dedico unos momentos a conversar con el público, conocer por qué ha venido y qué espera llevarse del programa. Inevitablemente, las personas están entusiasmadas, lo que aumenta mi energía y mi ilusión. Establecer estas conexiones personales me permite hablar con el público, en vez de hablarle o dirigirme a él: así se logra un nivel de participación mucho más profundo. Después paso 10 minutos a solas para revisar mi aspecto, respirar hondo varias veces y despejar la mente de cualquier distracción, a fin de concentrarme en la tarea que me espera.
Acepta las pausas. Regular la respiración y hacer pausas para ordenar mis ideas me ayudan a controlar los nervios y a marcar el ritmo de mi intervención. Esto también ayuda a mantener la atención del público.
Olvídate de la perfección y espera lo inesperado. Por mucho que te prepares, tarde o temprano perderás el hilo de vez en cuando o pasarás por alto algunos datos o cifras mientras avanzas con tu presentación. Lo más importante es mantener la compostura y la confianza. Por ejemplo, puedes creer que vas a hablar ante un grupo de ejecutivas de mediana carrera y llegar para encontrarte con un público de personas jubiladas, en su mayoría hombres, con una edad media de 75 años (historia real). O quizá descubras que, para quien te invita, una «sala privada» es un espacio delimitado en medio de la tienda de una vinoteca (también es cierto). Tienes que sonreír, tomártelo con calma y adaptarte a la situación. A mí me ayuda a reaccionar tener un plan alternativo. Como parte de mi preparación, pienso en los distintos imprevistos que podrían descolocarme y preparo un plan de acción para afrontarlos.
Ah, ¿y cómo manejé ese memorable «cambio» de público? Empecé mi presentación diciendo: «Sé lo que están pensando: “¿Qué puede contarnos esta pollita sobre nuestro dinero?”. Bueno, esta pollita ha vivido mucho en sus 21 años y espero que puedan soportar lo que está a punto de decir».
El público soltó una sonora carcajada y capté su atención. Me ceñí a mis mensajes principales, pero ilustré los puntos clave con anécdotas más pertinentes para la etapa de la vida en la que se encontraban. Al terminar la reunión, algunos asistentes se hacían fotos conmigo y me levantaban el pulgar.
Este artículo se publica en colaboración con LinkedIn. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde estos puntos de vista.
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Autora: Linda Descano es directora general y responsable global de Contenidos y Redes Sociales en Citi.
Imagen: Una periodista solicita hacer una pregunta en el Banco Central Europeo (BCE). REUTERS/Kai Pfaffenbach.
