Cómo impulsar las competencias laborales

Cómo impulsar las competencias laborales
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Una fuerza laboral altamente cualificada es un bien público, crucial no solo para la prosperidad de los propios trabajadores, sino también para la solidez de toda la economía. Y, como ocurre con la mayoría de los bienes públicos, Estados Unidos lleva décadas invirtiendo menos de lo necesario en ella, lo que deja a muchos trabajadores estadounidenses sin las competencias que necesitan para conseguir empleos bien remunerados.

Afortunadamente, hay señales de mejora. A medida que el mercado laboral estadounidense se vuelve más ajustado y un número creciente de empresas se queja de que no encuentra trabajadores cualificados, las alianzas innovadoras entre gobiernos, empleadores e instituciones educativas comienzan a cubrir el vacío.

Los gobiernos tienen la responsabilidad principal de financiar la formación de la fuerza laboral. Pero los programas eficaces requieren más que dinero: necesitan empleadores y educadores capaces de identificar las competencias necesarias, crear las estructuras para enseñarlas y conectar a los trabajadores formados con los empleos disponibles. Para alcanzar estos objetivos, los programas de formación deben seguir el ritmo de los rápidos cambios tecnológicos y de la consiguiente evolución del mercado laboral.

En resumen, la formación de la fuerza laboral requiere tanto más inversión como más innovación, mediante nuevos tipos de alianzas público-privadas, instituciones que otorguen títulos y enfoques de aprendizaje permanente y reciclaje profesional. Los enfoques innovadores pueden surgir casi en cualquier lugar, y el gobierno tiene un papel fundamental en su promoción: evaluar rigurosamente los programas, ampliar los que funcionan y retirar la financiación de los que no.

En Estados Unidos, los colegios comunitarios son el primer paso hacia un buen empleo para millones de estadounidenses. Estas instituciones son especialmente importantes para los estudiantes de entornos menos favorecidos y para los trabajadores desplazados que buscan nuevas oportunidades. En todo el país, los colegios comunitarios colaboran con empresas y experimentan con formas de ofrecer formación práctica para ocupaciones muy demandadas y satisfacer necesidades especializadas.

Reconociendo su importancia, el presidente Barack Obama ha propuesto que dos años de estudios en colegios comunitarios sean gratuitos. La propuesta beneficiaría a los aproximadamente nueve millones de estudiantes que asisten a un colegio comunitario al menos a tiempo parcial, progresan de manera constante y mantienen calificaciones aprobatorias.

Según un cálculo riguroso, los colegios comunitarios son una inversión sumamente rentable. Por cada dólar que un estudiante paga o deja de ganar para asistir a clases, sus ingresos futuros aumentan alrededor de 4,80 dólares. Para los contribuyentes, el rendimiento de la inversión a lo largo de la vida supera la proporción de seis a uno.

Los colegios comunitarios son un ejemplo clásico de cómo los estados de Estados Unidos funcionan como «laboratorios de la democracia». Obama basó su propuesta, en parte, en los programas de matrícula gratuita que pusieron en marcha Tennessee y la ciudad de Chicago. A partir del éxito del programa Tennessee Tech, también ha propuesto un fondo federal de 200 millones de dólares para ampliar los programas de colegios comunitarios en función de su eficacia, que se medirá por las alianzas con empleadores, las oportunidades de aprendizaje basado en el trabajo y las tasas de graduación y colocación laboral de los estudiantes. De manera similar, California, que cuenta con una larga tradición de excelencia en la educación superior pública, creó recientemente un fondo de 50 millones de dólares para fomentar enfoques innovadores en el sector, haciendo hincapié en las colaboraciones público-privadas que han demostrado su capacidad para proporcionar las competencias que necesitan los empleadores.

Los colegios comunitarios son solo una parte del panorama de la formación, que cambia con rapidez. El propósito de la educación superior está evolucionando. Además de la educación terciaria tradicional, las instituciones de formación ofrecen módulos específicos certificados por grupos profesionales del sector. Por ejemplo, la administración Obama colaboró con una entidad de la National Association of Manufacturers para poner en marcha un sistema de certificación de competencias de fabricación basado en normas establecidas por grupos del sector. El programa ya funciona en 163 facultades e institutos.

Numerosas colaboraciones entre el sector público, organizaciones filantrópicas sin fines de lucro y empresas están aportando innovaciones a la formación de los trabajadores. Por ejemplo, Western Governors University, una institución en línea sin fines de lucro, ofrece programas acreditados de títulos universitarios en docencia, enfermería, informática sanitaria y administración de empresas. Recibe apoyo financiero de más de 20 empresas y organizaciones filantrópicas, incluida la Gates Foundation, además de 10 millones de dólares del Departamento de Educación de Estados Unidos. El progreso no se basa en cuánto tiempo pasan los estudiantes sentados en un aula, sino en su dominio de los temas que estudian. El costo de seis meses, independientemente del número de cursos que una persona tome, es de 2.890 dólares (incluidos los libros y un mentor): una ganga en comparación con la mayoría de las universidades estatales.

El programa Nanodegree de AT&T (donde soy miembro de la junta directiva) es otro ejemplo. El programa, una colaboración entre AT&T y Udacity, un proveedor de cursos en línea con fines de lucro, ofrece cursos y minitítulos en campos especializados, como el desarrollo web front-end. El programa forma parte de la formación interna de AT&T, pero está abierto a cualquier persona con conexión de banda ancha. Un curso típico, cuyo contenido diseñan AT&T y otras empresas de alta tecnología, cuesta unos 200 dólares al mes y se completa en 6-12 meses. AT&T ofrece becas a través de instituciones asociadas sin fines de lucro y proporciona prácticas remuneradas para hasta 100 graduados.

LearnUp, una startup de San Francisco que ha atraído financiación de algunas de las mayores firmas de capital de riesgo de Silicon Valley, establece alianzas con empleadores para ofrecer módulos de formación en línea que conectan a quienes buscan empleo con puestos específicos, principalmente puestos de nivel inicial que no requieren títulos universitarios. Los empleadores pagan la cuenta con la expectativa de que LearnUp les ayude a contratar candidatos de mayor calidad. Y, de hecho, una vez que los candidatos completan la formación, LearnUp les ayuda a conseguir entrevistas con posibles empleadores, entre los que ya figuran varias grandes empresas. El sistema de colegios comunitarios de California ya colabora con LearnUp para dar a los estudiantes acceso a las competencias necesarias para cubrir los puestos disponibles en la zona.

Como ilustran estos ejemplos, aunque la formación de la fuerza laboral es un bien público, ninguna institución ni entidad gubernamental tiene todas las respuestas sobre cuál es la mejor manera de ofrecerla. La colaboración entre organismos gubernamentales, empresas y asociaciones comerciales, instituciones educativas y organizaciones sin fines de lucro puede dar lugar a estrategias eficaces que puedan ampliarse con financiación pública. Solo trabajando juntos podrán identificar las mejores fórmulas para alcanzar el éxito.

Este artículo se publica en colaboración con Project Syndicate. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde las opiniones expresadas.

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Autora: Laura Tyson, expresidenta del Consejo de Asesores Económicos del presidente de Estados Unidos, es profesora de la Haas School of Business de la Universidad de California. Lenny Mendonca es exdirector de McKinsey & Company.

Imagen: empleados de Facebook trabajan en el estudio de diseño de la sede de la empresa en Menlo Park, California

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