En EE. UU., los informes recientes sobre empleo por lo general han sido recibidos con entusiasmo y optimismo.
El desempleo sigue cayendo hasta alcanzar mínimos de los últimos 10 años y la mayoría de los economistas cree que Estados Unidos se acerca al «pleno empleo». El crecimiento salarial se mantiene en terreno positivo.
Y, sin embargo, la gente está enfadada.
Los empleos manufactureros para trabajadores manuales han desaparecido. La desigualdad de ingresos aumenta y la otrora sólida clase media se está desmoronando.
Su enfado nace de una sensación de inseguridad económica, y esa es la idea que conecta el Brexit, la toma del Partido Republicano por parte de Trump y el Frente Nacional de Le Pen.
Esta marcada desconexión resulta alarmante.
¿Cómo es posible que EE. UU. esté en pleno empleo y, aun así, albergue un descontento socioeconómico tan profundo?
La dignidad del trabajo
Un periodista de The New York Times viajó hace poco con varios camioneros para conocer su trabajo.
Los camioneros hablaron largo y tendido sobre los bajos salarios y los problemas de salud que conllevaba el trabajo. El artículo se titulaba «Solos en la carretera abierta: los camioneros se sienten «personas desechables».»
Se ha hablado mucho de la inminente devastación que la tecnología de conducción autónoma provocará entre los 3,5 millones de camioneros de EE. UU., así como de cómo estos millones de personas recién desempleadas echarán más leña al fuego populista. La preocupación está mal enfocada.
Profundizar en los datos aclara aún más esta desconexión.
Muchos tienen empleos a tiempo parcial o están subempleados en relación con su experiencia y sus competencias.
Solo el 62 % de los estadounidenses participa siquiera en el mercado laboral, y un número cada vez mayor de personas en plena edad laboral ha renunciado a buscar empleo.
El lenguaje populista de los políticos actuales confirma esta tesis. A los estadounidenses se les está «dejando atrás». Los trabajadores de la región industrial conocida como Rust Belt se han convertido en un «pueblo olvidado».
Puede que la gente tenga trabajo, pero no el que desea. A esos empleos les faltan el propósito, la estabilidad y las oportunidades de progresar que dan sentido y dignidad al trabajo.
Cualquier enfoque de este problema debería centrarse en dos cuestiones clave. La primera es crear nuevos empleos accesibles a un abanico más amplio de regiones y grupos demográficos. La segunda es ofrecer a estos trabajadores la formación necesaria para adquirir las competencias que requieren esos empleos.
Un motor para la creación de empleo
Las ciudades siempre han sido centros sólidos de progreso económico y creación de empleo gracias a las redes concentradas de talento especializado que generan.
Para los trabajadores del conocimiento, la tecnología ha debilitado este dominio geográfico.
Con la infraestructura adecuada, un especialista en marketing digital, un diseñador visual o un desarrollador de Android puede ser igual de productivo trabajando desde una cabaña en Montana que desde las oficinas de una empresa tecnológica en San Francisco.
Sin embargo, esta flexibilidad emergente para los trabajadores del conocimiento aún no ha repercutido en sectores más tradicionales, como la industria manufacturera, la sanidad y el comercio minorista.
A través de servicios como ODesk, un desarrollador de software afincado en Akron, Ohio, puede prestar sus servicios a miles de empresas de todo el mundo. No puede decirse lo mismo de las habilidades eminentemente físicas que requiere el trabajo de un profesional sanitario o de un operario de una planta automotriz.
Esta ineficiencia laboral fundamental y global es la clave del valor que las tecnologías de realidad aumentada ofrecen a las economías modernas.
Redistribuir la mano de obra cualificada
Por ejemplo, muchas clínicas tienen dificultades para contratar personal cualificado de nivel intermedio —auxiliares médicos, enfermeros y administrativos de oficina— que les ayude con el volumen cada vez mayor de documentación y papeleo necesario para operar en el sistema sanitario estadounidense.
Debido a la naturaleza de este trabajo, que depende del contexto y debe realizarse en tiempo real, los sistemas sanitarios han tenido dificultades para centralizar y estandarizar estos servicios administrativos, y han hecho recaer la mayor parte de la carga documental en los recursos más costosos y altamente cualificados de la sanidad: los médicos.
Augmedix es un ejemplo de cómo la realidad aumentada está creando miles de empleos e industrias enteras al liberar capacidad laboral desaprovechada.
Al equipar a los médicos con dispositivos ponibles de realidad aumentada, como Google Glass, para transmitir en directo el audio y el vídeo de la consulta con el paciente a un escribiente remoto altamente cualificado, Augmedix puede transferirle a este último las tres o cuatro horas diarias de documentación que, de otro modo, tendría que hacer el médico.
Al permitir que el médico ejerza al máximo de sus competencias, Augmedix reduce el coste de la atención, mejora la experiencia del paciente, disminuye los errores médicos y reduce el agotamiento profesional de los médicos.
Además, al no depender de una ubicación concreta, estos empleos de realidad aumentada ayudan a redistribuir la mano de obra cualificada desde zonas urbanas prósperas y muy concentradas hacia regiones de menor coste que necesitan más oportunidades de empleo.
Recualificación más rápida en un mundo acelerado
Además de abrir nuevas oportunidades en sectores desatendidos del mercado laboral, las tecnologías de realidad aumentada desempeñan un papel cada vez más decisivo en la recualificación de los empleados para afrontar los rápidos cambios de los mercados laborales.
Según el informe del Foro Económico Mundial El futuro del empleo, más empleadores se centran en recualificar a sus empleados —el 65 %— que en cualquier otra estrategia.
Upskill, una empresa de realidad aumentada que opera en los sectores manufacturero y de servicios de campo, utiliza tecnologías ponibles para ofrecer instrucciones paso a paso a los trabajadores industriales.
En una comparación directa publicada en Harvard Business Review, estas instrucciones en tiempo real mejoraron el desempeño de un técnico de GE en un 34 % en el primer intento.
A medida que se acelera el progreso tecnológico y la creciente especialización se convierte en la norma en todos los sectores, reducir el tiempo necesario para recualificar a los trabajadores es fundamental para mantener la competitividad de las economías industrializadas.
Qué depara el futuro a la realidad aumentada y el empleo
El empleo de calidad sigue siendo la piedra angular de la estabilidad económica y política, y es necesario centrarse en garantizar que haya empleo y que este tenga sentido.
Esto significa que las empresas y los gobiernos deben centrarse no solo en las tasas de empleo, sino también en los indicadores que miden la calidad de los puestos creados: trabajo a tiempo parcial, alta rotación laboral, empleo por contrato y estancamiento del crecimiento salarial, por citar algunos.
Soluciones como Augmedix y Upskill pueden abrir oportunidades y mejorar las perspectivas de los trabajadores subempleados en regiones de bajo crecimiento.
Sobre todo, las empresas y los gobiernos deben reconocer que, en lo que respecta al futuro del trabajo, la tecnología es un arma de doble filo.
La tecnología puede eliminar industrias enteras mediante la robótica y la automatización, y eso debe preocuparnos.
Pero también sigue siendo un catalizador para crear industrias y oportunidades completamente nuevas, además de permitir que la economía corrija ineficiencias del mercado y genere oportunidades beneficiosas tanto para empleadores como para empleados.
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