Los nervios y las entrevistas van de la mano, y todo el mundo (yo incluido) los experimentará en cierta medida. Solo tenemos que aprender a controlarlos e intentar aprovecharlos.
Como reclutador experimentado, detecto los nervios a la legua y, desde mi paso por Dragon’s Den, he descubierto —por extraño que parezca— que muchas de las personas a las que entrevisto se ponen muy nerviosas al conocerme, simplemente porque me han visto unas cuantas veces en televisión. Siempre pregunto a la persona entrevistada: «¿Está nervioso/a?»; cuando admite que sí, parece sentir alivio al poder hablarlo abiertamente. Además, al hacer que se sienta cómoda, tengo más posibilidades de conocerla sin que los nervios disfracen la verdad.
¿Pienso menos de usted porque esté nervioso/a? ¡Por supuesto que no! Los nervios me muestran que le importa. El secreto de una buena entrevista está en crear un ambiente relajado y establecer esa cualidad casi mística e indefinible: la conexión. Esta debería surgir de forma natural del conocimiento que haya adquirido de antemano y de la confianza que ese conocimiento le aporta automáticamente. Pero la presión de la entrevista puede hacer que incluso las personas más experimentadas y seguras de sí mismas se derrumben, ocultando todo el buen trabajo previo.
Piénselo así: solo tiene unos 30 minutos para impresionarme y demostrar que no solo puede hacer el trabajo, sino que es la persona candidata perfecta. Por eso es importante no dejar que los nervios le dominen.
Si puede evitar ponerse demasiado nervioso/a antes de que empiece la entrevista, ya habrá recorrido la mitad del camino. En este caso, solo tiene que pensar en la CALMA.
Concéntrese en la comunicación no verbal
La entrevista empieza en cuanto cruza la puerta de la oficina. Preste atención a su comunicación no verbal: camine erguido/a, mire a los ojos, sonría, asienta y participe. Es importante causar una excelente primera impresión, y esto le ayudará a conseguirlo. Pensar conscientemente en estos aspectos no solo reforzará su confianza, sino que también me demostrará que se toma esto en serio. Nunca contrataría a alguien que no mantuviera el contacto visual conmigo durante una entrevista; ¡es psicología básica!
Haga preguntas
En cualquier entrevista hay una sola cosa de la que puede estar absolutamente seguro/a. Sea cual sea el puesto y quien sea la persona entrevistadora, siempre le preguntarán: «¿Tiene alguna pregunta?». Quienes hayan seguido mi blog sabrán que la regla de oro es decir siempre que sí. Demuestre que ha investigado; pregunte algo perspicaz, algo que le distinga del resto de candidatos. Escuche para poder responder con inteligencia y deje que se reflejen su pasión y su personalidad.
Déjese llevar
Todo el mundo se pone nervioso durante una entrevista, y no pasa absolutamente nada. Me preocuparía si no fuera así. Pero recuerde que le invitaron a esta entrevista porque tiene algo que les interesa. No se centre en lo negativo: piense en ello y muestre su confianza; le sorprenderá cuánto puede influir esto en la decisión final. Sobre todo, intente no mostrarse demasiado rígido/a y disfrute.
Haga que cuente
La entrevista ha terminado. Tiene una buena corazonada y le acompañan hasta la salida de la oficina. ¿Qué hace ahora? Siempre recuerdo a un candidato al que conocí y que me detuvo en la puerta para preguntarme: «Entonces, James, ¿qué tal lo he hecho?». Su enorme confianza le dio ventaja y lo contraté. Le sugiero que haga algo parecido. Pregúntele a la persona entrevistadora, ahora que ya le ha conocido, si hay algo que le preocupe. Este comentario es su última oportunidad para responder a cualquier inquietud que pueda tener y para explicar por qué encaja en el puesto y qué interés tiene en la empresa.
Por último, si se pone nervioso/a, no se derrumbe ni piense que ha fracasado. Tómese un momento, respire, recupere la compostura y prepárese para darlo todo. Quién sabe, quizá hasta se sorprenda a sí mismo/a.
Este artículo se publica en colaboración con LinkedIn. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde estas opiniones.
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Autor: James Caan CBE es un emprendedor en serie e inversor en personas apasionadas.
Imagen: Un recién graduado japonés, que desea ser llamado Shinji (dcha.), habla con una orientadora. JAPAN-GENERATION/ REUTERS/Yuriko Nakao
