Un grupo de científicos tiene una nueva teoría sobre cómo surgió la humanidad, y la historia de cómo la formularon nos deja una lección a todos. Muestra cómo salir de los compartimentos profesionales e ideológicos puede dar lugar a ideas revolucionarias.
Durante años, el consenso ha sido que Homo sapiens surgió en un único lugar y de una sola población del este de África hace unos 300.000 años. Pero, según un nuevo artículo publicado en la revista Trends in Ecology and Evolution, no procedemos de un único lugar ni de una sola población del continente. En cambio, el linaje de Homo sapiens probablemente se originó en África hace al menos 500.000 años y evolucionó a partir de grupos interconectados de todo el continente hacia la morfología humana contemporánea a lo largo de decenas de miles de años.
Según los autores, este cambio lento y de gran alcance estuvo influido por transformaciones ecológicas y genéticas. Señalan que los trabajos futuros deberían reconocer el «multirregionalismo» y la complejidad de nuestros orígenes africanos.
Esta nueva y compleja visión de la evolución humana surgió de un enfoque de investigación sofisticado. Los científicos que propusieron esta teoría tienen distintas especialidades y proceden de instituciones de todo el mundo. Entre ellos hay arqueólogos, antropólogos, biólogos, genetistas, geógrafos, científicos ambientales y zoólogos.
Una vez reunido, el equipo de investigación interdisciplinario adoptó un enfoque más matizado de la evolución humana de lo habitual. En lugar de centrarse en hallazgos fósiles individuales —como la forma de los cráneos— o en herramientas concretas encontradas en un solo lugar para contar la historia de los orígenes de la humanidad, analizaron el panorama general. Los científicos reunieron datos de estudios y especialidades diversos para formular una teoría coherente sobre el surgimiento de la humanidad que tiene en cuenta los cambios ecológicos y los patrones migratorios, además de los huesos y los artefactos.
En otras palabras, para llegar a esta nueva visión de la evolución, tuvieron que salir de los límites de sus respectivos campos y colaborar. Esto es lo que hicieron para trabajar juntos y cómo puedes hacer lo mismo:
Reconoce tus puntos ciegos
«Evitar los sesgos era lo fundamental», explica a Quartz la investigadora principal Eleanor Scerri, del departamento de arqueología de la Universidad de Oxford. Cada disciplina representada en el grupo de investigación tiene una cultura particular, formas de pensar, metodologías diversas y fuentes de datos propias.
Por separado, cada disciplina había llegado a sus propias conclusiones sobre la evolución humana. Pero, en conjunto, desarrollaron una visión holística, en lugar de fragmentada, explica Scerri.
«Todos sentíamos firmemente que avanzar implicaba derribar las barreras entre disciplinas e iniciar una conversación respetuosa sobre cómo se puede construir fácilmente un sesgo circular seleccionando datos de distintas fuentes para que encajen con un relato procedente de un solo [campo]», afirma. El grupo de Scerri era consciente de que cualquier relato científico puede convertirse en dogma dentro de un campo y de que, una vez arraigado, resulta difícil cuestionarlo. Eso es problemático para el conocimiento en su conjunto. Scerri dice: «Todos queríamos hacer frente al hecho de que una inferencia del año pasado puede convertirse en la ortodoxia de este año, y a que ni siquiera nosotros estábamos necesariamente de acuerdo en todo».
Deja de lado las suposiciones
En esencia, el equipo tenía que someterlo todo a debate, incluidas las suposiciones habituales de sus respectivos campos. Era la mejor manera de resolver teorías contradictorias y desarrollar una visión coherente de los distintos hallazgos. Así que los investigadores se reunieron durante tres días y debatieron sus ideas cara a cara.
No hicieron presentaciones como en una conferencia científica tradicional. En su lugar, analizaron el trabajo y las ideas de los demás e identificaron tanto los problemas como los logros.
«Creo que un aspecto especialmente alentador de nuestro grupo es que partimos de posiciones muy distintas, pero logramos producir una visión coherente que daba cabida a las posiciones de todos. Al principio parecía un enfoque arriesgado, pero al final fue increíblemente gratificante», dice Scerri. «El ideal científico realmente prevaleció… Hubo mucha camaradería y buena voluntad, lo cual fue fantástico, pese a los desacuerdos ocasionales que algunos pudimos tener».
Elimina la jerga
Para integrar el trabajo de tantos científicos y reunir todos los hallazgos, el equipo tuvo que desarrollar un lenguaje común. «Eso suele implicar desglosar cuidadosamente la jerga y comprender al menos los principios de los distintos métodos de análisis: qué dicen los datos y qué es una inferencia —el resultado de utilizar un modelo concreto, con sus propias suposiciones y limitaciones—», explica Scerri. «Es mucho pedir, pero esta es la dirección que está tomando la investigación, sobre todo en campos como el de los orígenes humanos, donde faltan muchísimos datos».
Como a un científico le resulta difícil especializarse en más de un campo, los investigadores tienen que poner en común sus conocimientos y aprender a comunicarse entre especialidades. De lo contrario, según Scerri, es probable que las conclusiones sobre un hallazgo estén limitadas por la formación de cada persona. «La comprensión de los hallazgos suele estar influida por los modelos y paradigmas que tenemos en la cabeza, que tienden a actuar como un filtro para procesar la información nueva», dice.
Aprende a convivir con el conflicto
Reunir a personas que discrepan no siempre es fácil, pero conduce a una comprensión más profunda de conclusiones que parecen contradictorias. Como equipo, los investigadores entretejieron sus distintas teorías en un relato coherente, más convincente y capaz de dar cuenta de la complejidad. «Rara vez ocurre que una persona tenga razón y la otra esté equivocada», dice Scerri. «Las perspectivas de distintos modelos pueden ayudar a esclarecer las respuestas que buscamos… Quizá podamos decir que en la ciencia nada es del todo nuevo: todo consiste en dar pasos graduales y cambiar de perspectiva».
Con este último artículo, los científicos han hecho precisamente eso: han cambiado nuestra visión de los orígenes africanos y han echado por tierra la historia de un único lugar de nacimiento de la humanidad.
Pero no son dogmáticos con respecto al nuevo relato que han creado. «Es importante recordar que está bien equivocarse, siempre que sea por los motivos correctos. Probablemente todos nos equivocamos en cierta medida», dice Scerri. En otras palabras, al igual que los seres humanos evolucionaron de forma compleja con el paso del tiempo, también lo hace nuestra comprensión científica. Con el tiempo, sin duda surgirá un relato aún más sofisticado. A Scerri no le preocupa. «Lo importante es ampliar las fronteras, plantear preguntas y poner a prueba hipótesis, porque así es como progresa la ciencia», afirma. «Y todos contribuimos a ello: todos nos apoyamos en hombros de gigantes, ¡y todos los gigantes se equivocaron en algunas cosas!»




