La procrastinación afecta a todo el mundo. Suele apoderarse de la mayoría cuando está cansada o aburrida, pero para algunas personas puede convertirse en una adicción en toda regla. Se pasan el día evitando el trabajo que tienen justo delante y luego vuelven a casa para trabajar hasta bien entrada la noche, tratando frenéticamente de terminar lo que podrían haber completado fácilmente antes de cenar.
«La procrastinación es la ladrona del tiempo: atrápala». —Charles Dickens
Con las fiestas a la vuelta de la esquina, llega la temporada alta de la procrastinación. Resulta aún más difícil trabajar cuando estás atrapado en la oficina, deseando pasar tiempo con la familia y los amigos.
Aun así, el ciclo de la procrastinación puede volverse incapacitante en cualquier época del año, lo cual es preocupante, porque estudios recientes muestran que la procrastinación aumenta el estrés, reduce el rendimiento y perjudica la salud.
Psicólogos de la Universidad Case Western Reserve realizaron un interesante experimento en el que ofrecieron a estudiantes universitarios un intervalo de fechas, en lugar de una fecha límite única, para entregar sus trabajos. Los investigadores registraron cuándo los estudiantes entregaban sus trabajos y lo compararon con sus niveles de estrés y su estado general de salud. Quienes esperaron hasta el último momento para entregar sus trabajos tenían más estrés y más problemas de salud que los demás. También obtuvieron peores notas en sus trabajos y en la asignatura en general que quienes los entregaron antes.
Un estudio publicado a principios de este año por la Universidad Bishop’s examinó el vínculo entre la procrastinación crónica y los problemas de salud relacionados con el estrés. Los investigadores encontraron una fuerte relación entre la procrastinación, la hipertensión y las enfermedades cardíacas, ya que quienes procrastinan experimentaban más estrés y tendían más a posponer actividades saludables, como llevar una dieta adecuada y hacer ejercicio.
La procrastinación se alimenta de excusas. No podemos esperar superarla y mejorar nuestra salud y productividad hasta que logremos vencer los hábitos mentales negativos que nos llevan a procrastinar desde el principio.
A continuación presentamos las excusas más preocupantes que usamos para procrastinar. Son preocupantes porque son las más difíciles de vencer. Para cada una, propongo estrategias preventivas para que puedas superar la procrastinación y ser productivo, incluso cuando no tengas ganas de trabajar.
«No sé por dónde empezar».
Paradójicamente, a menudo nos quedamos paralizados, como un ciervo ante los faros de un coche, cuando nos enfrentamos a una tarea difícil. Y, al igual que los ciervos, lo mejor que podemos hacer es movernos rápidamente en cualquier dirección. Cuando una tarea es especialmente difícil, necesitas todo el tiempo disponible para completarla. No tiene sentido desperdiciar un tiempo valioso dejando que la complejidad de la tarea te abrume.
La clave está en no dejar que el miedo al conjunto te impida abordar sus partes. Cuando algo parezca demasiado difícil, simplemente divídelo en partes. ¿Qué puedes lograr en 60 minutos que te ayude a vencer a la bestia? Y después, ¿qué puedes hacer en otros 60 minutos?
Dividir la tarea en períodos más cortos —en los que el esfuerzo está garantizado— te permite salir de ese estado mental de «ciervo ante los faros». Antes de que te des cuenta, ya habrás logrado algo, y la tarea habrá pasado de parecer demasiado difícil a ser totalmente realizable. Cuando se trata de tareas difíciles, la inacción es el enemigo.
«Hay demasiadas distracciones».
Para la mayoría, empezar un proyecto grande es todo un reto. Tropezamos con todo tipo de tareas menores e irrelevantes que nos distraen de la verdadera labor. Respondemos correos electrónicos, hacemos llamadas, consultamos las noticias en internet… cualquier cosa con tal de evitar el elefante en la habitación.
Estar ocupado no es lo mismo que ser productivo. Si te descubres evitando una tarea especialmente importante, detente y visualiza qué ocurrirá si sigues posponiéndola. Las distracciones te adormecen al desviar tu atención de esas consecuencias (es decir, de la realidad). Recordarte qué ocurrirá si sigues procrastinando es una excelente manera de restarles atractivo a las distracciones para que puedas concentrarte en tu trabajo.
«Es demasiado fácil».
Las tareas demasiado fáciles pueden ser sorprendentemente peligrosas, porque al posponerlas es fácil subestimar cuánto tiempo llevará completarlas. Cuando por fin te sientas a trabajar en ellas, descubres que no te has reservado suficiente tiempo para terminar la tarea (o, al menos, para hacerla bien).
Si una tarea es demasiado fácil, relaciónala con el panorama general, porque esas conexiones convierten las tareas rutinarias en una parte fundamental (y que hay que hacer ahora) de tu trabajo. Por ejemplo, puede que detestes introducir datos, pero cuando piensas en el papel que desempeñan en los objetivos estratégicos de tu departamento, la tarea cobra sentido. Cuando las cosas pequeñas y aparentemente insignificantes no se hacen, o se hacen mal, sus efectos se propagan muy lejos.
«No me gusta».
La procrastinación no siempre se debe a que una tarea sea demasiado fácil o demasiado difícil. A veces, simplemente no quieres hacerla. Puede costar mucho ponerse manos a la obra con una tarea que no te interesa, y más aún si la detestas.
Por desgracia, no hay una fórmula infalible para enseñarte a encontrar algo interesante, porque hay cosas que nunca captarán tu atención. En lugar de relegar estas tareas, establece como regla que no puedes tocar ningún otro proyecto o tarea hasta terminar la temida. Así te obligas a «comerte las verduras antes de poder tomar el postre».
Cuando te pongas manos a la obra, siempre puedes convertir la tarea en un juego. ¿Cómo puedes completarla de forma más eficiente? ¿Cómo puedes cambiar los pasos del proceso y obtener el mismo resultado? Abordar con atención plena una tarea temida te da una nueva perspectiva. Puede que la tarea en sí no sea divertida, pero el juego sí.
«No creo que pueda hacerlo».
Tu supervisor te asigna un proyecto nuevo. De hecho, es uno que llevas tiempo deseando que te encargue. Sin embargo, ahora que lo tienes entre manos, sencillamente no consigues empezar. No puedes dejar de pensar en el fracaso. ¿Qué pasará si meto la pata? ¿Cómo voy a hacerlo? ¿Podrían despedirme por esto? Puede llegar un punto en que evitar el fracaso parezca la mejor opción posible. Al fin y al cabo, si nunca te embarcas en un proyecto, nunca fracasarás. ¿Verdad?
Falso. La procrastinación en sí misma es un fracaso: el de no aprovechar tus talentos y capacidades innatos. Cuando procrastinas, dejas de creer en ti.
¿Recuerdas cuando aprendías a conducir y solo podías mirar hacia delante porque, si mirabas algo al borde de la carretera, girabas el volante inconscientemente en esa dirección? Preocuparte por todo lo que podría salir mal si fracasas tiene el mismo efecto. Te empuja hacia el fracaso.
Debes orientar tu mente con confianza y centrarte en todas las cosas positivas que ocurrirán cuando tengas éxito. Cuando crees que puedes hacer algo —y visualizas las cosas positivas que se derivarán de hacerlo bien—, te preparas para triunfar. Este proceso mental encamina tu mente en la dirección correcta. Preocuparte por todo lo que podría salir mal solo te ata las manos. ¡Rompe las cadenas y ponte manos a la obra!
En resumen
Combatir la procrastinación nos enseña a implicarnos plenamente en nuestro trabajo, a ser más creativos y, en última instancia, a hacer más.
SOBRE EL AUTOR:
El Dr. Travis Bradberry es el galardonado coautor del libro superventas número uno, Emotional Intelligence 2.0, y cofundador de TalentSmart, el proveedor líder mundial de pruebas de inteligencia emocional y formación, que presta servicios a más del 75 % de las empresas de Fortune 500. Sus libros superventas se han traducido a 25 idiomas y están disponibles en más de 150 países. El Dr. Bradberry ha escrito para estos medios, o ha aparecido en ellos: Newsweek, TIME, BusinessWeek, Fortune, Forbes, Fast Company, Inc., USA Today, The Wall Street Journal, The Washington Post y The Harvard Business Review.
